La superioridad moral

Estaba convencido hasta aquí de que tal cosa como la superioridad moral estaba reservada a personajes ajenos a lo cotidiano, más cerca del Olimpo que del metro de Callao o el nudo ferroviario de Alcázar de San Juan.

Onofre Miralles (un tipo que para obtener su minuto de gloria tuvo que recurrir a la estrategia de Vox y vomitar lo más sucio de sus intestinos) me sacó del error este mismo jueves: la superioridad moral es él.

Él y su partido, porque hablaba en plural y no parece que lo fuera en mayestático. Ellos son moralmente superiores, porque la xenofobia, la homofobia, el machismo, el negacionismo climático, el neoliberalismo radical y el populismo son, sin duda, virtudes morales de índole muy superior a aquellas que abrazamos los que no somos fascistas, tales como el feminismo, la inclusión, la igualdad, la justicia social.

La homofobia, el machismo, el negacionismo climático, el populismo, el racismo son, a la par de elegantes, beneficiarios de una suerte de aceptación social que impide su desintegración por anacrónicos, vomitivos y propios de mentalidades débiles sin capacidad para procesar ideas complejas. Pero lo del neoliberalismo es otra historia.

El neoliberalismo se muere.

Víctima de sus excesos, de las desigualdades que ha creado, de la fuerte injusticia social que le es inherente, el neoliberalismo muere. Aquellos señores gordos del puro, cuya metamorfosis convirtió en esbeltos figurines engominados asiduos del ‘gym’ y de las pistas de pádel, se han pasado de moda, se les ha enranciado la fragancia, por decirlo de alguna manera.

Lo que viene después es casi una incógnita (en estas mismas páginas hemos aceptado el término postneoliberalismo), pero llama a una reflexión de la que, según me temo, la superioridad moral de la derecha se va a quedar fuera.

Ignoro si sobreviviremos a la ausencia de referentes intelectuales de la talla de Onofre Miralles, pero sí sé que la derecha se va desdibujando lentamente sujetando un discurso de naftalina basado en la no intervención del Estado en la actividad económica.

No está mal.

Si es cierto que la socialdemocracia como concepción política se está quedando vieja (encaja más en las necesidades sociales que nacen de la Segunda Revolución Industrial -1879/1914- con pujantísimas clases proletarias y un capitalismo desorbitado), no lo es menos que también ha caducado la defensa de la globalización, de la deslocalización de los centros de producción en aras a la competitividad, o de la reducción de la actividad pública a un papel meramente  residual con licencia solo para intervenir en aquellos sectores que no resultan rentables a los dueños del dinero.

Comprendido ya que los servicios públicos esenciales (muy potentes en España a pesar de los esfuerzos del PP por reventarlos) son críticos para el desarrollo de los pueblos en condiciones de igualdad (o de menos desigualdad); comprendido, por aclarar, que la privatización de escuelas u hospitales es un pecado mortal y que la inversión pública en las grandes infraestructuras o la relocalización de la mano de obra (aunque penalice el beneficio) es misión de la cosa pública, queda comprendido que la derecha neoliberal se ha quedado sin proyecto con el que comparecer ante la sociedad: el solo relato de la bajada de impuestos ni vale ni excita.

Y ahora viene la gran pregunta: mientras Carla Toscano insulta a la ministra Montero y Onofre Miralles nos ilustra sobre la superioridad moral del fascismo, ¿sabrá la izquierda (el zurderío, Onofre sic) rearmar su discurso político, volver a liderar la iniciativa social con un modelo de progreso que sea para todos e imponerse al populismo pestilente de quienes enarbolan banderas con pollos de dos cabezas? 

Toca construir la postsocialdemocracia. Pongámosle nombre.

En cuanto a la superioridad moral… dejemos que los hechos sigan manteniendo a cada uno donde está.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.


6 respuestas a “La superioridad moral

  1. Por muy bien que lo expliques no soy capaz de entenderlo, hace muchos años cuando no teniamos tanta informacion podria ser creible pero hoy en dia todabia nos lo creemos? algo no funciona bien, no puede ser que viendo lo que vemos y oimos sigan teniendo energumenos que los sigan apoyando aunque lo expliquemos cada cinco minutos no vale de nada, debe ser que nos va la marcha de ir contra corriente por que si no no tiene explicacion la izquierda seguira en su linea y la postsocialdemocracia veremos quien la construye y que nombre le ponen, porque visto lo visto el fascismo sigue atrayendo idiotas.

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    1. Ir contracorriente parece que es la clave. Un chavalín o una chavalina en modo revolucionario que, sin haber leído mucho, se ponga en clave de cambiar la sociedad porque detecte que nada le representa y que nadie resuelve sus problemas, no puede votar a Pedro Sánchez. Así que busca lo más radical, lo que más moleste, lo más anti-todo que se ofrezca en el panorama.

      Supongo, o quiero suponer, que leyendo un poco, escuchando la radio o viendo noticias de grupos de comunicación serios (si es que hubiera), estas veleidades filo-fascistas se pasan. Para que se pasen por propia experiencia tendríamos que pasar por soportar gobiernos que bajen los impuestos y destruyan los servicios públicos: solo así, cuando el tratamiento médico deje de ser gratuito y no puedan pagarse los colegios de los chicos, algunos se darán cuenta de que la patria es algo muy distinto de las banderas.

      GRACIAS, JUAN CARLOS

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  2. Si semejante chorreo de tetosterona (hasta las féminas voxeras excretan hombría, se jactaba otro) es símbolo de superioridad moral, mejor seguir a ras de suelo, no sea que nos salpique una gota y nos dé prurito.

    A mí toda estas andanadas viejunas me descojonan. Se les calienta la boca con la misma rapidez que se les reblandece el cerebro. Será que llevan dentro tanta patria que ya no les cabe y van soltando lastre. Menuda tropa.

    Salud.

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    1. Pues la cosa manda muchos huevos (testículos, digo), porque solo con secreciones de patria son capaces de asomarse a los titulares.

      Es cansador, es vomitivo, es de dificilísima digestión. Y es la tercera fuerza política. ¿Moralmente superiores? ¡Pues claro! Las derechas (la tradicional y la tradicional) van acotando su forma de estar en política. No les queda más que el exabrupto. Y lo cojonudo es que les funciona porque moralmente, sin duda, son muy superiores.

      A ras de tierra. No hay otra.

      Abrazo enorme.

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      1. Es que la patria es cosa de hombres, como el coñac Soberano del anuncio, aunque de vez en cuando salga a la palestra la fémina de turno a sumar bellaquerías, como prueba visible de la mujer-mujer, símbolo de las españolas de bien, que un partido de solo hombres podría malinterpretarse. La cuestión es dar el cante de cara a los comicios, que hacer gala de machismo en un país donde el sexismo ha sido bandera durante siglos, puede tener buenos resultados, que ya se sabe que los residuos permanecen.

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      2. Debería denigrarles un poco (si tuvieran esa capacidad) esto de tener que recurrir a atavismos de tan baja calificación para llegar a su público. Incluso debería denigrarles un poco la clase de público para la que ofertan.

        A nosotros, como seres humanos (si es que eso significa algo diferente de una fotografía de Dios) debería denigrarnos que con esas premisas, con ese discurso, con esa indigencia intelectual de la que hacen gala, se conviertan en la tercera fuerza política de un país, en la segunda de tantos otros en los que ya aparecen como alternativa y en la primera de otros pocos en los que han conseguido constituirse en el poder.

        Y la cosa es que así va funcionando la Historia.

        GRACIAS OTRA VEZ

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