Un chico de 14 acuchilla a tres profesores y un alumno en un instituto de Jerez.

Un cura que andaba por el campo de Gibraltar va preso porque su novia dice que tiene vídeos de violaciones cometidas por él mismo en su ordenador. Y resulta que era verdad.
Diez hombres asesinan a diez mujeres en septiembre. Diez.
Otro cura destinado en un par de pueblos de Málaga va preso por saltarse una orden de alejamiento de su pareja. Se ve que los alzacuellos (ni el celibato) sirven para mucha cosa cuando se trata de ejercer la violencia contra las mujeres.
‘Cuca’ Gamarra miente a sabiendas sobre una reunión que nunca sucedió entre dos ministros en funciones del Gobierno de España y Carles Puigdemont.
Un exaltado agrede a un portavoz parlamentario que volvía a casa en el AVE.
Un papá de 25 años viola a su hija de pocos meses, lo graba en video y la cede a otros hombres para que la violen también.
Un grupo no determinado de hombres enfermos de la cabeza y algún sito más, aceptan a una niña de pocos meses de manos de su padre para violarla.
Niños de Almendralejo, Ayamonte y Alcalá de Henares (que se sepa de momento) desnudan a sus compañeras con un programa de inteligencia artificial y envían las fotos a otros amiguitos, así, como jugando.
Una discoteca en Murcia que son tres pero que solo es una, arde y abrasa a 13 personas porque no tenía medidas de seguridad, ni licencia de apertura, ni vergüenza su dueño que le importaba un huevo abrasar a 13 personas.
El panteón donde están enterrados Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez, ambos asesinados por ETA, y el monolito homenaje a las dos víctimas erigido en el campus de la Universidad del País Vasco (Vitoria-Gasteiz en los dos casos), son saboteados con pintura y heces, consecutivamente, el jueves y el viernes.
No sé si no estará pasando algo.
Menos mal que el PP (que ya engendraba entonces el germen de Vox) con el impagable apoyo de la Iglesia Católica, impidió enseguida que en las escuelas se impartiera la asignatura de Educación para la ciudadanía, porque ¿qué falta hacía?
Parece que el mundo de la política no es sino un reflejo de la sociedad misma y que, así, cuando la sociedad se pone de manos, la política la imita y se enfurece también. Es eso o es justo al revés, pero eso sería más difícil de aceptar.
Renunciamos a la educación. Entre todos, renunciamos. No quisimos explicar en las escuelas lo que implica la vida en sociedad, la aceptación sin ambages de los derechos y deberes de las personas o de la diversidad, la curiosidad por lo diferente. No quisimos que nuestra infancia lo escuchara porque nos dio mucho miedo que nuestros hijos perdieran el miedo y se pensaran que las reglas empiezan y acaban justo en el de enfrente y que, acerca de uno mismo, uno lo puede elegir todo.
Así que privamos a nuestros educandos de un conocimiento básico: la convivencia. Y dejamos que los curas siguieran interviniendo (cuando no rigiendo) en el amueblamiento de sus cabecitas en proceso de aprendizaje.
Y segregamos a los más ricos permitiéndoles una escolarización de privilegio para los suyos, donde los cargaron de principios abrasivos como el dominio, el poder, el liderazgo, la competitividad, la exclusividad, lo ‘premium’, el triunfo.
Y, sin conocimiento, sin aprendizaje, sin tener conexionadas las neuronas en modo ‘conciencia de ciudadanía’ o, por decirlo de otra forma, desarmadas de eso que se vinieron en llamar ‘valores de la vida en común’ (siempre que escucho o utilizo esa expresión me dan como escalofríos), los lanzamos a la calle y al mercado laboral a la espera de que fueran ellos quienes nos relevaran en el gobierno de las cosas.
Ciudadanos sin conciencia de ciudadanía, sociedades sin conciencia social, comunidades sin sentimiento de comunidad, personas en ausencia, por resumir, de la voluntad de perseguir el bien común, escapan de lo colectivo y lo transgreden sin importar el daño que puedan a aquellos con quienes conviven.
Porque cumplir las normas colectivas (que es privarte de esa libertad ignominiosa que predica la derecha cuando clama por la libertad) evita que ardan las discotecas y te aleja de la intención de acuchillar a los profesores del instituto. Vence la tentación de mentir a sabiendas. Anula las ganas de matar a tu pareja o expareja, te prohíbe, por ejemplo, violar a tu hija.
Y ahora son ellos los que están en el gobierno de las cosas, formando sus familias, dirigiendo las empresas o haciendo de funcionarios, sacando adelante sus pequeños negocios o formando parte de la plantilla del algún otro. Esos niños sin formación para la ciudadanía, lideran toda esta generación.
Y nos va mal.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Y aún podemos ir a peor.
No abundaré en tu reflexión con la que coincido.
Si hay una pequeña reflexión que quisiera hacer.
¿Recordáis aquello tan antiguo de los «valores»?. Los que se imponían por decreto y aquellos que, de manera tácita, aprendiamos en nuestra casa.
Unos y otros, según los tiempos, permitían aceptarlos a la siguiente generación, o bien, revelarse contra todos o parte de ellos, y construir, los
propios. Esa construcción por oposición, que comenzaba siendo individual, constituía, al fin, el acervo moral de toda una generación. Claro, para lo bueno y para lo malo.
Nada es mejor ni peor, estoy seguro, pero ¿que se está construyendo ahora?
No se si no soy capaz de verlo o, simplemente, es que no quiero verlo.
Eso sí, profunda, íntimamente preocupado.
Un abrazo
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¡Valores!
Lo cierto es que el término (no sé si por manido) me da cierto repelús, pero coincido contigo en que, hasta donde sabemos, cada generación ha ido construyendo los suyos sobre los que aprendió en el colegio, en casa y en la pandilla de amigos.
Pandillas de amigos ya no hay, porque la Game Boy se ha ocupado de defenestrarlas y en las escuelas no sé lo que se transmite, pero me temo lo peor. Queda la familia y… en fin, qué te voy a contar.
Los ‘valores’ de hoy son individuales no se construyen en comunidad ni para la comunidad. Cada uno deja que los suyos se aposenten en su cabeza sin pensar mucho en ello, en las formas más que primitivas que permiten los juegos electrónicos a los que jugamos. Y, como casi todo lo que pasa solo… pasa mal.
No es que no lo veas o no lo quieras ver: es que no están.
Así que la preocupación profunda, intima, es compartida.
UN ABRAZO ENORME
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Si algo esta pasando, cada vez vamos a mas, el problema de los curas sin solucion, por que vamos a ser claros, un señor de 30 años puede tener mucha devocion por la iglesia y querer ser un gran cura para llevar la doctina de dios a todos los fieles y los infieles, pero no olvidemos que tiene treinta años y su cuerpo lo sabe, y eso es muy dificil de controlar y mucho mas cuando amparados en su pielñ de cura se permiten el abuso que la mayoria de la gente calla por verguenza, solucion no se puede ser cura hasta los 80 o permitri de una jodida vez que los curas se puedan casar y ser uno mas del grupo como cualquier hombre, entonces alguno habnria que se saltara las normas pero a esos caña a mono.
Y de los diez hombre que matan a 10 mujeres ya sabes mi castigo.
Ese papà que viola a suhija y la cede a otros solucion siendo benevolo le ofreceria dos soluciones la primera cortarsela desde la cepa y colocarle un tubito para mear o cadena perpetua sin revision, tanto al padre como a los que se aprovecharon de ella.
buen domingo
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Tú siempre tan conciliador…
Toda la razón del mundo, no digo yo que no pero, a parte del castigo ¿no crees que algo habrá que hacer para que tanta locura no cruce por las cabecitas de las personas?
Hay mil formas de castigar (unas más eficaces que otras y las tuyas las que más) pero solo una de prevenir y en esa es en la que no hemos sabido dar en el clavo.
Quiero suponer que es la educación, pero ¿quién está educando? No parece ser en las escuelas. Las familias tienen pocos o ningún recurso para educar a nadie y la sociedad ya no está ‘impregnada’ de aquellos ‘valores’ con los que nos educamos nosotros o que nosotros construimos sobre aquellos.
El individualismo en el que nos movemos no lo propicia. Mas bien ha de ser una cosa común y ya quedan pocas cosas en común.
Tanta atrocidad en una sociedad que pretende ser del ‘primer mundo’ se tiene que resolver entre todos.
GRAICAS, AMIGO, me alegro de que por fin hayas encontrado la fórmula para acceder…
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Una buena reflexión. No obstante, si reculamos nos daremos cuenta que ese fango maloliente y pringoso SIEMPRE ha estado allí, salvo que, antes, se intentaba cubrir con una loneta y parterres de floripondios para que no fuera visible. mientras que ahora se filma, se fotografía y se nos da la opción de chapotear en él o caminar en sus límites evitando rozar el flujo. De cada ejemplo actual de desidia, violencia y aberración los hay a paladas en el pasado a nada que pongamos a trabajar la memoria.
Lo peor, sin duda, es la hipocresía de una sociedad que ondea la bandera de los valores mientras los drones que la sobrevuelan muestran la falta de los mismos, y eso es lo que perciben las generaciones más jóvenes que, aunque en muchos casos, no poseen la cultura que adquirió la nuestra, tienen un acceso ilimitado a la información que ni tú ni yo tuvimos en su momento. Y, evidentemente, tener acceso a mayor información no implica mejor formación y ahí está la trampa.
Tú y yo e imagino que, por edad, la mayor parte de quienes aquí comentan, fuimos esa generación ingenua que creía en las utopías y que crecimos aprendiendo a decir «por favor», «gracias», «buenos días/tardes/noches», cedíamos los asientos a las personas mayores en el autobús, nos sentíamos transgresores cuando hacíamos pellas y sabíamos si pertenecíamos o no a la clase trabajadora en función del oficio de nuestros progenitores. Y de todo ello ha quedado un poso… Pero, me pregunto, ¿hemos sido capaces de transmitir todo eso a la siguiente generación?
Buen domingo, amigo Justo.
Salud (y no te pregunto que qué tal por Barcelona porque supongo que hoy no habrás asomado por la ciudad condal, jeje).
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¡Coño! ¡Coño! ¡Coño! ¡No me acordaba de que teníamos mani en Barcelona! Pues no haber caído, que si no…
Nos educamos en aquella cultura del respeto a todo lo que se movía, mucho más si era mayor que nosotros, algo añeja ya por entonces, pero supimos construir nuestra propia manera de estar en el mundo.
Antiviolenta, antifascista, comprometida con los menos favorecidos, comunitarista, universalista… No sé si sería la mejor, pero fue la nuestra. Y la supimos vivir sin quitarnos de encima aquella educación recibida en casa, que también nos sirvió para mucho. De la de la escuela, casi mejor no hablar.
Ahora la de la escuela no es ni una cosa ni otra (salvo la presencia siempre abominable del clero) y en la familia no se forman referentes. En la calle no hay grupos de amigos de terulia o de cervezas con los que poder hacer nada común (anda cada uno con su consola metido en casa) o las conversaciones es mejor no escucharlas.
Cada quién inventó su manera de concebir lo común. Y ninguna es como las demás.
No, no lo hemos sabido transmitir. No nos han dado siquiera la oportunidad. Los hemos llenado de pantallas y los hemos dejado a su aire. Y en el cole ya se han ocupado de que nada pudiera ordenar su cabeza hacia lo colectivo.
Así que nos va mal. Y no tiene buena pinta…
GRACIAS, AMIGO. Un abrazo muy fuerte
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Antes de leer tu reflexión dominical me he topado con un artículo pseudoantropologico que casa bastante bien con tus argumentos, va desde la cura de un fémur, con todo lo que ello supone, hasta quien dijo: ésto es mío y no lo comparto con nadie (propiedad privada) con todas sus consecuencias.
Dejo el link, son tres artículos interesantes, vi el num 2. Después de leerte a tí me fuí a leer los otros dos.
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Pues hoy quizás hubiera sido uno de esos días en que me habría quedado mudo. Que decir a todas esas miserias humanas. Me quedo con la cura del fèmur, por preservar mi salud mental.
La verdad, no creo que podar penes solucione nada. Y no hace falta que recuerde el motivo del celibato clerical, aprobado en dos concilios, para que los obispos, administradores de las inmensas propiedades de la iglesia, fueran heredadas por sus hijos, la solución es no tenerlos y así lo acordaron.
Te has dejado en el tintero dos cosas, una muy grave, la guerra palestino/israelí. Eso de que a los palestinos todo el mundo les llame terroristas me parece el mayor acto de hipocresía mundial. Comenzando por las Naciones Unidas y el Reino Unido, culpables iniciales de éste conflicto. Hace muy actuales los versos de Quevedo… Poderoso caballero…
La otra es más local, una muestra de la estultícia humana; Mario Vaquerizo, un nazi con ínfulas «progrés», diciendo en televisión que está a favor de la contaminación.
Eso tiene fácil cura, supermirafiori diesel, tubo de goma sujeto en la ventanilla del coche y metido en el tubo de escape, una horita transmitida en directo en el mismo programa que dijo esa estupidez.
Si aguanta, a ver si sigue estando a favor de la contaminación, aunque le paguen por decirlo.
Sigo dolido con los resultados electorales municipales y autonómicos. Son los que definen la convivencia en sociedad, administran servicios esenciales como la salud y la educación. Y ya, por desgracia, hemos visto las consecuencias. Te dan ganas de decir: que os den a todos, tengo la república independiente de mi casa, donde tengo el privilegio de tocar la tierra. Y si algún día soy dependiente, confío más en los míos que en «personas» que dejan morir ancianos.
Feliz domingo, abrazos.
(No he ido a Barcelona, la amnistía me importa un carajo, eso sí, me encantaria que les organizaran una tomatina)
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El asunto de Israel tiene muy mala pinta. La franja está en una desventaja extrema y Hamás ha sido muy atrevido provocando lo que tiene pinta de ir a ser una masacre.
Hipocresía mundial el asunto este.
El resultado de las elecciones es desolador, lo mires por dónde lo mires, salvo haber podido parar a las derechas en las Generales. El poder local ha caído en manos de indeseables abolicionistas y negacionistas. Supongo que esto tampoco ayudará a construir una educación digna para las generaciones venideras. Los vaquerizos (no había visto la cosa) lo poblarán todo y la peña los aplaudirá o les pagarán más por decir sandeces.
Las atrocidades se seguirán sucediendo hasta que nos hagamos a ellas, como a los partidos de los domingos: otra mujer asesinada, otro cura al que no caparon, otro chiquillo acuchillando profes, el Atleti vuelve a perder en casa y otra discoteca que no tenía medidas de seguridad.
Lo común ya no está. Nadie se cuida de ello. Algo ha enfermado. Algún sentimiento colectivo se ha desvanecido. Y, la verdad, no sé si es recuperable o no.
Acojona.
Abrazo fuerte, amigo. GRACIAS
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Lo de Israel acabarà como siempre, ojo por ojo y niños palestinos muertos. Y no digas nada que te llaman nazi y antisemita. Los judíos alemanes tenían un grupo integrado en el partido nazi. Y los judíos votaron a Hitler, como gente de pasta y orden que eran; comunistas y socialistas andaban peleándose, como siempre. Luego les hicieron un «reyes católicos» para robarles, básicamente. Acabando en la «solución final» (vaya nombre).
Miras el pasado y… Què miedo da el futuro.
Abrazos.
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La solución final parece que se convirtió en el peor de los principios. Alguien lo debía haber previsto. Ahora parece que si se encaminan a la solución final. Veremos cuando se parece a un genocidio. Veremos cuánto se parece a un holocausto… invertido.
Otro abrazo.
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Pues andaba yo ya bastante deprimido (ando buscando piso en Madrid para mi hijo y observo como nos estrangulamos entre nosotros -particulares- por el maldito parné, sin ningún pudor) cuando me encuentro estas reflexiones de hoy. !Qué horror!
«Además, últimamente siempre estoy en mi peor momento», que dice Leiva en esa preciosa canción.
Bien lo has dicho, Justo: ciudadanos sin conciencia de ciudadanía y sociedades sin conciencia social. Ya me advertías la semana pasada que usar ese concepto del «bien común» está muy desfasado. Si lo está, habrá que recuperarlo. Educación, no hay otro modo. Recordando siempre que educa la tribu, que nunca estuvo solo en manos de padres y maestros y que hoy día eso es más cierto que nunca.
Dice Una mirada que siempre fue así. ¿Fue siempre así? No lo sé, puede que tenga razón pero también es verdad que hubo un tiempo, nada lejano, en que soñamos con conceptos tan humanos (si el hombre es animal social) y humanitarios como el bien común, la solidaridad, la igualdad. Lo pedimos, lo exigimos y hasta alardeamos de ello, parecía conseguirse. Pero ya lo dice Javier: poderoso caballero es don dinero. Y ya se preocupado este señor de que nos olvidemos de lo anterior.
Cada vez estoy más convencido (creo que lo estuve siempre) de la necesidad de revisar todo esto del capitalismo. Necesidad cada vez más urgente. No se trata de matarlo sino de domarlo.
La última vez que cambió el mundo se gritaba aquello de «libertad, igualdad, fraternidad» pero desde entonces nos hemos centrado tanto en la primera (tan manoseada que ha perdido su verdadero sentido) que se nos olvidaron las otras dos, tan importantes como aquella.
Asunto aparte es aprender a manejar los tiempos que corren, tiempos de avances tecnológicos que nos superan. Son tantos y tan potentes que no nos da tiempo a educarnos para su más provechoso uso. Como para educar a los más jóvenes. Convendría no correr tanto.
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Afortunadamente aún nos queda Leiva. Lo que no entre con nuestra experiencia y palabras estará en las letras de Leiva (Hazlo… Como si fueras a morir mañana aunque lo veas demasiado lejos)
Suerte con el arrendamiento
Abrazos.
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Nuestra generación (ya lo he comentado) aprendió a elaborar una manera de estar en el mundo que es esa que has comentado. Lo hicimos sobre la base de una educación antigüilla (y cristiana) que habíamos recibido en casa y superando la doctrina de mierda con la que nos taladraron en el colegio y en el instituto.
La sociedad que les hemos dejado en herencia a nuestros hijos se ha transformado sola, sin su intervención, porque estaban muy ocupados con su consola o con lo que coño fuera. Ya se habían ocupado de que los chavales no volvieran a ser nunca la clase de revolucionarios que fuimos nosotros.
Ahora parezco mi padre, diciendo que cualquiera tiempo pasado fue mejor, pero es que creo que lo fue: Tenemos el mayor acceso a bienes de consumo que se ha tenido jamás en el mundo y una clase de acceso a la información impensable hace tres décadas y, en lugar de hacernos mejores como colectividad, nos hemos encerrado en nosotros mismos y dejado que la evolución de las cosas pasara sola.
Y, como todo lo que pasa solo, pasó para mal. Porque nunca es solo, sino dirigido y bien dirigido. Y esta clase de sociedad, resulta que produce monstruos. Quizás siempre los hubo, como decía el compañero, pero tengo dudas de que en estas proporciones y con esta furia.
Seguramente bastaría con utilizar inteligentemente la tecnología y aprender a comunicarnos y a entender lo que nos comunican. El hecho es que nos tenemos que volver a inventar. Y no parece tan sencillo encontrar las herramientas que hacen falta.
Gracias, amigo. Un abrazo fuerte.
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Muy mal, cada día se acelera más el declive al mismo tiempo que cada vez son más los que miran a otro lado por no salir de su zona de confort .
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Las zonas de confort cada vez confortan a más idiotas: son zonas pequeñas, sombrías, mediocres… y cada vez apalancan a más. Si miraran hacia afuera se les rompería el cuello.
Un beso muy grande, Pacix
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