No son bombas lo que tiran, ni usan drones provistos de armas mortíferas, no tiran misiles balísticos (que no sé lo que coño son). Tiran personas. En concreto cincuenta mil personas.
En la frontera más desigual del mundo, lo que se utiliza para guerrear son personas.
Algún imbécil puede creer que el asalto de cincuenta mil migrantes a la ciudad autónoma de Ceuta del otro día se debe a un movimiento espontáneo de la ciudadanía alentado por la regularización de medio millón de migrantes operada en España en las últimas semanas, o por la reciente sentencia del Tribunal Supremo que dice que no sé qué de las devoluciones en caliente de los migrantes que llegan por el mar sin superar elementos físicos de protección fronteriza… por resumir, que ha sido Sánchez —claro— el que los ha llamado.
Santiago Abascal y José María Figaredo han dado en el clavo del odio, el uno diciendo que si el Gobierno no echa a los inmigrantes lo tendremos que hacer los españoles (espero que no haya contado conmigo entre ellos para la faena) y el otro asegurando que no importa lo que digan el Constitucional o el Supremo, que hay que hacer lo que hay que hacer y que lo que hay que hacer es militarizar las fronteras.
Meloni (Italia) y otros mandatarios europeos (Finlandia República Checa y Dinamarca) han exigido la exclusión de España del Espacio Schengen (como si se pudiera). Meloni, un paso más allá, ha establecido controles en sus fronteras internas (aeropuertos, por ejemplo) haciendo desembarcar a los pasajeros de vuelos precedentes de España por las zonas reservadas a vuelos no Schengen.
Feijóo no me acuerdo de qué ha dicho, pero es irrelevante. Puede que haya exigido elecciones anticipadas, o tal.
¿Qué ha pasado?
Pues no se sabe.
Se sabe que cincuenta mil almas no se movilizan en tres cuartos de hora para que invadan un país extranjero. Eso sí se sabe.

Se sabe que Marruecos flirtea con Trump y con Netanyahu, que están enfadaditos por la posición que España ha tomado respecto de las invasiones ilegales de Irán y Gaza. También se sabe que desestabilizar la Unión Europea está en la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense y que estas peleillas son muy del agrado de Donald Trump. Se sabe que a Marruecos no le ha sentado nada bien la normalización de las relaciones de España con Argelia producida tras el viaje del presidente del Gobierno de España a Argel la semana pasada y tampoco que la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados haya dado luz verde a la tramitación de la ley que reconocerá la nacionalidad a los nacidos en el Sáhara mientras este territorio fue colonia española y a sus descendientes.
Lo cierto es que los ochenta y cuatro mil habitantes de Ceuta no pueden acoger a otros cincuenta mil, porque no caben. Y que han sido cincuenta mil.
Y es igualmente cierto que la legislación española sobre fronteras es la que corresponde a un país respetuoso con los derechos humanos y se cuida mucho de la dignidad de las personas al regular las llamadas devoluciones en caliente que, precisamente, han quedado prohibidas por el Tribunal Supremo hace escasas semanas en relación con las personas que entran ilegalmente por el mar sin superar, como decíamos, ningún elemento físico de contención fronteriza.
Que la legislación española se cuide de la dignidad de las personas e, incluso, que se reproche administrativa o penalmente el exceso de celo en la vigilancia de la integridad territorial por parte de las fuerzas del orden cuando se produce el maltrato a las personas migrantes nos enorgullece.
A Abascal, no. Ni a Figaredo. Ni a Feijóo. Ni a Meloni… A estos no. Es a las personas de bien a las que nos enorgullece. A las que no aprovechamos las crisis fronterizas ni los incendios forestales para atacar al Gobierno… eso: a las personas de bien. A las que no vendemos áticos millonarios para tapar la corrupción con la excusa de dedicar el dinero a compensar a las personas que lo han perdido todo bajo el fuego.
Y es que no se crea que somos tantas las personas de bien.
La señora esta a la que conocemos como la princesa de la cerveza y la libertad ha tenido el rostro de vender un ático de 480 m2 comprado con incomprensible opacidad en el barrio de Chamberí por seis millones de euros, una vez que la operación (la compra) ha sido descubierta. Ha metido en el paquete otros cuatro inmuebles en la Gran Vía completando una bolsa de veinte millones de euros y ha tenido la cara, sin despeinarse, de justificar la venta en la necesidad de financiar la reconstrucción y ayudar a los afectados por los graves incendios, como si a base de bajar los impuestos la Comunidad se hubiera quedado sin dinero para atender a las necesidades básicas de las personas.
Es como si todo se redujera a la simple afirmación ‘las personas primero’. No las use como ariete contra la soberanía de sus vecinos; no las use como excusa para tapar sus vergüenzas inmobiliarias; no las categorice como de primera o de tercera según provengan de un mundo o de otro…
Ceden despacio las llamas del pavoroso incendio del centro de España; vuelven a casa cuarenta y ocho mil de los cincuenta mil marroquíes que habían roto la frontera de Ceuta, a excepción de los sesenta y siete que han perdido la vida en el intento. Feijóo sigue diciendo cosas que no importan… y el verano, agosto, va superando su cuarta ola de calor.
Así, a duras penas, la vida sigue.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
tenemos un verdadero problema con con el señor ese que le gusta la fruta, (palabras de la señora Ayuso) que nos va a intentar joder bien jodidos, con rendimiento para quien? ah si para el señor Abascal y Feijo que en vez de demostrar su Valia apoyando lo necesario para cortar de raíz los incendios, problemas de desembarco de Normandía, etc.
no tenemos solución España necesita cordura que no la hay y en estos casos como fuente ovejuna todos a una, ah no que cada uno por su lado comprando áticos y cosas, eso del ático no ha sido Zapatero o Begoña verdad? no ha sido la señora Ayuso , ah eso no cuenta tiene absolución papal.
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¿Ves? Eso es lo bueno de ser de derechas: que los papas, que rojos no son, te absuelven y protegen de todo mal. Igual que los jueces, que haberlos los habrá de izquierdas, pero que son los menos.
¿Imaginas que ante lo que ellos mismos han llamado una invasión, las fuerzas políticas se unieran para defender los intereses del país? Eso solo ha pasado cuando ha gobernado la derecha, porque los de la izquierda, en la oposición, saben ser partidos de Estado.
Los intereses de la derecha van por otros derroteros. Está claro. Españoles y muy españoles, pero la patria les importa un huevo. Como a mi, por otr parte, pero yo no hago causa de ella.
Sigamos… avancemos… dejémoslos atrás.
Abrazo enorme, amigo.
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Lo primero que me llamo la atención fue las caras de alegría, desbordantes sonrisas, risas, enorme júbilo, signos de victoria, de haber conseguido el objetivo, de haber alcanzado la meta: habían pisado suelo español, tierra de ricos, una oportunidad. Alguno besaba el escudo de una camiseta española, se abrazaban, daban saltos de alegría, brincaban entusiasmados, empezaba su «sueño americano», versión europea, su sueño español.
Qué ilusos. Escapan de quienes los matan de hambre, de quienes los condenan a una vida miserable y no saben a donde llegan, no saben que aquí les espera odio y desprecio, que aquí serán tratados como apestados, que aquí no los quieren, los temen.
Luego, pasada la primera impresión, ya va uno fijándose en otras cosas, va uno entendiendo muchas cosas y va siendo testigo de lo peor de la naturaleza humana, de sus miserias, de su egoísmo, su crueldad, su vileza, el oportunismo de los más desalmados.
Pero todo eso vino después. Lo primero que vi fue una ilusión en esos desdichados que casi me hizo llorar. Poco duró. Tan poco como a ellos les duró el engaño. Y llegó el desengaño, la desilusión. Pobre gente.
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