Elefantes

Usted creyó ver elefantes. Pero no era eso.

Parecían vagar por la autopista, despistados, pero no.

El que avanzaba con más decisión, autopista adelante, escondía a la pequeña hija de los reyes de España quitándose del hombro de un manotazo el brazo de su abuela sin mover un ápice la sonrisa hierática que no se desfiguró ni por un instante. Porque para ser reina hay que sonreír sostenidamente durante lapsos de tiempo larguísimos, hasta que el protocolo te permite meterte en el váter y sonarte los mocos. Y esto doña Leonor lo sabe. Doña Letizia se lo ha aprendido ahora, pero doña Leonor lo ha interiorizado desde el fondo del moisés Luis XVI en el que hizo sus primeras cacas regias.

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Elefantes en la pista principal de un circo enorme

Lo otro que parecía un elefante caído desde un camión caminando hacia ninguna parte, era la presidenta de la Comunidad de Madrid, que estaba falsificando unas cosillas para seguir manteniendo la suya. Esto, sin duda, tiene que ver con el interés público: No hay elefante más inamovible que el que no quiere dimitir, pero no vayan a creer que es cabezonería, es que doña Cristina –Cifuentes, que cristinas con cosas turbias encima hay por lo menos otra— sabe que su digna Presidencia beneficia a Madrid y a España toda.

Otro tomaba el aspecto de un elefante muerto (¡trampantojo!). Camuflaba en realidad la doctrina que vende una editorial de libros de texto, Casals, que bajo la apariencia de cosa científica difunde entre los adolescentes la extraña especie de que la forma más efectiva de lucha contra el SIDA y otras enfermedades de origen sexual es la abstinencia. Acompaña a esta medida la de la fidelidad, lo que parece indicar que la especie no está en riesgo, habida cuenta de que solo sin follar, el SIDA se acabaría, pero la humanidad también. Y tal impacto causó sobre la bestia muerta el hallazgo de un conocimiento de tanta envergadura moral, que optó por sacrificar la vida y entregarla a mejor fin.

La que sangraba y daba vueltas sobre sí misma no era una elefanta, era la mismísima Cataluña. En el interior del enorme animal se hallaban Puigdemont, el que fuera major de los Mossos d’Esquadra, consellers huidos, jueces españoles, jueces alemanes, consellers presos, gobiernos enteros usurpando la acción (inacción) de otros gobiernos, los Comités de Defensa de la República… prestidigitadores varios ocupando la pista principal del gran circo en el que hemos convertido este viejo país nuestro.

A lo mejor el último animal inmenso de los cinco que se desparramaron por la autopista eran tuiteros diciendo por ahí que hubieran preferido que se matara el domador.

¿Elefantes? ¡Eso es lo de menos! En España un autobús lleno de elefantes se puede meter una piña en la carretera y dejar suelta la manada a la altura de Albacete. Pero el verdadero circo no es el Gottani, no nos engañemos. El circo lo llevamos puesto. Y no da ni un poco de risa.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

7 respuestas a “Elefantes

  1. Joder menos mal que los elefantes no se van a enterar con quien los comparas, que sino seguro entraban en una depresion de ELEFANTE, Cristina cifuentes, una cosilla pequeña de una falsificacion sin importancia seguro que es lo que piensan sus seguidores ¿ quien en su lugar no se habria beneficiado de ese titulo sin importancia ? cualquiera, pero no pasa nada nos reunimos en un congreso y Marianico en vez de darle una colleja le da una ovacion, si señor con dos cojones, haber si van a salir cuatro listillos queriendo joder a nuestra Presidenta.
    nuestras Reinas muy majas ahi con sus cosillas,
    el peor parado el elefante muerto comparado con la editorial, el mas perjudicado, por que es totalmente cierto sin sexo ( solo el manual) evitariamos todas las infeciones pero seria muy aburrido.
    resultado de puigdemon en cataluña, me abstengo, mi opinion podria herir la sensibilidad de los lectores.

    Buen domingo y a descansar que tenemos una semana muy intensa.

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    1. Si lo sé, si son tonterías… Pero es que todas juntas ¡no parece un país de verdad!

      Reinas, presidentes/as, tuiteros, editores. Se han juntado todos para hacernos de esto algo como irreal.

      Lo malo es que me temo que TODAS son de verdad.

      Un abrazo, Juan Carlos. Preparemos la semana de pasión (que esta sí que va a serlo).

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  2. ¡Pasen y vean!. La mujer barbuda, los payasos, las fieras….. Si, Justo, menudo circo… y menos mal que el accidente fue en la autovía que si llega a ser en una autopista alguien habría encontrado justificación para otro rescate.
    Tremendo espectáculo del ir ni siquiera sonó expectadores, somos la pobre foca siempre a la espera de que nos dejen jugar con la pelotea de colores y , claro, que nos den una triste sardina por partipar en el show.

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      1. Pues… que nadie se sienta ofendido ni ofendida… pero sí, me temo que somos las focas que esperan el pescado dando palmas con las aletas. No protagonizamos nada; pero estamos en todo el centro de la pista. Y ellos juegan.

        Lástima que no tenga gracia alguna, que no sirva para que se ría nadie de los de por aquí. La prensa extranjera hace el papel. Deberíamos ojearla más a menudo para hacernos conscientes de la risa que damos. O a lo mejor no. Porque lo mismo damos más risa de la que quisiéramos.

        Entre tanto, esperamos el pescado. Y aplaudimos. Y ellos juegan. Y no mola nada.

        Un abrazo, José Ricardo. Gracias por estar siempre atento.

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  3. Jajajaja que imaginación y cuanta razón llevas.

    Pero ¿de que iban a vivir los periodistas sin estas noticias?

    Te ha faltado la actuación final, las Reinas juntas en el mismo coche abriéndole la puerta la reina joven a la reina vieja, y todos juntos y sonrientes saludan al publico en la actuación final.
    Ta ta ta ra ta ra ta ra ra ta

    Y el Rey joven haciendo malabarismos con las 2 reinas, el rey viejo herido en una rodilla no sale a la pista.

    Ta chaaann

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    1. Es que el número final fue el domingo, después de publicar… Pero la escenita no tuvo desperdicio. Ahí estaban las dos reinas “a partir un piñón”, para dar clara noticia de que se quieren, se respetan y dan la medida de una familia modelo.

      Y, claro, todos los demás nos lo creímos, porque… como somos gilipollas… Pues nos lo creímos.

      ¡Qué cosas nos tenemos que tragar!

      Gracias, Antonio. ¡Feliz semana!

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