He pensado estos días que la Prioridad debe ser una y trina. De ahí mi sospecha de que muy pronto se elevará a sacramental para honrarla y respetarla.
Tres preferencias y una sola prioridad verdadera, a saber, la Prioridad Nacional, la Prioridad Urbana, la Prioridad vecinal.
Podrían ser más. Lo dirá el devenir de los tiempos. Vendrá la prioridad por géneros, la prioridad por estatus, la prioridad por lo que coño convenga a ese racismo repugnante que esta semana queda instituido.
No es necesario investigar qué artículos de la vieja Constitución Española subvierte, ni escudriñar los acuerdos autonómicos que, como punta de lanza, abren el camino a su consagración. Es prioridad y es trina. Y ya está.
El concepto está definido ya por Jean Marie Le Pen, que lo hizo fuerte a mediados de los años 80 con los ajustes que su hija Marine le hizo a la idea para convertirla en eje de la campaña de las últimas elecciones a la Presidencia de la República. Y así lo abrazó Donald Trump ya en su primer mandato, con aquel mítico America frist, que hace fortuna también en movimiento MAGA (hacer a América grande de nuevo).
Las nuevas acepciones de esta que se establece por colores (recuerde, una y trina) sobrevuelan la prioridad de lo urbano sobre lo rural (de las urbanitas sobre los campesinos, mucho más refinadas y mejor vestidas las primeras que estos últimos). Y la que prima al vecino más próximo sobre la más lejana. Porque ¿quién le negaría una ayuda social o asistencia sanitaria a una mujer que huele a Chanel del número 5, o a un caballero que porta en los puños de su camisa elegantes gemelos de Hugo Boss? Lógicamente ella o él nacidos y criados, como Dios manda, en un buen barrio de una ciudad suficientemente renombrada (usted ya sabe). Habrá que afinar el concepto para delimitar las fronteras de lo urbano, no vaya a quedar Vallecas priorizada sobre el barrio de Salamanca, por referirme a Madrid (usted ya sabe), España dentro de España, o el polígono industrial igualado con el barrio de la catedral.
La prioridad vecinal se explica sola: de tu portal antes que de tu calle, de tu calle antes que de tu barrio, de tu barrio antes que del distrito municipal… en fin, y así. ¿Tendrá que soportar un extremeño la incómoda presencia de un gallego? Lo del camerunés se da por descontado.

El caso es que la xenofobia, como la gilipollez, no tienen fin. Avanzan hasta que el círculo se cierra tanto que se queda uno como vaca mirando al tren, pensando en a quién excluirá ahora que se ha quedo, al fin, solo consigo mismo para consumir todos los recursos disponibles.
Y ¡acojonante!, en la mayoría de los casos el xenófobo, como el gilipollas, ignora que lo es. ¡Pues claro!, habrá escuchado usted en el bar o en la pescadería: España para los españoles. Con un par.
En serio, da igual enumerar las constituciones, leyes, reglamentos o circulares que la atrocidad vulnera. Deben ser miles. Y ninguno relevante al caso que nos ocupa. Es anterior. Es muy anterior. Es a la humanidad a quien se vulnera. El más elemental principio de la convivencia entre seres humanos.
Y quien lo hace sabe lo que hace.
Porque sin otro principio ideológico que el del engrandecimiento de la patria (¡qué coño será la patria que no me viene por ningún lado!) y sin más estrategia que alimentar el descontento, la ultraderecha (o sea el PP y Vox) ha conseguido enormes resultados electorales convenciendo al penúltimo (el que ocupa los espacios más desfavorecidos) de que el último (el que viene de fuera) quiere su mal. Quiere su muerte. Y hay que eliminarlo, sacarlo, quitarlo.
Tan vulgar, tan manido. Tan eficiente… Tan indigno.
Los pactos de la vergüenza que consolidan los gobiernos autonómicos de la ultraderecha en España van mucho más allá de la inconstitucionalidad o de la inmoralidad. Institucionalizan por primera vez en nuestro país el racismo como forma de comprender el Estado.
No importan los datos, ni el alcance, ni las excusas ridículas que el PP ensaya para que parezca que no han firmado lo que han firmado. Han firmado que, de hoy en adelante, España será un país racista si no sabemos remediarlo.
No se excuse pensando que es mejor que vayamos nosotros primero… La humanidad no consiente que se cuartee a los seres humanos. Y, hasta hoy, en España tampoco se consentía.
Pactos de la vergüenza.
Una y trina.
Un principio repugnante. Dos partidos con fortísima representación parlamentaria secundándolo.
Impidámoslo… En serio.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.