No importan por igual todas las cosas.
No puede ser así.
Mire: me importa un carajo que Suchard haya bajado el peso de sus tabletas de turrón y venda tabletas más pequeñas por el mismo precio que las navidades pasadas. Y hay una razón: todos los años tiro a la basura una media aproximada del 82,15% del turrón que compro, parto amorosamente y sirvo entre espumillones y peladillas en las cenas de Nochebuena y Nochevieja y sus correspondientes comidas de Navidad y Año Nuevo. ¿Ve? Me importa un huevo. Tiraré idéntica cantidad de turrón a la basura (idénticamente acompañado de peladillas y trocitos de nuez) y no habré soportado el peso de la reduflación.
Me importa un carajo que personas humanas españolas (o nacionalizadas) anden ataviando sus vehículos automóviles con cuernos de reno. Y hay un motivo: si el cambio climático provoca disfunciones en los procesos naturales tan graves como los acaecidos recientemente en Valencia (y en menor pero fatal medida en Albacete) ¿cómo podría no haber afectado a los procesos discusivos del cerebro reblandecido de algunas personas españolas (o nacionalizadas) que hayan abrazado tradiciones cruzadas entre lo más nórdico y lo más de Santa Pola? ¿No trepaban acaso ya cientos de papás noeles por nuestras fachadas? Pues eso, que me importa un huevo.
Superado lo fundamental (el peso de las tabletas de turrón para las Navidades’24 o el adorno festivo de los vehículos) tras un proceso intelectual nada baladí, ya puede usted imaginar que todo lo demás viene de suyo: Aldama, un huevo; Koldo, otro; el juez Peinado, otro; Begoña Gómez, otro; las actas perdidas de Nicolas Maduro, un huevo; el novio de Ayuso (jijijijiji) otro; el dúplex en el que moran, también, otro; la interpretación que Pedro Sánchez hace de la realidad, un huevo; la que hace Feijóo de las cosas que imagina que están sucediendo, sucedan o no, otro (ni le cuento lo de Cuca Gamarra); un huevo que el presidente del PP aprenda catalán (el inglés ya supimos que no se le da) y le susurre a Puigdemont en su lengua materna un futuro idílico en común (en comú). Un puto huevo. Como presumir la imagen obsequiosa de la lotera que ha vendido el gordo y riega de sidra-champán El Gaitero las calles y a los viandantes que se regocijan por un premio con el que todo lo más, después de impuestos, se podrán comprar un piso de sesenta metros en un barrio periférico. Un huevo, ya se lo digo.
He decidido que en estos días tan melifluos y señalados me importe solo lo que, en realidad, me viene importando desde que me recuerdo preocupado por las cosas que me importan:

Me importa que a mi viejo coche no le falle la batería en el crítico momento de salir para casa de mis cuñados a celebrar lo que coño sea que toque celebrar; me importa que no se me olviden otra vez las llaves de casa; me importa saber distinguir lo que es verdad de lo que es mentira y, dentro de ese complejo asunto de lo verdadero y lo falso me importa muchísimo acertar entre quien me quiere y quien finge quererme. Me importa que la gente a la que quiero lo sepa de verdad y me importa un huevo lo que sepa la gente a la que no quiero (que son unos cuantos ahora que me acuerdo). Me importa que vuelva a funcionar la cisterna del váter, que deje de entrar frío por debajo de la puerta, que mis hijos vengan a casa contentos aunque no funcione la cisterna del váter y siga entrando frío por debajo de la puerta. Me importa que mis nietos crezcan y vayan pareciendo personas humanas, que se alegren moderadamente de verme y que me sigan llamando abuelo y no caigan en la tentación de llamarme abuelito; que mi madre me regañe muchos años más cuando me meto con la Iglesia, que mis hermanos, mis sobrinillos, los hijos de mis amigos, mis amigos mismos, sigan sabiendo dónde vivo, para qué sirvo y qué vino me gusta compartir con ellos.
No, todo no puede importar a la vez, porque no cabe en la naturaleza. Ni en cabeza humana.
Lo que me importa me quitará el sueño. Me hará llorar. Me hará feliz.
Lo que no me importa no fingiré que me importa. Si sirve de algo, lo diré abiertamente. Si no sirve de nada, no: recuerde que la hipocresía impide que se pare el mundo, por más que nos empeñemos en elevar la sinceridad a la categoría de virtud teologal.
Y así pienso pasar estas fiestas: ocupándome mucho de todo lo que me importa. De todos los que me importan.
MUCHÍSIMAS FELICIDADES. FELIZ NAVIDAD
El dibujo es de mi hermana Maripepa, que también envía su felicitación.
Tienes mucha razon, llegando a esta altura del año excepto la dana lo demas nos tien que importar un huevo o dos, por que lo primero es la salud propia y la de la familia, olvidarnos de problemas que si tienen solucion no son problemas y si tienen esa solucion pues se acabo el problema, estas fechas como bien dices son para reflexionar y apartar lo que no interese y dedicarnos en cuerpo y alma a la familia, en el proximo año empezaremos de despues de reyes con los feijoos, cucas, esta señora de Madrid, sanchez , y algunos mas que vendran de refresco con ganas de joder , y ya sabes a quien.
A proposito de Suchard, un señor llega a una tienda a comprar una tableta de turron y le dice a la dependienta por favor me da una tableta de turron de Suchard y le contesta la dependienta , lo siento tiene que ser de la viuda y le contesta este señor, mo me diga que a muerto Suchard ? un chiste malo pero va de turron.
Buen domingo y pronta mejoria.
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Jajajajajajajajajajajajajajajaja
Seguro que a esta señora le importaba también un huevo que hubiera rebajado el peso de las tabletas, después del disgusto por la muerte de Suchard…
Tal como dices: un paréntesis en lo cotidiano y a disfrutar de lo que debería ser lo cotidiano, esto de todos lo días que nos mantiene en pie.
Después… ya vemos que tal se le da en catalán a Feijóo (Cuca seguro que ya lo domina)
Un abrazo enorme; ¡felices fiestas!
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Te quedas sin huevos, pero te sobran, amigo
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¡Gracias, amigo!
Tenemos que guardar algunos para Pascua, ya sabes….
FUERTE ABRAZO
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Podemos ser multitarea. Se puede intentar hacer feliz y al tiempo no olvidar lo que pasa en Gaza, aunque sabemos que será una de esas injusticias que quedan en la historia.
No tires el turrón ni las peladillas que no caducan y es un chute de energía.
Bon nadal a tutom, sin pedir perdón por ello; la vida es corta. Abrazos.
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Pues hagamos eso: intentemos ser felices sin olvidarnos de Gaza.
Feliz Navidad, amigo.
Fuerte abrazo.
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Me has llegado amigo. Feliz navidad.
Enviado desde mi iPad
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Y a mí me encanta verte por aquí.
¡Feliz año nuevo!
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