Cada vez que Feijóo dice que los españoles queremos algo o merecemos algo o necesitamos algo, siento como una punzada en el estómago y me pregunto sobresaltado ¡Dios mío! ¿Seré yo?
No sé bien cómo este aprendiz de político se siente con legitimidad para hablar en nombre de los españoles, pero sí sé que, no siendo yo uno de los que quieren, merecen o necesitan lo que dice Feijóo, quedo fuera de lo que él entiende por españoles. Esta sencilla reflexión me serena después de unos instantes.
No me pasa igual cuando la izquierda habla de la izquierda. Siento escalofríos cuando se sostiene con tanta firmeza que la izquierda verdadera se llama Irene Montero y que se confunde entre las derechas si no se apellida Ione Belarra. Y no hay reflexión sobre el particular que no me conduzca a la melancolía.
Gabriel Rufián nos recordó que la aritmética electoral es una ciencia compleja y que no basta con votar en conciencia para conseguir el resultado que uno desearía. Yo, mismamente, como republicano votaría a Esquerra, como marxista a Izquierda Unida, como anticapitalista a Recortes Cero, como anticlerical a Vox (esto es broma: no votaría a Vox aunque sostengan que Abascal es el único Dios verdadero), como ecologista a Los Verdes y como humanista me quedaría en casa lamentando en soledad el culto al ego que despiertan todos ellos. Y mal, claro.
Como señor de izquierdas lo que realmente quiero es que gobierne la izquierda, así que votaría socialista confiando que otros también de izquierdas lo hicieran por opciones un poco más radicales (no es el PSOE una organización de rojos peligrosos). Sirve eso para que, como en su día hizo Podemos y con más tibieza ha hecho ahora Sumar, se corrijan por la zurda las políticas poco arriesgadas que gusta defender al Partido Socialista invocando los condicionantes de la ‘realpolitik’.
Así que Gabriel Rufián empezó otra campaña de unidad de la ‘izquierda a la izquierda’ (el viejo propósito), comprendiendo que para que el electorado (integrado por gente corriente como usted y como yo) pudiera no desperdiciar su papeleta votando en conciencia por Los Verdes (un ejemplo), había que ofrecer una alternativa progresista que garantizara ese voto en conciencia a una formación con posibilidades de obtener representación en cada circunscripción electoral. Por resumirlo, los partidos de la izquierda de la izquierda tendrían que hacer su trabajo.
Vano afán.
Para poner nombre a la idea se optó por el de ‘Frente Amplio’ (cuidado, no confundir con Frente Popular, que eso asusta mucho). Pero subliminalmente, el Frente Amplio tenía por nombre completo Frente Amplio Irene Montero, como los aeropuertos y las estaciones de ferrocarril, porque si no, no sería tan amplio.

Y ahí se jodió todo.
El frente Esquerra Republicana de Catalunya Irene Montero sí se acomodó, pero no sirvió como unidad de la izquierda ni siquiera en Catalunya (Els Comuns entre otros se quedaron ahí como vaca mirando al tren) y Gabriel Rufián acabó por desunir, una vez más, a la izquierda de la izquierda.
La formación Podemos Irene Montero cortó el mus y echó el órdago a todo. Perdió a la grande. Y a lo grande.
Porque los partidos políticos de la izquierda a la izquierda tenían que ofrecer a la ciudadanía la inteligencia de no competir entre ellos en cada circunscripción electoral (cada provincia) y sumar todos los votos posibles sobre una formación que solo debía competir contra el PSOE. Nunca entre ellas. Para eso la generosidad, esto es, la negociación entre personas verdaderamente de izquierdas, era condición sine qua non. Y esas personas no estaban.
Un día, lo votáramos o no, Podemos, que luego se llamó Unidas Podemos Pablo Iglesias y ahora se llama Podemos Irene Montero, nos hizo soñar con una izquierda posible. Y luego lo rompió todo.
¿Solo Podemos? Seguramente no.
Este viernes se cerró el plazo para presentar candidaturas para las elecciones a Cortes Generales que se celebrarán el 29 de noviembre. Y el Frente Amplio ese que estaba concebido para ganar a la derecha, solo se ha consolidado en Canarias y en Valencia. Dos de cincuenta y dos.
¡Joder!
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Lamentablemente eso solo pasa en la izquierda, totalmente impensable que eso mismo pueda suceder en la derecha, no les importa su país, ni su gente solo son ellos, primero yo, después yo, y así nos va, por eso sigo pidiendo cordura y modificación del sistema electoral, si es por mi idea lo tengo claro modificar la ley electoral y permitir que se presenten todos los partidos que lo deseen y después una segunda vuelta de los dos primeros y de esa manera con una gran escoba se barren de un plumazo a todos estos chupópteros aprovechados que solo buscan su porvenir durante cuatro años con un sueldo bastante considerable ( no de peón albañil) pues eso, pero supongo que eso no se va a poder hacer, y así seguiremos con un grupo de sanguijuelas chupándonos la sangre .
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