La cosa es que andamos hablando de Javier Milei (el candidato que blandía una motosierra como argumento de campaña y que ya es presidente electo de Argentina) y de Geert Wilders (el ultraderechista neerlandés que todavía no es presidente, pero ha sido la fuerza más votada en Países Bajos).
Ya habíamos hablado del Giorgia Meloni, Víctor Orbán, Jimmie Akesson (que apoya el gobierno de Suecia), de Riikka Purra (con siete ministerios en la ordenada Finlandia), Tomio Okamura (en la República Checa), de Robert Fico (populista prorruso en Eslovaquia)… Todos ellos líderes de ultraderecha que gobiernan o apoyan gobiernos de ultraderecha bajo las eufemísticas denominaciones Partido de la Libertad, Demócratas de Toda la Vida, Libres de los que Molan… Todos ellos comparten la condición de eurófobos, islamófobos, anti-inmigración, ultraliberales, negacionistas del cambio climático o la violencia de género, cualidades que exhiben con mayor o menor intensidad, atendiendo a lo que más excita el odio en cada momento y en cada país, de acuerdo con el ‘Manual de Primero de Populismo de Derechas’.
Y hablaremos, probablemente, de Marine Le Pen en Francia o de André Ventura en Portugal.
Esto se nos ha llenado de fascistas y, sin embargo, no hemos hablado Santiago Abascal.
Alabado sea el poder de Dios.
Y gracias sean dadas al Partido Socialista Obrero Español, liderado -usted ya sabe- por Pedro Sánchez, por dejar a Vox a las puertas de una de esas coaliciones de gobierno que tan de moda se han puesto en el suelo europeo (en el bien entendido de que hubiera sido improbable soportarlo en los modos Trump, Bolsonaro o Milei, gobernando en solitario con una mayoría absoluta).
Que a la ultraderecha había que pararla era del sentir de casi todos. Pero parece que casi ninguno estábamos dispuestos a pagar el precio. El precio era alto. Había que desdecirse, que contradecirse, había que pasar por dejarse humillar, o casi, por un fugado de la justicia. Pero había que pagarlo.
¿Hablamos de un proyecto personal del presidente? Bien pudiera ser. La consulta a la militancia que se produjo inmediatamente antes de someterse Sánchez a la sesión de investidura tenía truco. Se formuló la pregunta ‘¿Apoyas el acuerdo para formar un gobierno con Sumar y lograr el apoyo de otras formaciones políticas para alcanzar la mayoría necesaria?’ Difícil decir que no. La respuesta fue sí en un 87% con una participación del 63,4% de los 172.600 militantes llamados a votar. No se preguntó por la Amnistía. Nunca sabremos si introducir en la pregunta la palabra maldita hubiera hecho que las bases del partido dejaran solo a su secretario general en el empeño de frenar a la extrema derecha.
¿Este apoyo contundente implica que la militancia socialista se ha alejado del sentir mayoritario de la sociedad española? ¿O votó obligada ‘in extremis’ por los hechos consumados a los que le había conducido el aspirante a presidente del Gobierno?
¿Quiénes son los militantes del Partido Socialista? ¿De qué fuentes beben? ¿En qué referentes próximos se miran? ¡Espero que no sea en Felipe González! ¿Dónde está el talento del partido? ¿Se informan con Vicente Vallés? ¿Se entretienen con El Hormiguero?
En un tiempo no muy lejano intuimos que Pedro Sánchez había creado un partido en dos planos diferenciados llamados a correr su suerte en paralelo, sin rozarse: el plano federal y el plano territorial. Hoy advertimos cómo el partido va perdiendo votos en todos los planos, dicho sea sin ánimo de exactitud. Va perdiendo adhesiones, los entornos de las agrupaciones son cada vez más débiles, las agrupaciones cada vez menos comprometidas con un ideario cada vez más difícil de concretar.
En 2023 no todos los militantes exhiben con orgullo el carné del Partido Socialista Obrero Español.
Un análisis simplista nos llevaría a pensar que los partidos políticos han perdido el sentido en una sociedad tan inmersa en la revolución tecnológica que se plantea formas de estar en el mundo como el nomadismo digital y estados en la nube con nacionalidad y pasaporte. Pero sin partidos políticos no hay democracia y en ese futuro país de los nómadas, no hay alcantarillado, ni escuelas, ni carreteras que pavimentar.
Sin partidos políticos no hay democracia. Pero para ser útil en una sociedad como esta en la que vivimos hay que tomar conciencia de los nuevos desafíos que se plantean, que en nada se parecen a los del pasado siglo XX, e incorporar al pensamiento colectivo la necesidad de evolucionar el ideario con un espíritu tan renovador como sea preciso.
Las ideas no están en X (antes Twitter), ni en El Hormiguero, ni en el telediario de Vicente Vallés. El pensamiento no los construyen los cuñados en WhatsApp, ni en la cena de Nochevieja. El pensamiento se evoluciona atrayendo talento, se alimenta con el intercambio de las ideas y se consolida con el compromiso de la militancia. Y al PSOE le urge evolucionarlo, alimentarlo y consolidarlo, para que la militancia vuelva a sentirse protagonista de un proyecto político entroncado con el tiempo en el que vivimos.
Ignoro como se siente un militante del Partido Popular (seguramente orgulloso haberse conocido) o un militante de Vox (seguro orgulloso de haberse conocido). Los dirigentes de nuestra derecha no necesitan hablar de las ideas. Les basta con rentabilizar el descontento de la sociedad y sembrar el odio contra lo establecido escondiendo sus verdaderos intereses. La ausencia de crítica de las bases y de democracia interna lo hace todo mucho más fácil. No se precisa del pensamiento.

Me estremece pensar que tanta desidia, tanto fake, tanto cuñado, tanto odio sembrado, tanta fuga de mujeres y hombres con criterio político, nos haga tirar la toalla y lo cedamos todo a la indecencia de los actuales líderes de la derecha y de sus socios.
Me estremece asistir al espectáculo bochornoso de Esteban González Pons vituperando la honrosísima posición del Gobierno de España en el conflicto de Oriente Medio, manifestada en Israel por el presidente.
Pero lo que más me estremece es que la militancia dormida del Partido Socialista no haya asaltado las redes en tromba diciéndole a Esteban González Pons que es un antiespañol.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Buenos días,
Magistral aclaración de los hechos.
Es hablar de la ultraderecha voxmitiva y me enciendo de tal manera que solo salen indultos e insultos por mi boca.
Los únicos que rompen España son los fascistas, siempre ha sido así, los demás parlamentan y utilizan la democracia.
Me preocupa mucho los jóvenes que hoy en día tienen hecho hasta lo que tienen que pensar, son idóneos para una sociedad distópica.
Un abrazo.🤗
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Tremendo asunto el de los jóvenes: la revolución se ha vuelto de derechas. Se entiende mal, pero debe ser así, porque el fenómeno es mundial.
La revolución se ha vuelto de derechas… Y no vamos a saber combatirla con ideas, porque no se basa en ideas.
Romperán España… ellos, los que dices. No será la izquierda.
Un beso muy fuerte, Pacix.
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De abascal mejor ni nombrarlo por que le damos popularidad y propaganda gratuita tenemos que dejarlo en el olvido del mismo modo que Rosa Diez, Alber Rivera, Pablo Iglesias y otros tantos que ya no nos acordamos, que hay que hacer parra eso? lo que tu dices los que nos consideramos socialistas pelear con uñas y dientes contra esas mentiras y ultrajes de los fascistas, pero somos tranquilos y con poca memoria, volver a la dictadura es muy duro y poco a poco si los dejamos nos volveran a ella con la calcomania de franco el señor Abascal.
Sobre si en la consulta se pregunata por la amnistia, mejor no vamos adejarlo asi por lop que hubiese podido pasar.
buen domingo.
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Con uñas y dientes. Así. Defendiendo sin cortarnos las decisiones que adopta la organización.
Unas nos gustarán más y otras menos, pero la lealtad obliga. No hace falta tragar, se puede no estar de acuerdo, se puede disentir, pero dentro de casa…
Y de los abascales y las díaz… toda la razón: ni hablemos.
GRACIAS, AMIGO
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Al Sr Pons no le puedes decir que es un miserable porque tiene restringidas las respuestas en X, lo cual no creo que sea muy legal. Pero ésto que llaman redes sociales que tienen sus propias «leyes» y «tribunales» hay que darlos de comer aparte. O mejor limitarles mucho lo que pueden comer.
Pero ese es un tema que algún día comentaremos.
Sin partidos no hay democracia, cierto, siempre hay que seguir al grupo. Vengo de un mundo laboral donde las aaambleas, presupuestos, elecciones, candidatos, programas electorales etc, era el pan de cada dia. Solo con una excepción, al votarse cargos las listas eran abiertas. El cielo no cayó sobre nuestras cabezas por ello.
Podría haber militado en un partido, se me da bien meter papeles en sobres (ensobrar), hay quien hizo méritos así para trepar en un partido. Eso también lo he conocido en mi trabajo.
Desde muy pequeño he cultivado un espíritu rebelde responsable o àcrata que me hace difícil tragar. Y en un partido tienes que tragar y mucho, por eso se odian tanto entre ellos. Casado no fué ese político ético que acusó a su compañera, no. Casado tenia guardada la «bala» para dispararla cuando se viera amenazado.
Igual que a Cifuentes le tenían guardado el vídeo de las cremas.
Eso da una idea del ambiente, el aire se vuelve muy tóxico. También lo conocí en el Colegio de Profesores de Educación Física, donde trabajé cuatro años y algunos más en el mundo del deporte. Las zancadillas con cuchilladas están a la orden del día. Pues es un partido político donde el despacho, el escritorio y el teléfono da mucho más poder peor aun
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Para no hacer de mi ícono pedazos
Para salvarme entre únicos e impares
Para cederme lugar en su parnaso
Para darme un rinconcito en sus altares
Me vienen a convidar a arrepentirme
Me vienen a convidar a que no pierda
Me vienen a convidar a indefinirme
Me vienen a convidar a tanta mierda
Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá Dios que será divino
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo quiero seguir jugando a lo perdido
Yo quiero ser a la zurda más que diestro
Yo quiero hacer un congreso del unido
Yo quiero rezar a fondo un «hijo nuestro»
Dirán que paso de moda la locura
Dirán que la gente es mala y no merece
Mas, yo partiré soñando travesuras
Acaso multiplicar panes y peces
Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá Dios, que será divino
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví, como viví
Yo me muero como viví, como viví
Yo me muero como viví
Dicen que me arrastraran por sobre rocas
Cuando la revolución se venga abajo
Que machacarán mis manos y mi boca
Que me arrancarán los ojos y el badajo
Será que la necedad parió conmigo
La necedad de lo que hoy resulta necio
La necedad de asumir al enemigo
La necedad de vivir sin tener precio
Yo no sé lo que es el destino
Caminando fui lo que fui
Allá Dios que será divino
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
Yo me muero como viví
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Magníficamente bien traído a Silvio en este rato de tanta desafección como nos ocupa.
Gracias, amigo.
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A qué velocidad pública ésto ahora.
Termino…
Los partidos, por dentro son tóxicos, todos sin excepción. Eso que dicen que si son honrados y tal… Para mí quizás sean políticos honrados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y por supuesto, Rodríguez Zapatero aunque le quedó la rémora de no haber pinchado la burbuja inmobiliaria en su momento. Pero cuando el llegó s la Presidencia, algo que más bien se encontró, la bola ya era muy grande y difícil de parar.
Bancaja te daba un crédito con un plano en una servilleta casi. La codicia es así y las comisiones eran muy jugosas.
Seguiremos votando partidos mientras no se invente otra cosa.
Ahora sí, feliz domingo.
Un fuerte abrazo.
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Supongo que todos los grupos humanos padecen de esos dolores. La envidia, la trepa, incluso la sumisión al líder…
No están exentos los partidos políticos, ya se comprende. A lo mejor están incluso más expuestos, porque aquí se reparte poder en todas sus esferas, tanto orgánicas como institucionales.
Y aquí se aglutina y se depura el pensamiento y se posiciona ideológicamente la organización. Y ese es su mérito. Decidir quién se sentará dónde no deja de tener riesgos… sobre todo si aspiras a sentarte en algún lado.
Luces y sombras, que duda cabe…
¡Gracias, amigo!
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Los derechones ganan terreno, su populismo arrasa entre jóvenes, los atrae, la revolución se viene abajo o, como tú dices, se ha vuelto de derechas. Ya me vienen a convidar a arrepentirme, a que no pierda.
El discurso del odio cala hondo, es fácil odiar a la avalancha de pobres que inundan de miseria las calles de tu precioso país, es fácil arremeter contra los diferentes si pintas esa lucha como «defensa de tus valores, de tu sociedad, de tu cultura, de tu patria», es mucho más cómodo no dejar entrar que integrar.
Los jóvenes, cada vez menos informados, cada vez menos reflexivos, cada vez menos decididos, menos activos, se encuentran mucho más cómodos en ese discurso que promete devolverles a los tiempos de sus padres, nosotros, que no tuvieron que lidiar con todo eso cuando empezaban a ganarse el pan, cuando les tocó abrirse camino en la vida.
La xenofobia, disfrazada de esa defensa de lo nuestro, triunfa en Europa, triunfa en el mundo, en el mundo rico, claro. Lo malo es que triunfa entre los pobres del mundo rico, manejados por los ricos y oportunistas sin escrúpulos, gente sin corazón, con el alma torcida, liberales idólatras del capital, esa gente que mientras reza el padre nuestro va acusando, vociferando que esa otra gente, los diferentes, es mala y no merece.
Yo, como Silvio, caminando fui lo que fui y me muero como viví.
El mundo necesita urgentemente ideólogos con corazón capaces de remover el alma de esta sociedad deshumanizada. Y no los hay.
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