El rey blindado

La Constitución Española de 1978 encierra un par de contradicciones palmarias en torno a la igualdad de las personas y ambas tienen que ver con el trato que dispensa a la Corona.

La primera es la preferencia del varón a la mujer en la sucesión al trono (¿por qué don Felipe y no doña Elena? Ambos son altos y guapos, los dos hablan inglés, los dos tenían acceso a la mejor educación que un Estado pueda proporcionar a un heredero y ninguno de ellos precisaba de otro merecimiento para ocupar la plaza). La otra, la segunda, trasgrediendo también  el principio aparentemente sagrado de la igualdad de todos ante la ley, es la condición de irresponsable que otorga al monarca.

(Anotación: la condición de irresponsable de Juan Carlos I está fuera de toda duda. La acepción jurídico-constitucional, sin embargo, no se refiere a que sea un bala perdida, sino a que no tiene que responder por sus actos, esto es, que carece de responsabilidad por ellos, sean estos cuales fueren).

El artículo 53.3, textualmente dice: ‘La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo (…)’.

20200712_012401Mucho se ha escrito por personas infinitamente más solventes que yo mismo sobre si esa irresponsabilidad debe alcanzar a todo acto del monarca o únicamente a aquellos que requieren de refrendo para su validez, es decir, si el debatido punto tercero del artículo 53, habilita al monarca para tener hijos y no reconocerlos, cobrar comisiones ilegales, ocultar su fortuna en cuentas opacas al Fisco o atropellar peatones impunemente con alguno de los lujosísimos vehículos del parque móvil de la Casa Real.

Y el problema parece que está aquí.

Porque todo eso no le quita ni le pone nada al rey emérito, que viene dando cuenta de su catadura moral desde hace muchísimo tiempo y al que un pacto no escrito ha mantenido fuera del foco mediático nacional durante cuatro décadas (digo nacional porque la prensa extranjera ya venía dando cumplida cuenta de los dislates regios). Tampoco le quita ni le pone nada al Rey que reina, cuya firma ha aparecido, según cuentan, estampada en algún documento de moralidad más que discutible en fechas en las que, por cierto, no estaba aún investido de la inviolabilidad que hoy le protege.

Todo esto, decía, no da noticia de otra cosa que de la senectud de nuestra Constitución. Está mayor. Muy mayor. Vetusta. Anciana.

Que el rey emérito o el Rey que reina sean o no unos corruptos no debe escandalizar a nadie: si el poder corrompe, el poder ‘inviolable’ debe corromper la hostia. Lo arcaico de la institución produce arcaísmos: tampoco esto nos conmueve.

Lo que sí deberíamos empezar a plantearnos ya (mejor cuanto antes) es cómo quitarnos de encima esta barbaridad.

Hacer sangre ahora de la conducta incalificable de Juan Carlos I y mandarlo a las Antillas a un país sin tratado de extradición (por lo que pudiera pasar), o pasear a Felipe VI por toda la geografía nacional montado en un coche que vale medio millón, no nos va a sacar de esta. La discusión de los servicios prestados a España (si es que hubo alguno) y de si lo uno compensa lo otro, es tan estéril como irrelevante: conduce a la melancolía.

Pero atención, porque los pueblos, al final, tienen los gobiernos que se merecen (José de Maistre), y por mucho que hablemos, discutamos, cacareemos, el Rey es rey y el Rey es inviolable. Así lo manda la Constitución Española de 1978.

¿La reformamos?

Podríamos estar pensando en el establecimiento de la tercera república española, o podríamos estar pensando en algo más sencillo: regular con más acierto y menos privilegios una institución de por sí difícil de encajar en un ordenamiento diseñado para regir los destinos de un pueblo en el siglo XXI; pero ambas opciones pasan por tocar algo que, hasta el momento, ha parecido intocable.

Verá:

El artículo 168 de la Norma impone un complejísimo procedimiento para la modificación, precisamente, del Título en el que regula la Corona (el Título II). Es el mismo procedimiento que articula para modificar el Título Preliminar (en el que se define entre otras cosas la forma política del Estado) y la Sección en la que se contemplan los derechos y deberes de los ciudadanos.

El resto de la Norma se puede modificar a través de un proceso mucho más sencillo, aunque también más alambicado que la mera aprobación o modificación de cualquier otra ley, sea ordinaria u orgánica.

Cuarenta años de perspectiva dan para analizar el porqué de que aquellas Cortes blindaran de una forma tan extraordinaria la figura del jefe del Estado. En qué confiaban, en qué no, y cuáles eran sus miedos en un momento en el que la estabilidad política del país estaba cogida con pinzas, el ruido de sables reinaba en los cuarteles, la Iglesia (más poderosa aún entonces que ahora) estaba dispuesta a excomulgar por comunista a todo el que levantara el puño y los poderes económicos se aferraban a las bicocas que el régimen franquista, el Régimen, les había proporcionado.

La modificación del Título II (este que regula la Corona como Jefatura del Estado) o del Título Preliminar (en el que se establece la Monarquía parlamentaria como la forma política del Estado español) obliga a la aprobación de la iniciativa (la sola intención) por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes. Después, las cámaras elegidas deben ratificar la decisión y redactar el nuevo texto constitucional. Este nuevo texto tiene que ser aprobado también por mayoría de dos tercios tanto en el Congreso como en el Senado y, aprobada la reforma, ha de ser sometida a referéndum para su ratificación.

Ahora piense en Casado, en Abascal, en Sánchez, en Iglesias, en Arrimadas, en Rufián, imagine qué clase de acuerdo sería posible alcanzar entre ellos y vuelva a hacerse la pregunta:

¿La reformamos?

Añada a la ecuación el hecho de que la tercera fuerza política de nuestro Parlamento (ocupando legítimamente 52 de los 350 escaños), ni siquiera respeta los postulados más elementales de la democracia y se ha posicionado abiertamente a favor de un golpe de estado. Vuelva a preguntarse.

¿La reformamos?

Hablemos de lo que importa. No importa el nivel de corrupción que puede alcanzar alguien que no tiene la obligación de responder por sus actos. Importa entender por qué hemos consentido que eso haya sido así y que un anacronismo como ese siga en vigor en un país que pretende ser una democracia avanzada y en muchísimos aspectos lo es. Importa decidir cómo terminar con semejante barbaridad.

Lo otro es dar por buena la sentencia de José de Maistre (aquello de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen), en la versión actualizada del francés André Malraux: es dar por bueno que ‘las gentes tienen los gobernantes que se les parecen’.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

8 respuestas a “El rey blindado

  1. Si mucho ruido , mucha noticia pero que le quiten lo bailao, lo siento me he equivocado no lo volvere hacer, coño claro ahora que ya esta mustio, ¿reformar la constitucion ? pues no se si es el mejor momento, por que si los que lo tienen que decidir son los que nos estan gobernando, la decision de algunos de ellos seria muy perjudical.

    ¿ Necesitamos la monarquia? pues yo no lo se, siempre he pensado que no, pero posiblemente este equivocado, me parece un objeto en el mueble bar, sin uso, pero estare equivocado seguro.
    Pero la cuestion es que este señor ha sido la ostia solo un momento de tension en su vida, y el resto no te cuento, yo tambien me llamo Juan Carlos, pero no he tenido esa suerte o quizas si, tiene que ser muy agotador esa vida de ajetreo de cacerias y fiestas de todo tipo, agenda de contactos femeninos, claro antiguamente existia el derecho de pernada, ahora es mas fino, se dice amigas.

    Buen domingo y rezaremos en la misa de una por este señor.

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    1. jajajajajajajaja

      La cosa es que no siendo Misa Mayor, le vas a tener que encargar los rezos a un tercero, porque no te veo esta mañana dándote golpes de pecho…

      No. No necesitamos una monarquía.

      Siempre me ha acojonado pensar en unas elecciones a jefe del Estado (presidente de la III República Española… suena tan bien….), porque ¿y si sale Aznar? ¡Se me abren las carnes!

      Pero incluso eso sería mejor que soportar a esta familia que, ya de suyo, viene contando con todos los atributos que pueden hacer deleznable a un ser humano (la Historia es la Historia y les precede).

      Y no: Moraleda, García, Gómez, no es Borbón. No. Ni se parece. Así que aunque seas tocayo no vas a tener la puta suerte de vivir como un rey. No.

      A seguir trabajando… no valemos para otra cosa.

      FUERTE ABRAZO. ¡¡GRACIAS!!

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  2. Te ha salido un artículo constitucionalmente técnico. Todo para llegar a la conclusión de que esto es como un lío que vi una vez; alguien metió en una lavadora 20 zapatillas de deporte con los cordones puestos, imagina el nudo, pues así estamos. Yo creo que la monarquía se ha hecho el harakiri, pero aún así saldrá adelante, tenemos al cuñado del rey en la cárcel, nada puede salir mal.
    Y el rey que ha heredado, sin heredar, el solito se ha puesto en evidencia. Cuando se entera del pastel va a un notario y renuncia a lo que no existe y se queda con lo que sí ha heredado ya, la corona. Y no lo ha heredado por la Constitución, lo ha heredado porque le parió su madre y estaba casada con su padre. Un “picha brava” que a saber lo que ha dejado regado.
    Si miras a Fernando VII y Froilán dices..¡¡viva la genética y la endogamia real!!.
    Que diría el notario, suelen informar que las aceptaciones y renuncias se hacen a beneficio de inventario. Y lo mas importante se hace post morten. Ya eso de callarse un año entero y soltar la “gracia” en la declaración del confinamiento es el remate.

    Y mencionando a Fernando VII, desde entonces venimos dando los mismos tumbos sin solución de continuidad.
    Y lo de la prensa ya..
    Como te ha falrado un pequeño toque de humor “El País” ha estado listo y ha sacado una editorial para partirse de risa.
    Cuando saltó esto al dia siguiente en la Ser se limitaron a leer titulares, al día siguiente un tertuliano despistado dijo justo lo contrario de lo que dice la editorial del Pais, decir la verdad, cosas del verano imagino.

    A disfrutar lo que queda de domingo.
    Menos mal que hay fútbol en sesión continua. Que pena los que preferimos leer.
    Abrazos

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    1. La clave está en la cosa de las herencias.

      Ya he escrito en alguna ocasión (lamento repertirme) que se heredan los apartamentos de la playa, no los estados, ni los privilegios sobre los pueblos, como este de poder delinquir contra su Hacienda Pública sin que nadie te pueda tocar un pelo.

      ¿Crees que Felipe VI fue al notario cuando se enteró del tema? El tema, creo yo se fraguó también con la anuencia del entonces príncipe. La extraña fundación testaferraria lleva su firma… en fin…

      De verdad que no me preocupa comprobar que el poder corrompe hasta ese punto. Lo que me preocupa es el lío de los 20 pares de botas (de cojones) y la práctica seguridad de que en España no hay altura política para resolverlo.

      Muchas gracias, amigo.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Lo del notario lo decía en clave de ironía. Visto lo visto con las cláusulas suelo y la renuncia a reclamaciones con los palos que les pega los tribunales europeos a nuestros tribunales superiores, habría que decirles a los notarios vds “pa que sirven” solo para cobrar. Igual que no informaban en las cláusulas suelo, parece que al monarca tampoco le dijo: est no sirve para nada.
    Por motivos de trabajo vi al actual monarca heredado en dos situaciones: (1992) aliviandose en un seto, no viene a cuento pero es gracioso, otra es sacando dinero de un cajero. Dinero de la paga de papá, eso si me parece muy relevante, cuando vives en una casa, aunque sea real, si tienes ojos y orejas sueles enterarte de todo, sobre todo si eres el heredero.
    Aparte de como tu muy bien apuntas ese: firma aquí, no se sostiene.
    Creo que quien mejor manda es quién antes ha obedecido mucho y lo ha hecho lealmente, es decir diciendo lo que está mal, aún a riesgo de que quien manda le de una patada.
    Los reyes no disponen de esa experiencia, se ponen uniformes militares cuajados de medallas que no se sabe en que guerras han ganado.
    Nò, la monarquía no es la mejor preparada para ejercer poder. Efectivamente el poder corrompe y cuando eres plenipotenciario, me encanta esa palabra tan franquista, y es continuo en el tiempo la corrupción te cubre si o si y quién intente convencerse o convencer de lo contrario simplemente es tonto.
    Abrazos.

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    1. Cabría pensar, en los tiempos que corren, que no se puede predicar la ‘irresponsabilidad’ de ningún ciudadano, por coronada que tenga la testa.

      Se comprende esa inviolabilidad por aquellos actos que tienen que ver con el ejercicio de sus responsabilidades como monarca, pero ¿extenderlas a los actos que realiza como persona humana, comisiones, fundaciones, cuentas secretas… No estamos en este momento de la Historia.

      ¿Qué notario le dice a un rey: majestad, eso es trampa…?

      Pues esa es la trampa.

      Otro abrazo, amigo. Otra vez gracias…

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  4. Ayer no me vi capaz!!! Arranque bien tu artículo, vaya, con ilusión y de repente, el afrontamiento, en democracia, de las dos grandes contradicciones de una monarquía en un país que pretende ser moderno, en pleno SXXI.
    Y surge la primera pregunta ¿porque no Elena en lugar de Felipe?…..¿Elena?. Aún estoy postrado.
    Marichalar en el papel de Leticia y Florián en el de futurible.
    No hacia falta seguir, no hacia falta set constitucionalista…, para mi, ha quedado todo suficientemente explicado.
    ! Que dios, nos confesados!!!

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    1. El poder constituyente parece no saber hasta qué punto acertó al equivocarse tanto…

      Pero es que esto de los derechos de sangre trae estas inconveniencias… Mejor dejarlo aquí.

      (jodeeeeee)

      ¡Abrazo enorme!

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