Ganas y ganas

Avanzamos…
…Así de feliz


18 respuestas a “Ganas y ganas

  1. Pues a pesar de todos esos estupendos datos y sin querer aguar la fiesta, me temo que es sólo la alegría de darle una patada en el culo a 2023 lo que hará que una vez más, un año más, participe en el rito de tomar las uvas con la esperanza de que mi vida y la de mis seres queridos mejore y con los mejores deseos para el resto.

    Patada en el culo a 2023. Ninguna confianza en 2024 pero, por aquello de que la esperanza es lo último que se pierde, le daremos un tiempo antes de despotricar sobre él. Quien dice 24, dice 25, 26, 27 …

    Crecen orcos, que diría Javier, por doquier.

    No me gusta la sociedad en que vivo, no me gusta el país en que vivo, no me gusta el mundo en que vivo. Demasiado egoísmo, demasiados enfrentamientos, demasiada imposición, demasiada intolerancia, demasiado odio. En el mejor de los casos, mirar para otro lado. Ya no sólo no importa lo que les pase a los demás, ahora ya es que molesta.

    Vivimos en una jungla repleta de depredadores y son más fuertes que nosotros y no dudan en sacar provecho de ello.

    Vuelve a subir la luz y supongo que el gas. Subirá el combustible, como siempre, subirá el agua, seguro. El gobierno, socialista dice, ha decidido que ya no necesitamos ayuda. ¿Habrá puerta giratoria a la vista?

    De la vivienda no quiero ni hablar, me dan náuseas.

    La cesta de la compra es el mejor ejemplo de esa lucha encarnizada, nos estrangulamos unos a otros por tener más y más y más. Muchos de los precios no tienen más explicación que la avaricia. Hablan de costes y puestos de trabajo y escasez y mal tiempo y bla bla bla, es el sistema, es el capitalismo salvaje en el que tan a gusto nos encontramos. Mienten y engañan. Sólo avaricia disfrazada de la “legítima” ambición del sistema en que nos movemos, el sistema de los que atacan y los que se defienden, depredadores y presas.

    Y somos incapaces de unirnos. Contemplamos desde la comodidad y nos regocijamos, quizá sea terapia, en que otros están peor. Los orcos no son conscientes de que lo son. Apoyan y defienden con uñas y dientes el poder de Sauron, luchando en las filas de cualquier Saruman (hay muchos).

    Las redes sociales atribuyen a Mujica, aunque parece ser que no está documentado, eso de que “El peor enemigo de un pobre es otro pobre que se cree rico y defiende a los que los hacen pobres a ambos”.

    Ya no se trata de tener suficiente, ahora se trata de tener más que los demás, se trata de exclusividad: Privilegio o derecho en virtud del cual una persona o corporación puede hacer algo prohibido a las demás.

    Prohibido por ley, no. Pero prohibido. Habitar la casa o el barrio que no se puedan permitir otros, vestir la ropa que no puedan ponerse otros, conducir el coche que no puedan llevar otros, la cena de Nochevieja que no puedan comer otros. Eso es lo importante, esa es la meta. Y si te disparan al corazón mostrándote la vida de esos otros … mirar para otro lado. Ojos que no ven, corazón que no siente.

    Y después de tan desalentadora y triste participación y aunque parezca mentira, os deseo a todos un feliz año 2024 y un mejor futuro. De verdad que os lo deseo, a vosotros y a todos, incluidos los orcos, aunque a veces, confieso, les deseo otras venturas.

    Nota: No os dejéis contagiar por mi amargura, yo mismo intentaré pasarlo bien esta noche tan vieja como yo y me permitiré soñar con un 2024 sorprendentemente bueno.

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    1. Y una cosa más, amigo: hacer nuestra parte. Poner en marcha nuestra capacidad de hacer que los demás se sientan bien a nuestro alrededor. Disfrutar de lo que nadie nos puede arrancar por más que lo anden intentando: nuestras ganas, nuestro proyecto, nuestro entorno.

      Hacer nuestra parte. Poner nuestras ganas. Crecer dentro de lo que es nuestro. Hacer crecer.

      Reposado, condurado, apreciado… porque hay en qué poner aprecio.

      Feliz 2024, amigo. Por difícil que nos lo hayan querido poner.

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      1. No sé qué hago con los dedos.
        Decía que has dibujado un mapa terrorífico, el problema es que no te has equivocado en nada. Ver las injusticias pasadas que provocan las injusticias actuales y hacen ver las futuras es desolador. Provoca una sensación enorme de impotencia.
        Y es verdad, esos orcos sacan lo peor de uno.
        Hay que darle la vuelta a la lente y convertirla en un microscopio, buscar lo pequeño, un gesto, una sonrisa de un ser querido, un pararse a mirar hacia arriba una noche clara sin luna (y sin contaminación lumínica) una canción escuchada en bucle.
        Esas pequeñas ayudas que nos muestran que si, a pesar de todo, la felicidad existe.

        Pues eso, muchas felicidades aunque no sea todo el tiempo.

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      2. Yo sigo apostando por recuperar las ganas… Creo que a estas alturas es todo lo que realmente me interesa. Y… ¿por qué no en 2024, en lugar de en 2025?

        Lo sé, lo sé: todo lo demás también pasa… Sí.

        Fuerte abrazo, amigo. Busquemos con esa lente de la que hablas eso que nos haga reconciliarnos con este mundo absurdo.

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  2. Año bisiesto, no espero nada bueno de el, pura estadística.
    Perdón por el retraso pero que un domingo sea víspera me descoloca.
    Escribo ya en nuestro 2024. Solo para desear a todas y todos un feliz año, por la cuenta que nos trae, lo que dejamos atrás echa fuego.
    Abrazos.
    (Siento mucho lo de tu hermana, esa espina nunca desaparece)

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    1. En efecto, no desaparece nunca. Te acostumbras a que ya no esté. Debe ser parecido a perder una pierna: te acostumbras a la de madera, pero siempre sabes que antes tenías dos.

      Feliz año nuevo.

      Gracias por andar siempre por aquí.

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  3. La pérdida de un ser querido es algo muy duro de llevar. Yo ya he perdido a unos cuantos. Ley de vida, dura de tragar pero ley. No hay nada con menos alma que las leyes de la naturaleza.
    En Rabbit Hole (más que recomendable) Nicole Kidman, que acaba de perder a su hijo de cuatro años, pregunta a su madre, Dianne Wiest, que también perdió a su hijo, si el dolor, esa pesadumbre, llega alguna vez a desaparecer. La respuesta es “no”, te acostumbras al peso como si llevaras un ladrillo en el bolsillo, te acostumbras pero el ladrillo sigue ahí.

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