Correrse dentro, correrlos fuera

Políticos, lo que se dice políticos, no son. Pero ocurrentes…

El muchacho que se ha ganado dignamente en las urnas la Vicepresidencia de Castilla y León nos sorprendió hace semanas con un discurso sobre la demografía rural, la despoblación, causas y consecuencias, que no dejó a nadie indiferente.

La tesis que defendía con la gravedad de quien discursea ante un público universitario era que en los pueblos se folla poco y muy a lo loco. Y claro, la concepción, única gran causa de la sexualidad bien entendida, su principio y su fin, queda tan en segundo plano que los pueblos se han vaciado. La profundidad científica del planteamiento del vicepresidente del Gobierno invitaba a pensar que tras semanas de preparación, su equipo, formado seguramente por expertos de las consejerías de Sanidad, Familia e Igualdad de Oportunidades, Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio y Educación, habría alcanzado un texto consensuado a partir del cual ordenar una política de fijación de la población en el territorio, un plan estratégico a medio plazo sobre el que cimentar las líneas básicas de la acción repobladora del territorio autonómico.

A estas alturas quiero suponer que el trabajo del vicepresidente García-Gallardo coordinando este magnífico grupo de científicos estará dando sus frutos y se habrán ultimado ya los pilares del plan ‘Correrse Dentro’. Es probable que la población rural aún no esté creciendo significativamente, pero el número de embarazos en adolescentes augurará un futuro de prosperidad con la esperanza puesta en ese plantel de alevines de castellano viejo prestos a levantar la agricultura, la artesanía, la ganadería… el complejo mundo del rural español.

También la cosa de los incendios se produce en la actualidad por lo mucho que ha tardado Vox en alcanzar los puestos de responsabilidad de las Administraciones Públicas. El propio García-Gallardo elaboró una serie de propuestas, para combatirlos unas y para paliar sus efectos devastadores otras, cuya aplicación sistémica desde la Vicepresidencia del Gobierno autónomo hará de la región un vergel incombustible.

El paquete de medidas contempla algunas tan atrevidas e innovadoras como organizar conciertos benéficos, propiciar la ganadería extensiva (¡cuidado!, aquí podría coincidir fatalmente con el ministro comunista Alberto Garzón) o contratar parados para la limpieza de los bosques. Expertos de al menos tres consejerías (Cultura, Turismo y Deportes –para lo de los conciertos–, Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio, Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural y quién sabe si Presidencia) debieron iluminar al vicepresidente en el diseño de este plan infalible, urdido después de que el fuego arrasara 60.000 hectáreas en la sierra de la Culebra (Zamora).

Se trata de un plan infinitamente más visionario que la simple proposición del grupo Socialista de las Cortes que pretendía “transformar el dispositivo de extinción de incendios forestales de la Junta de Castilla y León en un operativo de extinción de incendios y emergencias permanente” para que estuviera activo todo el año, proposición esta que fue rechazada, días después de iniciarse el incendio de la sierra, por los votos mayoritarios en la Cámara de PP y Vox.

Así que Macarena Olona ha hecho muy bien en darse el piro de Andalucía y volver a su oficio de abogada del Estado. Total para qué, habrá pensado, si por muy Macarena que me llame ni siquiera puedo coordinar a los equipos de expertos de las consejerías del Gobierno andaluz para lanzar mis propuestas.

Esta sociedad que en tan mal lugar ha hecho quedar a los políticos en general (y no sin razón), tendrá que repensarse el papel que juegan y han jugado durante los casi cincuenta años de democracia de la que disfrutamos desde la muerte del dictador.

El amateurismo de partidos fascistas como Vox y su absoluta falta de respeto a los mecanismos institucionales de los que nos hemos venido sirviendo para garantizar una convivencia más o menos armónica, están poniendo en riesgo cosas que importan demasiado.

El vicepresidente de un Gobierno autónomo no puede decir que lo que hay que hacer para resolver el problema de la España rural es follar más sin condón. Y, si lo dice, se tiene que ir inmediatamente a casa. No puede decir que un concierto benéfico para los damnificados de la sierra de la Culebra es la solución para el acuciante problema de los incendios forestales. Puede, es verdad, pero no puede seguir al día siguiente en el cargo.

Uno, una, puede ser tan naif como quiera opinando durante la partida de dominó o en las reuniones de Tupperware que organice en su casa. Se pueden decir las gilipolleces que estamos acostumbrados a escuchar en las esquinas, en las reuniones de amigos, en los botellones de chicas y chicos que llenan la ciudad de plásticos y luego se manifiestan contra el cambio climático de la mano de Greenpeace. Es decir, uno, una, puede ser tan inconsecuente como le dé la real gana, no faltaría más.

Lo que no se puede es ocupar un escaño en el Parlamento, ni un sillón en el Consejo de Gobierno de una comunidad autónoma sin haber aprendido algo de la vida. Y de la política.

Así que pongamos en marcha el plan ‘Correrlos Fuera’, no sea que de tanto escuchar majaderías nos pensemos que toda la política es cosa de majaderos.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.


6 respuestas a “Correrse dentro, correrlos fuera

  1. No me estraña nada de estos comentarios, es casi normal se ha perdido el sentido comun esto va por muy mal camino, nos va hacer añorar los politicos de verdad, sean del color que sean, fraga, suarez, gonzalez, guerra, el califa distinto pensamiento politico pero con ideas mas o menos coherentes, aqui vale todo, claro si ese muchacho no dice esa gilipollez no lo conoceriamos y sin embargo ahí lo tenemos salvando el mundo con el y con la libertadora ayuso arruinan a los fabricantes de los preservativos.
    yo prefiero correrlos.
    Buen domingo.

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    1. Estos salvadores del mundo nos van a dar ratos muy buenos, ya lo ves.

      Ese muchacho y sus colaboradores, sus jefes políticos y, en general, los populistas del fascismo, carecen de la más elemental formación política y no les interesa adquirirla, claro, porque las propuestas razonables, elaboradas, estructuradas dentro de los esquemas de funcionamiento de las Administraciones Públicas, no les interesan: no son mediáticas, no son electoralistas.

      Vamos a convivir con este drama durante mucho tiempo. Eso, o harán como Macarena Olona y según vayan metiéndose hostias en diversas elecciones, irán poco a poco desapareciendo del mapa.

      Las elecciones del próximo mayo nos darán muchas claves. Hasta entonces, trabajar mucho para que no lleguen a los gobiernos, porque para escuchar gilipolleces y soportar ‘facheríos’, ya tenemos al PP.

      ¡Un abrazo muy fuerte!

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  2. Ni pa correrlos estoy, chico, que me ha entrao el flato de tanta carcajada, porque con ese tontín con mando, pazguato de podio, da pereza hasta cabrearse. Treinta y un añicos tiene, ¿no?, y con menos sesera que un canto rodado. Estoy por pensar que con tanta cabalgada (ojo, a lomos de un equino, que no se me malinterprete) ha terminado padeciendo agujetas cerebrales, porque tanta gilipollez encadenada solo puede ser fruto de una seria avería en el cacumen. Lo jodido es que melones como el García ese están proliferando en la huerta patria y, peor aún, hay quien los considera frutos exquisiitos.

    Que el Califa Anguita nos proteja.

    Un abrazo, Justo.

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    1. Estos adalides de la majadería nos están dando mucho juego, hemos de reconocerlo, que si no tendríamos que estar hablando ahora del precio de los carburantes o de no sé que coño que ha pasado con las corbatas a raíz de unas declaraciones de Sánchez.

      El raquitismo intelectual se adueña de las instituciones a la vez que la ciudadanía celebra las sandeces de ayusos y garcías-gallardos… Malos tiempos para la democracia…

      Demos-cracias a Dios.

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      1. Ya te digo. Reír para no llorar de pena y rabia, porque en el punto en el que nos encontramos y lo que se nos ha venido (o nos han lanzado) encima, solo nos queda la retranca y la bordería, con un poso amargo, para no sucumbir de asco.

        Salud.

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