Orgullo.

Uno se siente orgulloso cuando su hija termina una ingeniería o cuando acaba esa catedral de palillos que empezó a construir allá por los años 90. La condición sexual dudo que produzca una satisfacción determinada, más allá de las muchas que conlleva la libertad de follar con quien te dé la realísima gana.

Ser marica, pelirroja, lesbiana o zurdo, no produce nada. Luego uno escribe con la izquierda, se acuesta con otro de su mismo sexo o explica que, realmente, no es irlandés y aquí acaba el conflicto. Pero ¿acaba aquí?

Escucho a Juan Cruz en la SER decir algo así como que Pedro Zerolo se había convertido en “el patrón laico de una fiesta que llenaría de amor las calles de Madrid”. Veo a la alcaldesa pedir permiso a París para quitarle por una semana su bien ganado título de “ciudad del amor” para enarbolarlo en Madrid con motivo de este World Pride 2017. Orgullo mundial. La ciudad llena de banderas arcoíris. Hasta Cristina Cifuentes se contagia del fenómeno y la hace ondear en la sede de la Comunidad. Y siento cierto pudor.

Me joden tanto las banderas como los patrones (laicos o no).

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Gran carrera de tacones.

Después veo el despliegue de medios de comunicación que se estaban haciendo eco de la carrera de tacones. La calle Pelayo cerrada al tráfico y un montón de locas sobre plataformas imposibles corriendo a todo correr para demostrar… demostrar… Bueno, corriendo a todo correr bajo un mar de cámaras retransmitiendo el evento en directo.

Mejor cobertura mediática, dónde va a parar, y mayor movilización social, que ante el naufragio de la última patera en el Mediterráneo, cuyo número de muertos nadie sabe determinar con exactitud. Muchísima más que ante el enésimo asesinato por violencia machista.

Pues ya me joden tres cosas: las banderas, los patrones y las carreras mundiales de zapatos con plataformas. (Sobre el III Campeonato de Destreza y Rapidez en Poner Preservativos no puedo opinar. Confieso no haberle prestado demasiada atención a pesar del llamativo récord obtenido por el joven ganador, capaz de colocar correctamente once en un minuto).

Estamos viviendo la crisis migratoria más dramática que se ha producido en la historia del mundo. Estamos padeciendo los procesos de “gentrificación” como una de las amenazas que se ciernen sobre las ciudades de todo el Globo. Y estamos celebrando un evento comercial de proporciones extraordinarias y carácter mundial en Madrid, so pretexto de reivindicar el orgullo que deberíamos sentir si fuéramos lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales o raros (traducido este último del inglés “queer”, que le pone la “q” a las siglas LGTBIQ, con las que se nombra al colectivo que defiende la diversidad sexual).

Oye, tú: ¡qué pereza!

Yo me siento orgulloso, muy orgulloso, de que España, con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, liderase mundialmente la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo. De que Madrid se haya convertido en un estandarte de la tolerancia a la diversidad (sexual y de muchos más tipos). De que en Europa no se persiga la homosexualidad, sino que se asuma y se avance en su reivindicación, sin más trauma que un puñado de voces disonantes.

Habrá que seguir. Claro. Singularmente en aquellos países en los que estas conductas se consideran delictivas y se penan con prisión, cuando no con la muerte. Más cerca de casa, en algunos sectores especialmente homófobos que se empeñan en negar lo que ya es una evidencia y es que no todos vivimos bajo las mismas claves. Pero no estoy seguro de que esta exaltación de las plataformas, los tangas y las boas de plumas sean la fórmula.

Para llamar a las cosas por su nombre, vamos a incardinar este nuevo formato de la fiesta del orgullo gay entre las actividades de fomento del turismo, como un gran evento comercial. O sea, dinero y nada más: “Las grandes marcas se suben a la carroza del Orgullo en España”, titulaba El País. “Compañías populares como Vodafone, Spotify, PayPal, eBay y Facebook contarán con una carroza propia en el desfile del próximo 1 de julio del World Pride Madrid 2017”. Dinero. No es orgullo gay o LGTBIQ, no es lucha contra la homofobia. Es más fácil. Es negocio.

Yo prefiero las reivindicaciones sin patrones laicos, sin banderas, sin concursos de poner condones. Sin el patrocinio de Vodafone o Spotify.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

20 thoughts on “Orgullo.

  1. Sin ser amante de ninguna bandera, entendiendo el negocio de la fiesta, creo que va un poco más allá. Esta fiesta quiere poner de relieve una diversidad, que si muchos aceptamos, otros tantos no, no hace falta nada más que escuchar a algunos prelados, a demasiados políticos y el número de agresiones que se producen en el mismo país, que se ha celebrado este jolgorio, para entenderlo. Que todo lo demás es una excusa para sacar boas, hacer publicidad y ganar dinero, no me cabe duda, pero que es una fiesta que se celebra para exteriorizar algo que aún no se acepta en este país, también. Sirva como ejemplo el de un ser querido mío, que pese a ser tolerante con todo, en un intento de normalizar algo que no le rodea, con motivo del nacimiento de mi hijo comentó, pues estos amigos gays tuyos parecen buenos chicos, comentario que nunca me ha hecho con ninguno otro y eso que alguno saltaba a la vista, que ni se aproximaba a la bondad, pero eran de condición hetero.
    Espero regresar y volver a comentar estas reflexiones, que siempre me parecen interesantes y que he tenido abandonadas, estas últimas semanas.

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    1. ¡Te echábamos de menos!

      Nada mejor que una fiesta para visibilizar, para reivindicar, para normalizar. Completamente de acuerdo.

      También estoy de acuerdo en que todavía hay mucha homofobia o, dicho de otro modo, mucho imbécil intolerante y retrógrado que se empeña en que la gente se empate con quien ellos quieren y juega a escandalizarse cuando se hacen públicas actitudes que, seguramente, ellos mismos esconden.

      Pero ¿san Pedro Zerolo? ¿Certámenes internacionales de poner condones? ¿Fiestón? ¡Joder!

      No me cabe duda de que el día del orgullo ha servido para un montón de cosas. Es importante o muy importante hacer visible y normal lo que es normal a todas luces (ya quisiéramos que no fuese necesario hacerlo). Pero ¿este despliegue?

      El lobby gay es cada vez más poderoso y se manifiesta en cada vez más ámbitos de la sociedad (más que en ninguno en el de los medios de comunicación). El turismo gay es un descubrimiento viejo (Ibiza, Sitges…). Nada que objetar, claro que no. Solo que no veo reivindicación ninguna en todo esto, cuando en muchos países encarcelan o matan a gays y lesbianas.

      Me joden los símbolos, me joden las banderas, me joden los santos, también los láicos… Pero, es verdad, me joden aún más los homófobos.

      Un besazo, David. Encantado de tenerte otra vez por aquí. ¡Gracias!

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  2. Buenos días no tengo nada encontra de aquellas personas que quieran celebrar su condición sea la sea me da igual el orgullo que una reivindicación De la Iglesia ortodoxa, protestante o de cualquier otra religión lo que realmente me extraña es el volumen de publicidad que se da como en la fiesta de Madrid con asistencia de un millón de personas de cualquier punto de España, que digo lo vale bien pero tenemos cosas mucho más importantes en las centrarnos y apoyar como sería la lucha contra la corrupción que tanto daño nos hace ahora a pedir un préstamo para poder pagar y más adelante pedir otro préstamo para pagar él anterior es ahí donde tendríamos que publicitar como esas grandes compañías en la defensa de los intereses de todos los españoles ahí es donde deberíamos ir millones de españoles sin embargo en la última solo fueron unos 25000 que nadie piense lo contrario no tengo nada que recriminar a la fiesta del orgullo pero si a todos aquellos que no ponemos tanto interés en esas manifestaciones de apoyo contra la corrupción.
    Buen Día

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    1. Creo que esa es exactamente la clave.

      Es que pasan muchas cosas en este país y en el mundo, que pasan desapercibidas para el común de la gente. La corrupción, como bien dices, la violencia machista, la crisis brutal de los refugiados… Muchas cosas a las que la sociedad parece haberse acostumbrado y a las que no prestamos la más mínima atención. A las que los medios dedican cuarenta y cinco segundos de un breve de telediario o una columna en página par en la sección de “provincia”.

      La lucha contra la homofobia es importantísima. No tengo la menor duda. Pero no es la más importante que tenemos por delante. Ayer hubo otro crimen machista del que no ha habido apenas información.

      Cada uno pelea sus intereses, claro. Pero no entiendo por qué la sociedad o los medios de comunicación están tan pendiente de unos y pasa tan de puntillas por otros. O a lo mejor sí lo entiendo, pero lo que sospecho no me gusta nada. Al cabo, dinero.

      Los refugiados no dan negocio más que a los que tratan con ellos. Las mujeres asesinadas no dan dinero… No me gusta.

      ¡Gracias, Juan Carlos. Un abrazo fuerte!

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  3. Hoy no estoy nada de acuerdo. Pero te sigo queriendo igual. Toda fiesta es un negocio, eso es cierto, pero comparar el orgullo con las pateras… me parece muy cogido con pinzas. Tengo la suerte de estar rodeada de este colectivo en mi vida y , lamentablemente, su vida no ha sido (tal vez ahora sí) un camino fácil. Nada que ver, desde luego, con lo cotidiano de coger un lápiz con la izquierda o la derecha. Lo que se festeja, lo que hay detrás , me parece tan importante… lo que se ha conseguido en este ámbito me parece tan importante… sé de sobra que a ti también. Que lo que te sobra es el negocio del que se alimenta, pero es que eso da igual. Cuanto más bombo, mejor. Cuanto más patrocinio, mejor. No somos tan tolerantes como parece. Y haber conseguido lo que se ha conseguido me parece que hay que festejarlo cada año. Por todo lo alto. Una carrera de tacones? Por qué no? Es una fiesta… molesta que parecen una panda de Locas haciendo el ridículo? A mí no. Es una fiesta.

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    1. No trataba de comparar el orgullo con las pateras (uno no se expresa tan bien como quisiera en estos temas tan sensibles). Trataba de poner de manifiesto mi escándalo ante el distinto tratamiento que los medios de comunicación hacen de un fenómeno y de otro. Ambos tienen la relevancia que tienen. La crisis migratoria y la homofobia. Y la sociedad no se comporta de forma proporcional ante uno y otro. Y a mí me escandaliza.

      Es que no sé si estamos para tanta fiesta, con la que está cayendo… Y, sobre todo, no sé si el formato es el que toca. Me rechina muchísimo tanto despliegue. No puedo dejar de pensar en que hay un factor de negocio en esto que me pone un poco enfermo.

      Quiero que ser marica sea como ser zurdo, aunque sé que queda camino para llegar a este extremo de consideración. Y creo que hoy lo realmente jodido es ser bajo, que estos sí que lo pasan mal en la vida, que ni ligan, ni los contratan, ni triunfan por ningún lado. Ayer la violencia machista se cobró a otra señora.

      Sé que tienes razón en que es mejor cuánta más visibilidad, y en que dentro de una fiesta caben tacones, boas, bailes y desparrame. Sin embargo, no consigo sentirme identificado con esta forma de reivindicar, al calor de banderas y patrocinios. ¡San Pedro Zerolo! ¡Por Dios! No lo veo. Ni he oído una sola palabra de esos países en los que la homosexualidad se castiga con la muerte, ni les oigo ponerse de lado de las víctimas de otras tragedias.

      Hazte cargo, Luisita: me hago mayor.

      Un millón de besos. Gracias por contar cómo lo ves tú. HACE MUCHA FALTA. No sea que parezca que estamos en contra de lo que, en realidad, defendemos.

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  4. Me molestan tanto las banderas y los patrones como a ti y no digamos las aglomeraciones de gente, si no aguanto el carnaval de Miguelturra ni me imagino metido en ese follón.
    Obviamente es vergonzoso lo que pasa en el Mediterráneo cada día, pero no creo que tenga nada que ver.
    No se trata de estar orgulloso de ser gay, se trata de serlo y poder salir a la calle con la cabeza alta y sin miedo. Esto aún no pasa. Hace un par de días dieron en Madrid una paliza a una pareja homosexual sin más motivo que serlo y en Alemania se acaba de aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Son solo dos ejemplos de lo muchísimo que queda por andar y por reivindicar. Y, si hay que reivindicar, mucho mejor si Vodafone, Spotify y La Sexta ven negocio ahí, porque llegará a mucha más gente. Si tienen que ondear banderas mejor una que represente la diversidad. Y si Madrid se erige en ciudad que la ampara y la celebra, aunque sea con carreras de tacones, pues yo también me siento un poco orgulloso, mucho más que de una procesión de Semana Santa, por ejemplo.

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    1. Casi de acuerdo en todo.

      Visibilizar, de acuerdo. Salir de casa con la cabeza alta, más que de acuerdo. Tener el derecho a que no te fostien por ser marica o transexual, completamente. Que te patrocinen, mejor que mejor. Estar orgulloso de Madrid (o de España) por ser pionera en el reconocimiento de la diversidad y en la normalización (al menos legal) de las relaciones diversas, ¡pues claro!

      Pero pateras y LGTBIQ sí tienen que ver. Y no poco.

      No puede ser que en esta sociedad que estamos creando solo tenga visibilidad real aquello que da dinero. No puede ser.

      Que la comunidad LGTBIQ se aproveche de ello me parece estupendo. Pero no ponerlo de manifiesto me parecería esconder que otras realidades terriblemente dramáticas, están pasando si pena ni gloria, casi con una mueca de fastidio cuando nos las meten en el comedor de casa.

      Como decía Luisita, la fiesta del orgullo ha conseguido cosas importantísimas. ¡Cómo voy a tener nada que objetar! Los ya poderosísimos lobbies gays se ocupan de poner de manifiesto que así es.

      A mí me escandaliza que la sociedad responda con tanta movilización ante este asunto y con tanta tibieza delante de otros, más dramáticos, más sangrantes, igual de urgentes, que no tienen siglas, ni banderas, ni santos… ni patrocinadores.

      Gracias, Javier. No estar de acuerdo en esto desvela que todo funciona correctamente. Pero piensa que tengo razón yo, que soy tu padre (por lo de la paga y eso…)

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      1. Eso da para otra entrada en en Blog. El uso comercial e interesado que los medios de comunicación hacen de sus espacios informativos es asqueroso, más aún la inexistencia de una televisión pública de verdad que lo compense. Pero, sobre todo, como el resto de la sociedad nos dejamos mover a su antojo.
        Lo dicho, otro debate.

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      2. Eso es lo que me pone malo de esto que comentamos. Que solo nos movamos a su antojo.

        Es verdad, da para otro debate.

        Supongo que cualquier reivindicación de esta naturaleza está bien. Y seguro que también lo está que el colectivo en cuestión se aproveche de la circunstancia de haberse puesto de moda. Sigue siendo verdad que hay camino por recorrer en cuanto a la igualdad verdadera de todas las personas, independientemente de su inclinación sexual en este caso. Lo que pasa es que me revela que otras realidades, tan o más crudas, incluso esa misma realidad en otros países, pase desapercibida, o casi, para tantos y tantos y tantos.

        Gracias otra vez. Seguimos en ello.

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  5. Es muy difícil controlar la expansión de una reivindicación comi la del orgullo. Lo que empezó como una curiosidad, se ha transformado en un inmenso negocio ludico-reivindicativo que es muy difícil de patar.
    ¿Cómo decir no a unos patrocinios que te permiten pagar toda la actividad que realizas y que, a su vez, lo difunde por todo el orbe orbital y mundial?
    Sin duda, se necesita una reivindicación constante sobre su normalización, es decir, lo que dices de ser zurdo, rubio, homoxesual, lesbiana, o ser de Alaejos, debe ser a li que se persigue, pero las agresiones y comentarios despectivos siguen su curso.
    Todo el espectáculo que se monta alrededor de esa reivindicación, puede que forme parte de su forma de ser y entender la vida, que también hay que aceptarlo.
    De todas formas abstraetse de personas capaces de pagar 1.000€ por una habitación y varios miles mas en regalos comidas etc. Es muy difícil de conseguir por los comerciantes y empresas que ven un filón en este acto.

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    1. Otra vez de acuerdo casi en todo.

      Turismo gay. Negocio. Y al fondo, y solo al fondo, la reivindicación contra la homofobia. La asociación de tiendas amigas del mundo diverso… (algo así se llaman) ¡Jodeeee!

      Solo clamo por un trato similar a los dramas que no dan negocio.

      Insisto en que me parece cojonudo que el colectivo se aproveche de la circunstancia, pero también en que, con la que está cayendo, no entiendo que la sensibilización sobre este asunto supere con tanta distancia a otros que merecen, como mínimo, la misma sensibilidad.

      Y, aunque esto suene algo facha, creo que un concurso mundial de poner condones o de correr con taconazos no es la forma de reivindicar la diversidad. A parte de que poner once condones en un minuto sea un ejercicio estéril, porque no creo que a nadie se le presente tanta dicha simultánea.

      A favor. Desde luego, a favor… Mejor una fiesta de risas y bailes que una de cilicios, velones y capuchas (de nazareno en este caso). Y a favor también de las causas olvidadas. Esas que no patrocinan. Igual de urgentes. Igual o más.

      Un besazo, Colmenero. Gracias por venir.

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  6. Pues a mi me ha gustado más que la visita de su santidad, casi prefiero a un montón de locas bailando, a un puñado de beatas iluminadas, con mochilas amarillas y cara de tener un orgasmo cada vez que ven un rosario, al menos estos se han pagado sus hoteles, no se les ha abierto albergues, polideportivos, ni se les han suvencionado las comidas,prefiero reivindicar cualquier derecho a amenazar con el fuego eterno a los que aborten o lo piensen y es más divertido 18 locas en un escenario, que 18 obispos furibundos, cada dos por tres . Mi única pena, que no siguiera de alcaldesa la Botella. Hubiera sido un poema.

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    1. ¡Pues claro!

      El espectáculo de dieciocho obispos furibundos es infinitamente más agresivo que el de dieciocho locas bailando en un escenario. Ninguna duda… De hecho, dieciocho locas no agreden en absoluto.

      Algún alcalde del PP (creo que fue Botella, pero no estoy seguro de que no fuera el ínclito Gallardón) sugirió que la fiesta del orgullo se hiciera con auriculares para que no hicieran tanto ruido. Lo sé, lo sé, todo puede empeorar. Y la manipulación mercantil que se hace de la visita de un papa, Gurtel incluída, muchísimo más ofensiva para las almas sensibles como las nuestras… ¡dónde va a parar!

      Lo que pasa es que lo malísimo no quita lo malo.

      Casi todo el debate se ha centrado aquí, en que la fiesta del orgullo mola y que sirve para cosas y que está muy bien que se celebre y que se celebre así de a lo grande. No quisiera parecer cabezón, o mejor dicho, a riesgo de que se descubra que soy un cabezón, me siguen jodiendo las banderas (esta menos que la vaticana), los patrones (estos menos que los que cierran España), los símbolos que aúnan la conciencia colectiva (estos menos que aquel víctor que se ponía en la puerta de las casas de protección oficial) y los financiadores de eventos que hacen negocio a costa de las personas (estos menos que los que pagan guerras en áfrica o experimentos con medicinas sobre africanos).

      Iba a decir que me estoy haciendo mayor, pero tú y yo repetimos COU a la vez, así que será que me estoy haciendo de derechas… los dioses me protejan.

      ¡Un abrazo Miguel Ángel! A la del año que viene vamos juntos y se me quita este mal sabor de boca.

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  7. Estoy contigo, creo que ha sido excesivo el despliegue informativo. Soy de la opinión que cuando se hace discriminación positiva o negativa, es que sigue existiendo discriminación. La verdad que me da lo mismo si una persona es gay, lesbiana, etc. creo que las personas son algo más que su condición sexual, política, sexo, religión, nacionalidad, región etc… Es como si discrimino por que a una persona le guste los morenos, rubios, … solo son gustos.

    Creo que se le da mucha importancia a ciertas cuestiones y otras no, estamos vendidos a lo que quieran los medios, y al dinero.

    Es como lo que nos alertamos por el sueldo de un político, y luego tenemos a ciertos jugadores que cobran millonadas y nadie dice nada, incluso se le permite que defrauden. Tenemos la moral un poco especial dependiendo para que. Que si un político viaja en primera, nos alarmamos, pero si un jugador tiene un avión particular lo vemos hasta bien.

    La iglesia son hipócritas con este tema, https://infovaticana.com/2017/06/29/descubren-una-orgia-gay-drogas-apartamento-del-vaticano/

    Un saludo.

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    1. Las varas de medir…

      Cada uno usamos la que nos conviene en el momento en el que nos conviene. Seguramente es humano.

      No aspiro a verlo, pero llegará un tiempo en que no haga falta un día de la mujer, otro del cáncer, uno del niño, otro de las enfermedades raras… Hacia eso caminamos; más despacio que deprisa, pero caminamos.

      Por eso me da tanta rabia la comercialización de cosas tan serias, tan necesarias, tan importantes. Y me pone tan de malísima leche que nos tengamos que organizar entre símbolos, banderas y patrones.

      Sigue siendo necesaria una fiesta del orgullo, aunque siga sin pensar que ser o no gay de para ponerse más ni menos orgulloso que ser rubio. Yo sí creo que aún hace falta esa discriminación positiva, porque he visto de cerca el trato humillante que reciben algunos niños en la escuela por la falta de educación de los pequeños en cosas tan elementales y algunos adultos en sus respectivos ámbitos por la falta de educación de los mayores (aunque me temo que estos ya no tienen remedio).

      Lo malo es que, cuando se hace de la fiesta el espectáculo mediático, económico, turístico, que se ha hecho de esta, se pierde el mensaje y queda la mamarrachada.

      Y la Iglesia… Ni hablar de ellos. La hipocresía es de tal calibre y el enlace que propones lo define tan bien que no cabe más comentario. Estos ya se han pasado de rosca. De hecho aquella afirmación del obispo beodo de que zurdos y pelirrojos eran criaturas del diablo, sumados los homosexuales y el tratamiento que les dan, son razón suficiente para quitarse del todo (si otras diez mil anteriores no me hubieran hecho ya quitarme).

      Un abrazo, Antonio. Muchísimas gracias por estar siempre por aquí.

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  8. Buenos días! Soy consciente de que este tema es de la semana pasada, a cuya cita no pude acudir, pero en el cual me siento en la necesidad de participar. Porque en la fiesta del orgullo gay se exteriorizar lo que en este mundo se ha tenido que esconder durante siglos y aún es delito en más de la mitad de los países del globo.
    Ver como, chicos y chicas con 12, 13, 14 años… son capaces de definirse sexualmente de forma libre, sin repulsión social y con el beneplácito de un amplio espectro de la sociedad, Me parece razón suficiente para celebrarlo, gritarle en las calles, o lo que haga falta.
    Lo que creo que te rechina son los medios? Los patrocinadores? Las banderas?…
    Es la situación politicosocial en la que se encuentra el mundo, donde los grandes grupos inversores mandan, no van a dejar marchar una tajada de este tamaño, pero ya sabemos que ellos manejan el mundo, con medios de comunicación, manipulación de tendencias de consumo, etc.
    En fin que prefiero este derroche de orgullo sexual que los desfiles con cabras emperifolladas, y uniformes de colores sórdidos y pasados de época.
    Buen domingo

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    1. Esto no tiene plazo (es lo bueno de que nadie lo administre). Vale contestar en cualquier momento.

      Me cuesta pensar que ver a chicos y chicas de 12, 13, 14, sean capaces de definirse sexualmente gracias a patrocinios, banderas y patrones. Si es el único medio, adelante con los faroles, no faltaría más. Pero ¿de verdad el único medio es caer en manos del capitalismo más salvaje y convertir el hecho sexual en un acicate del turismo?

      El turismo gay (Ibiza, Sitges, por mentar solo a los españoles) es una fuente de ingreso de la que el sector ya se ha hecho consciente hace tiempo. Ahora Madrid lo abandera. Me parece cojonudo, no faltaba más. Digno, no como otros turismos (sexual, financiero) que degeneran. Pero no es la reivindicación de la libertad de escoger la identidad sexual que te dé la real gana. Es la potenciación de un sector económica nada reivindicador más que de sus propios beneficios. O, al menos, así lo veo yo.

      Luego está lo de los patrones, las banderas y los símbolos. ¿No podríamos aspirar a una sociedad más evolucionada, que no necesitara de gilipolleces para reivindicar sus posiciones? A mí me cargan tanto…

      ¡Gracias Petra! Un beso muy grande.

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  9. Reconozco que estoy de acuerdo con la mayor parte de cosas que dices aquí pero hay algo que no me acaba de encajar. Digamos que comparto lo que escribes pero no lo escribiría.
    Se me hace difícil cuestionar públicamente un evento que se basa principalmente en que los asistentes se lo pasen bien e incluso sobreactúen sin miedo a ser censurados, al menos por un día.
    Viene a ser como el carnaval, que antaño era el único momento semi-consentido de desinhibición popular y actualmente es también una fiesta mercantilizada, como lo son ya la mayor parte de manifestaciones culturales en Occidente.
    No soy muy partidario del postureo y esta fiesta lo rezuma por los cuatro costados. Pero en el fondo me consuela pensar cómo brama en la intimidad el facherío que, si pudiera, prohibiría el Orgullo y tantas cosas más. Por un día los papeles de tornan y los que siempre han tenido que reservar sus efusuvidades a la clandestinidad se desparraman por Chueca. Bien está.
    Por último otra reflexión haciendo de abogado del diablo. Queramos o no en estos tiempos quien certifica la normalización de los fenómenos sociales es el mercado. Pocas ventajas le veo a esto pero así es. Cuando las grandes marcas montan carrozas en el Orgullo indirectamente están consolidando la aprobación de mucha gente que de otra manera quizá se dejaría llevar por el embrutecimiento de los nuevos líderes de opinión que amenazan con imponer un periodo de censura periodística, recorte de derechos sociales y belicismo.
    Pese a que mi esposa lleva tiempo queriendo participar en esa fiesta yo sinceramente no me veo. Pero quizá el año que viene me apunte a la carroza del ABC.

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    1. Indudablemente es como dices.

      Recuerdo que no hace mucho El Corte Inglés lanzó un anuncio de contenido gay y el probo colegio de compradores de la calle Goya montó en cólera hasta conseguir que lo sacaran del circuito. Tienes razón.

      Aun así, mi capacidad de escándalo no soporta que tenga más repercusión mediática la carrera mundial de tacones que el naufragio de otra patera a quince minutos de casa. Que los lobbies gays se hagan con el control de televisiones y otros núcleos empresariales, que las grandes firmas se hagan fotos en postureo o que haya una asociación de comerciantes amigos del rollo gay.

      Reconozco que tienes más razón que yo y que el mercado ocupa el lugar que ocupa en nuestra sociedad (no sé si alcanzo a reconocer del todo el lugar que ocupa). Pero sigo sin tolerar intelectualmente que el mundo LGTB se haya dejado envolver por esta suerte de glamour para producirse.

      Con todo, ahí están. Visto con perspectiva la fiesta del Orgullo fue un éxito. Tanto lo fue que casi está garantizado el éxito de la que viene. Y lejos de ser malo, es bueno.

      Me apunto con vosotros a la carroza de ABC.

      Un abrazo, Víctor. Seguimos en ello. ¡Gracias!

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