Feijóo y Mazón han unido su destino en uno de los pactos más lúgubres que se han producido en la breve historia de la claudicación del PP a mostrarse (vano afán) como un partido moderado.
Obviamente, a Mazón le importa un huevo. Mazón no tiene otro objetivo que resistir el mandato completo a fin de conseguir los quince años de premio como conseller del Consell Juridic Consultiu de la Comunitat Valenciana con el que se obsequia a quienes lo consiguen (75.000 al año).

El caso de Feijóo parece diferente. El pobre hijo se inmola gratis: no está previsto premio alguno para los que consiguen aguantar la silla del Congreso de los Diputados (más allá de alcanzar la pensión máxima de jubilación si es por más de dos legislaturas, cuando se llega a la edad).
El acuerdo PP-Vox no tiene desperdicio. Insulta a la inteligencia de cualquier ser racional y compromete el progreso y la seguridad de los valencianos, por lo menos, mientras dure. Solo hay que esperar que la cosa no se prolongue, porque un período largo de desoimiento de la realidad climática (entre otras) podría comprometer a los valencianos por muchísimo tiempo.
La componente xenófoba ocupa el primer lugar del pacto. El reconocimiento expreso de que las personas migrantes estorban a los valencianos, la negativa abierta al acogimiento de menores a pesar de la obligación legal que se deriva de la aprobación del último Real Decreto Ley por el que se modifica el artículo 35 de la Ley de Extranjería, la derogación de subvenciones a ONG como la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo) y otras dedicadas a la protección de inmigrantes y la voluntad cínica de buscar «las fórmulas legales para que los menores no acompañados que han llegado a nuestro territorio puedan volver con sus padres y familias», dan noticia de quién es Mazón (lo de Vox ya no es noticia), de lo que está dispuesto a hacer para mantenerse políticamente vivo y de la deriva a la que está dispuesto a arrastrar a su partido para lograrlo.
La barbarie medioambiental, el segundo. El PP ha asumido sin ambages los postulados de Vox en materia de cambio climático. Sin más. La filosofía del acuerdo va en la línea de afirmar que el Pacto Verde Europeo (firmado también por los populares en la Cámara) va en contra del «desarrollo económico de la Comunidad Valenciana» y de su sector agroganadero. Las medidas propuestas son un ataque frontal a la contención del cambio climático y un llamamiento tácito a la lucha contra eso que tildan de “dogmatismo”.

El hecho de que se produzca a solo unos meses de la DANA que asoló Valencia movería a descojonare de la risa, si no fuera porque más de doscientos muertos no hacen ninguna gracia. Por otra parte, el desprecio de la ultraderecha por todos aquellos que no son ellos mismos no causa frío ni calor. A contener la rabia ya nos han acostumbrado.
El desprecio por lo valenciano pone la puntilla. Esto de que España era una, grande y libre lo llevan muy a gala los chicos de Vox y ahora el PP reconoce que, en realidad, nunca habían dejado de sentirlo así. ¿Qué es eso de promocionar una lengua propia? ¿Para qué les sirve? ¿En qué afecta a los pingües negocios de la sanidad o de la educación fomentar entenderse en la lengua que les es propia? ¿Para qué malgastar dinero público en tal cosa, con la falta que les hace a los constructores amigos a los que andan encargándoles la reconstrucción de las vidas de los valencianos? Una, grande y libre, como de toda la vida…
La guinda, el liberalismo feroz. Menos impuestos para los sectores empresariales pujantes y más ayudas a aquella familia tradicional, que acabará con los premios a la natalidad que recordamos del No-Do. Como entonces… como entonces.
La tradición corrupta de los gobiernos valencianos del PP se consolida ahora en la figura insoportable de Carlos Mazón, que cuenta con el beneplácito de la cúpula de su partido, satisfecho con un proyecto de presupuestos al que ningún ciudadano de bien daría su apoyo.
Y las preguntas son varias, aunque como en los santos mandamientos se encierran en dos. La primera es ¿por qué? La segunda ¿estarán los valencianos dispuestos a perpetuar esta tradición?
La imagen del bombero lanzando a la hoguera la cabeza del ninot de Mazón ataviado con el outfit del esquivo Wally, que amenazaba con salvarse de las llamas, podría indicar que ‘hasta aquí hemos llegado’.
Roguemos al Señor.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
La verdad es que cada vez me sorprenden menos los señores y señoras del PP solo tienen una obsesion derrotar al PSOE si es necesario pactando con el diablo y yo me pregunto ¿pero no hay gente con sentido comun en los lideres de PP? ¿no se dan cuenta que pactar con el diablo VOX es hacer posible la desaparicion del partido popular ? ¿ no se dan cuenta que van a endiosar al renegado que estuvo chupando del PP en su chiringuito? la verdad no logro entender la politica del suicidio del PP, una pena , lo de Mazon no lo puedo entender ¿ de verdad todo vale? si ha cometido una falta tan grave como no intentar evitar la muerte de tantas personas ¿todavia sigue en pie y subiendo escalones? ¿que opinaran esos familiares de las victimas al ver que su unico objetivo es continuar para asegurarse la paga? pues me temo que algo pasa en el ambiente no es comprensible estas actuaciones y espero que Valencia sepa castigar a este chupoptero señor.
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Sí sabes lo que pasa en el ambiente: es ese avión del que hablas a veces, que ha fumigado con lo que no era y ha embotado el cerebro de muchos… de muchísimos.
Y eso parece incluir al PP en pleno, porque van derechos al desastre. Se le van a escapar los votos de su derecha y los de todas aquellas personas de derechas que no son fascistas, que deben ser muchísimas.
Curiosa historia de amor…
Gracias, amigo.
Un abrazo fuerte.
Y felices lluvias de primavera.
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