Frentismo
Lo de la unidad de la izquierda es una vieja aspiración que siempre -siempre- se topa con el mismo insalvable problema: los egos.
Intuyo que si alguien se ve de repente candidato o candidata a la Presidencia del Gobierno, por más que sepa que se quedará en jefe o jefa de su grupo parlamentario (si es que no termina en el grupo Mixto o incluso fuera del Parlamento), es muy difícil quitarle la ilusión. Y aún más difícil sabiendo que uno (como todos saben de uno mismo) es con diferencia la mejor opción.
A pesar de haber demostrado en repetidas ocasiones no ser la mejor opción, Irene Montero se sigue sabiendo imbatible y su ego (que debe tener el tamaño de Australia) no le ha permitido llegar a un acuerdo que toda la izquierda esperaba.
Tampoco Gabriel Rufián ha sabido conformarse con ir en compañía de nadie que pudiera arrebatarle su condición de candidato a la Presidencia por su partido. Otro gran ego sin demasiada predisposición al sacrificio.
Y así hemos escrito la historia de las candidaturas a las elecciones a Cortes Generales que se celebrarán a finales del mes que viene.
Así es como la izquierda escribe su historia. A así la seguirá escribiendo hasta que lleguemos a la irrelevancia política.
No puede ser más triste.









