Las pandemias y sus clases

Sin duda la salida del Reino Unido de la Unión es una consecuencia directa de la pandemia de gilipollez que atraviesa el mundo. Claro, no lo digo porque estar o no en la UE sea o no una gilipollez (de eso cada uno opinará), sino porque el referéndum que dio origen al Brexit fue directa consecuencia de ella. Ahí están las hemerotecas para señalar cómo un hombrecillo que no era de Estado, visiblemente contagiado del mal, consintió en universalizar un conflicto que, en realidad, era suyo propio con su propio partido político.

Sobre la pandemia del populismo ya se ha hablado casi todo lo que había que hablar: de los populismos de izquierdas, de los de derechas, de los mediopensionistas y de los que arrasan con himnos y banderas a los estados que, otrora, se intentaban construir como espacios de convivencia, tolerancia e igualdad.

Otra de las importantes, la pandemia del machismo, lleva ya sus cadáveres también (siete si no estoy equivocado en este año en España, ocho si se confirma como tal el acaecido ayer en San Juan de Aznalfarache). Se cura con antídotos nada fáciles de conseguir en los laboratorios: se sintetizan muy lentamente en las escuelas que no aplican el veto parental.

Para centrar inequívocamente los términos en los que se escribe esta reflexión, señalaré que se llama epidemia a la enfermedad que se viraliza dentro de los confines de un país, mientras que definimos como pandemia a aquella que trasciende sus fronteras y ataca a personas de más de un estado. Nótese que en la actualidad es muy difícil hablar de países, estados o naciones sin herir la sensibilidad de alguien pero, como esto de las enfermedades es ajeno a la conformación política de los territorios, me permitiré dejarlo como está.

Toca ahora hacer la distinción entre los diferentes tipos de pandemias e intentar averiguar por qué la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera alarmantes, declarando la correspondiente alerta, a unas sí y a otras no.

Parce que, a todas luces, la más mortífera que asola el universo mundo es el hambre. El hambre mata un huevo. Mata muchísimo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) 821 millones de personas pasan hambre en el mundo. De ellas 150 millones son niños y niñas que ya sufren retraso del crecimiento. Por seguir con los niños, que dan como más penita, solo en Yemen muere uno cada diez minutos. En el mundo 8.500 al día. Eso son seis niños o niñas en el minuto que usted dedica a leer estas notas. Dentro de un minuto seis más.

La siguiente, seguramente es la sed. La sed es una enfermedad que se cura con agua (del mismo modo que el hambre se cura con comida). El agua aparentemente es barata, al menos el recibo que usted paga por su consumo es irrisorio si lo compara con el que paga por el seguro del coche. Sin embargo, la ausencia de agua mata. Las sequías registradas en los últimos años han provocado más desplazamientos humanos que las guerras. Según la ONU, 260.000 afganos se vieron obligados a abandonar sus hogares durante 2018 por esta causa. Es solo un ejemplo, pero es significativo.

Hay otras pandemias cuya curación requiere de elementos mucho más elaborados: medicamentos. Pongamos por caso el dengue. Más de 1.500 muertos en América Latina en tan solo trece meses y la cifra de afectados roza el millón cuatrocientos mil. Colombia, Bolivia, Guatemala, El Salvador, Panamá, Paraguay, Perú, Brasil… no cabe duda. Es pandemia.

Sobre el paludismo (malaria), los datos son sobrecogedores: 2018, más de 400.000 muertes en 228 millones de casos, nueve de cada diez de ellas entre Nigeria, República Democrática del Congo, Uganda, Costa de Marfil, Mozambique y Níger.

De esta forma, ya podemos identificar un primer tipo concreto de pandemia, que podríamos clasificar como aquella que se produce donde solo (o mayoritariamente) viven (y mueren) pobres.

Avanzando en la tipología podríamos extraer un segundo nivel: las que se producen y tienen su origen donde solo (o mayoritariamente) viven (y mueren) pobres, pero que por un error humano o de la naturaleza alcanzan a países donde mayoritariamente vivimos los ricos.

¡Esas sí que no! ¡Alerta internacional!

El ébola causó una espectacular alarma y determinó la declaración de alerta mundial, no cuando mataba en el África negra, esto era normal, sino cuando se trasladó a Occidente por alguna imprudencia imperdonable allá por el 2014. En España no mató (más que a un cura que ya venía enfermo y para cuya repatriación se gastó tanto dinero como habrían costado miles de horas de investigación), pero la enorme cobertura mediática propició que todos siguiéramos con alborozo la cuasi milagrosa curación de una auxiliar de enfermería que se contagió de la enfermedad. En África las cifras siguen siendo espeluznantes, pero la alerta internacional ha cesado.

IMG-20200201-WA0015Alerta mundial sanitaria ha provocado la imparable crecida del coronavirus. Anteayer, al declararse la alerta, se habían detectado ya casi 6.000 casos y había provocado la muerte de 2,2% de los afectados, todos ellos (según se lee, pues los datos son aún poco precisos) aquejados de patologías preexistentes.

Para hacer números y tratar de comprender la magnitud del problema, conviene recordar los datos de la gripe común que, en la temporada 2017/2018 en España, afectó a casi 800.000 personas, 50.000 de las cuales fueron diagnosticadas graves y, de ellas, fallecieron 15.000.

Ahora no sé bien bien, si es gripe española con denominación de origen y, por tanto, epidemia y no pandemia, o es que al ser de la tercera categoría, que ahora nos aparece, no genera alarma alguna: tercera categoría, la que se guisa y se come en el propio contexto de los países en los que vivimos mayoritariamente ricos que, como la ropa sucia, se lava en casa.

Así que ya tenemos las pandemias categorizadas para este domingo; a saber:

Las que solo matan pobres, que esas lo mismo dan.

Las que matan blancos pero se producen en su propio contexto socioeconómico (Occidente), que alertan solo en según qué casos y no salen en los noticiarios.

Las que matan blancos pero se producen allí dónde solo (o mayoritariamente) viven pobres, que esas sí que no estamos dispuestos a consentirlas.

Queda por ubicar una más, pero no sé dónde hacerlo: la de la gilipollez humana, esa de la que tanto me resisto a contagiarme (si no estuviera contagiado ya).

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

6 respuestas a “Las pandemias y sus clases

  1. epidemia es lo tipico, pandemia es mas grave bastante mas, no soy muy experto en esta materia, pero aunque me imagino que nó a veces pienso que cada dos por tres nos sale una pandemia nueva ¿sera causada por el hombre ya sea por errores en la investigacion ?
    por que espero que no se provoque adrede, y las pandemias que no deberian ser tan tragicas si los que mandan decidieran tratar de evitar tanta muerte en los paises pobres, con la cantidad de dinero que tiramos los paise ricos en gilipolleces seguro que con un porcentaje minimo se podria mitigar esas pandemias, control de la natalidad, educacion, medicamentos, agua, sanidad, no lo veo tan dificil si las grandes potencias se lo propusieran tendria solucion, si el hombre es capaz de construir un hospital de 800 camas en quince dias, seria mucho mas facil si se intentara paliar todo tipo de pandemias, pero de donde salen las pandemias esta claro de los ricos de africa no, ni de los de china tampoco.

    la pandemia de la gilipollez no tiene cura, la de los maltratadores , pedofilios y violadores de niños si, yo se una.

    buen domingo de niebla.

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    1. Algunas se han debido provocar… no tengo dudas sobre eso.

      Pero muchas se pueden evitar… de eso tampoco tengo dudas.

      Nosotros, en lugar de evitarlas, nos ponemos a cerrar nuestras fronteras para que no pasen a comerse nuestra nuestra comida ni a beberse nuestra agua… ¡Y claro que sabríamos erradicarlas!

      Extraño reparto este del mundo. Eso sí, nos viene de puta madre.

      Y, no, la pandemia de la gilipollez tampoco parece tener cura, ni la de la pedofilia, ni la del machismo… Esa es otra que también hemos provocado nosotros. Y que también nos interesa mucho conservar a según quienes.

      Un abrazo, Juan Carlos. Gracias por estar por aquí siempre.

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  2. Ufff… Lo de la gilipollez no lo veo fácil de solucionar…, y, las otras tampoco. ¿Con que si no van a entretenernos?. No pretendo frivolizar, hay personas que mueren, muchas, de hambre, de sed, de évola, de gripe…., lamentablemente ninguna de gilipollez.
    No, no soy yo quien frivoliza, son aquellos que nos venden la información como un espectáculo, como un consumible más, los muertos son números y son sólo tramoya en una función que sólo sirve para que nos sintamos cada vez mejor por habernos conocido.
    Bueno, somos el primer mundo, todo está a nuestro servicio ¿o no?

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    1. A nuestro servicio y a nuestro favor, sí. Tal como dices.

      Este circo mediático nos sirve para estar encantados de habernos conocido y, de paso, para generar un poquitín de prevención más hacia lo que ya sabemos odiar tan bien. ¡Qué cosas nos cuentan! y ¡cuántas no nos cuentan! y ¡qué bien nos las creemos, joder!

      A lo mejor ni siquiera nos lo creemos del todo, pero es tan cómodo estar aquí instalados que, ¿para qué plantearnos otra forma de estar en el mundo?

      En fin, pandemias y pandemias. Lástima que unas maten tanto y lástima que erradicar las otras esté en manos de tan pocos… esos que tan bien saben ‘velar’ por nosotros.

      Un abrazo, José Ricardo. Gracias por aportarnos siempre.

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  3. Una vez superada la borrasca Gloria era preciso rastrear nuevas emergencias para mantener a la parte más acomodada del planeta en ese sinvivir que tan buenos réditos da a las empresas de comunicación. Tocaba ya la consabida alarma sanitaria, que las farmacéuticas tienen mucho peso en la economía mundial pero nunca les es suficiente. Y mira qué bien este coronavirus con sede en China (y franquicias donde se tercie), potencia comunista-capitalista que atesora lo peor de ambas corrientes.
    No sé hasta qué nivel somos gilipollas… Pero, sin duda, por tales nos tienen.

    (Hoy, día primaveral. El pobre almendro del jardín está a punto de florecer sin saber que, como luego llegue una helada, pocas almendras serán comibles).

    A reventar de salud, que decimos por mis lares.

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    1. En efecto, por tales nos tienen. Y como bien dice mi madre, que es una mujer sabia, el que de algo tiene pinta, por lo menos medio es…

      Las farmacéuticas (el caso de la gripe A hay que tenerlo siempre presente) dosifican bien sus fuerzas cada año y negocian bien con los países el precio de lo que venden. Hoy leía de una que ha elaborado un remedio para una enfermedad infantil rara, que vende por dos millones de dólares y ha decidido sortear un par de tratamientos gratis para aquellos a quien Dios no ha ayudado, pero la fortuna les puede salvar la vida.

      Cosas veredes… Cosas veremos.

      El almendro de tu jardín, al final, tiene suerte. Si viene una helada te dejará sin frutos, pero te habrá enseñado todo su esplendor hasta que llegue. Se encontrará bien.

      De todas formas… ¿no irá siendo ya hora de que alguien se de cuenta de que no todos padecemos la enfermedad? ¿de que no todos somos absolutamente gilipollas?

      Gracias, amigo. Muy oportuna tu observación, como siempre.

      Un abrazo.

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