Ya hemos visto que Sánchez, cuando le pasa algo gordo, se quita unos días y luego vuelve, to grave, a contarnos qué ha pensado.
Eso es bonito.
Habrá quien piense que no, que a esos sitios se viene ya con las cosas pensadas o que se piensan más deprisa, pero es bonito imaginarlo en la intimidad de sus tribulaciones, con la mirada prendida entre dos páginas del libro que no puede seguir leyendo y pensando en voz alta.

¿No?
— ¿Y si perdemos?
— Pues nos vamos a casa, que tú también, ¡qué apego!
— Que no, que no es eso, que pareces Cuca Gamarra. Es que ¡qué responsabilidad!, con lo de Ceuta, con los juicios… después de lo de David… ¡yo qué sé!
— Tú convoca. ¡Si no tienen media hostia! Tienes la calle revolucionada, a Feijóo diciendo mamonadas, a Abascal retratado con su legión de imberbes que dan miedo y sus gorilas que dan aún más miedo, Puigdemont amortizado… ¿qué puede salir mal?
— Es que los imberbes son muchísimos y Ayuso sigue sin hacer viviendas pero moviendo masas. No lo veo.
— ¿Qué dice Patxi?
— Que convoque.
— ¿Y Félix?
— Que convoque. Están todos de acuerdo, cabrones… Dame un cigarro.
— ¡Pero si tú no fumas!
— Un día es un día.
Llaman a esto una ‘ventana de oportunidad’ y parece que de aquí en adelante las cosas no van a ser fáciles para el Ejecutivo, con Junts echada al monte y los socios del Gobierno tocando los huevos para diferenciarse de lo que sobradamente es diferente haciendo guiños a su electorado. Con la calle movilizada contra la derecha, parece el momento.
El asunto Ábalos-Cerdán-Koldo, pesa. El asunto fiscal general del Estado, no, ni el asunto Begoña, porque el que más y el que menos, solo habiendo leído un poco, ya sabe de la guerra sucia o muy sucia que una parte relevante de la judicatura tiene abierta a favor de ‘el que pueda hacer que haga’ incluso desde antes de Aznar. El asunto Zapatero no sé bien bien si pesa o no, o cuánto pesa. Los mil y un temas que tiene ahora mismo el PP ventilándose en los tribunales, se ve que pesan muy poco o nada.
Lo que más debe pesar (en la decisión) es la presión que ejercen las baronías para que las elecciones generales se anticipen a las autonómicas y locales (cuarto domingo del próximo mayo) a fin de evitar que la ola derechista contra Sánchez (que haberla hayla y abarca lo inabarcable) arrastre al resto de los candidatos. Esto en el bien entendido de que un voto de castigo al presidente vería calmada la rabia que se haya podido despertar contra las siglas y dejara las conciencias y la sed de venganza apaciguadas para los comicios territoriales. No descubro nada.
España va bien (que hubiera dicho el otro). La economía o el empleo, inmejorables a pesar de las crisis energética y de la defensa que genera la alocada política (¿política?) del Plan de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (traducido a MAGA). Los derechos individuales crecen. El aliento de Sumar y ahora en menor medida de Podemos en el cogote del PSOE izquierdiza (para bien) las políticas a favor de la ciudadanía (SMI, pensiones, eutanasia…). La posición internacional del país (que se debe fundamentalmente a la defensa del presidente de unas relaciones internacionales basadas en las reglas del derecho de guerra y del derecho humanitario) es la más relevante que se ha vivido desde la Guerra Civil.
Al otro lado, la estrategia de pactos en el Congreso, el cambio de rumbo en determinadas políticas previamente prometidas, las concesiones a Catalunya y la amnistía o los indultos (a pesar del éxito indiscutible en el enfriamiento de los ánimos que creó el procés), algunas salidas de tono de los socios a su izquierda y el mal cálculo que se ha hecho de la dimensión de algunos asuntos, como los de Ceuta y la vivienda, han abonado un ruido insoportable que cultiva con ahínco la derecha desde el primer día del Gobierno progresista y que ha calado en gran parte de la sociedad, incluidos sectores relevantes del propio partido.
El PP fue la fuerza más votada en Madrid en las elecciones municipales de 2015, apenas dos años después de que Ana Botella, la entonces alcaldesa, vendiera a un fondo buitre 1.860 viviendas protegidas. Ya buscaremos culpables de esta crisis. Veníamos de dónde veníamos. Habrá que acordarse de eso también.
Finalmente la ola de ultraderechismo, sustentada en ese populismo xenófobo pestilente que hace fortuna inexplicablemente en el mundo, no ha pasado de largo por España. Se ha instalado abrazada a un discurso de odio de tremendo éxito ensayado por Vox y seguido a pies juntillas por el Partido Popular que, tampoco en esto, habla con voz propia. Y Ceuta dejará su poso también en la consulta.
Así que, por si alguien se lo preguntara, si yo fuera el presidente… lo estaría pensando.
— Pero ¿que qué hacemos?
— Y dale… ¡que convoques!
— Jodeee…
El dibujo es de mi hermana Maripepa.