Y todo por 50 euros

IMG-20180722-WA0000.jpgSe hizo viral esta semana la historia de una señora que acudió la sucursal bancaria para sacar de su cuenta 50 euros. Después de hacer la correspondiente cola, el probo empleado, presumo que de no muy buenas maneras, le espetó que el mínimo para sacar en ventanilla eran 200 y que, si solo necesitaba esos 50, los tenía que sacar del cajero automático. La señora le explicó que a los 90 años de su edad no estaba para cajeros automáticos a lo que, impertérrito, el sujeto que tiene por oficio atender al público (o sea, hacer las cosas fáciles a los demás) pero que con toda probabilidad él no lo sabe,  le dijo que no había más solución. La mujer, lúcida aún a su edad, rectificó el pedido y solicitó del empleado los 200 que como mínimo podía obtener. El ventanillero le dio sus 200 y cuando preguntó a la anciana si quería alguna otra cosa esta contestó: sí; ingresar 150.

Si alguien imaginó que las enormes ventajas que aporta la tecnología a las rutinas de cada día tenían por objeto facilitar la vida a las personas, se equivocó de plano.

El verdadero objeto de la tecnología es la competitividad. Y ya molesta.

Traduzco competitividad: Ganar más pasta. Mucha más pasta.

Salvo en la Administración Pública, que tiene por Ley la obligación de mantener abiertos todos los canales posibles de atención a la ciudadanía (el telemático, el telefónico, el presencial), las empresas que prestan servicios se relacionan de manera electrónica con sus usuarios, solo, porque le sale infinitamente más barato que mantener los salarios de los trabajadores que tendrían que tener en sus plantillas para ofrecer una atención digna de forma presencial. Solo.

Telefónica tiene en la Gran Vía de Madrid (no sé si también en la de Barcelona) un departamento de atención personal con una larga cola de personas mayoritariamente muy mayores al que puede uno acudir para resolver sus cuitas si cuenta con varias horas libres por la mañana. Solo uno. Solo en Madrid (y a lo mejor en Barcelona, pero no me consta) y prácticamente desconocido. El resto de los mortales, incluyendo a la casi totalidad de madrileños y madrileñas (un único departamento no da para mucho más y su existencia es casi un secreto), las tienen que resolver a través de Internet, mediante una aplicación que yo mismo he sido hasta la fecha incapaz de desentrañar. No hay oficinas. Tampoco para la cosa de la luz, o la del gas. No hay más oficinas, rectifico, que las que sirven para vender, ampliar o contratar todo tipo de servicios. Esas sí que están.

La otra solución es el teléfono. Un call centre (centro de atención de llamadas, para entendernos) atiende tu problema desde algún país en el que los salarios sean muy baratos y trata de hacerte entender la incomprensible oferta: No, no, te explican, la tarifa “morsa” tiene más gigas, pero los minutos de llamada entre las 08:25 y las 09:32 son mucho más baratos si contrata el bonus extra “madrugar sí que mola”; el bonus “siesta” es solo para jóvenes de entre 30 y 45 años e incluye minutos navegación a 30 megas después de comer. Eso sí, son comulative minutes, o sea que si le sobran de este año, los puede usted emplear el que viene. Y tú te desvaneces. Pero tu madre se muere.

— ¿Señora? ¿Sigue ahí? ¿Le he comentado que si contrata la tarifa Trump le hacemos un descuento en sus llamadas a Rusia? Parece una tontería pero nunca se sabe cuándo va a tener que llamar uno a Rusia…

— ¡Agggg!

— No se ría, es como le digo, talmente. ¿Usted necesitará roaming?

De la brecha digital ya no se habla. Se habló cuando reducirla comportaba beneficios para quienes la habían creado (vender más ordenadores, extender el negocio de redes…).  Pero ya no es el caso porque la tecnología es prácticamente un mercado saturado.

De la que se ha creado a base de permitir a las compañías abaratar costes en los servicios de atención a los usuarios, aún a costa de hacerlos inutilizables para el común de la ciudadanía de más de 70 años, por ejemplo (ni siquiera la oferta de residencias de ancianos está accesible a este grupo de edad) o aquejada de cualquier otra suerte de discapacidad social de las que tanto abundan, de la que se ha creado con el objetivo de fortalecer la competitividad de las empresas (su cuenta de resultados), de esa brecha digital ya no se habla.

Y nuestros mayores cada vez más distanciados de una realidad que te obliga a relacionarte con quienes te proveen de lo necesario a través de un entramado tecnológico inalcanzable, cada vez más incapaces de acceder a los servicios que masificadamente se ofertan a las clases productivas: ninguno de nosotros va a la ventanilla a por cincuenta euros. Son nuestros padres los que no saben utilizar el cajero automático.

A mi madre, en concreto, todo esto se lo resuelve mi cuñado… Yo me siento incapaz.

Ellos, los que nunca van a acceder a la banca on line están fuera. Los hemos dejado fuera. Afortunadamente, se van muriendo.

Sin duda, más pronto que tarde, seremos nosotros los incapaces de manejar la tecnología que esté al cabo de la calle. A ver si para entonces nuestras nueras son igual de comprensivas.

El dibujo es de mi  hermana Maripepa.

12 respuestas a “Y todo por 50 euros

  1. Tengo que reconocer que me equivoqué en mi predicción pense que hoy tocaba dar la enhorabuena a cospedal por lo de casado, un fallo.
    señores funcionarios de banca, ostias casi nada, como en todo por suerte solo se lo creen unos pocos el resto afortunadamente son muchas mas personas que las saben dar su servicio de forma correcta y servicial , y lo digo convencido, yo en el trato con que he tenido con los bancos desde que soy usuario y ya son muchos años, solo me ha tocado un par de veces lidiar (esa es la deficicion) con unos cabezas cuadradas endiosados sobre los demas sobre todo con la gente humilde y mayor de los pequeños pueblos ( ya lo dijo el poeta gente de pueblo gente paleta) pero repito por fortuna solo dos de los muchos que he conocido de diversas entidades bancarias, y al contrario tenemos otros muchos que colaboran, hacen de gestores, asesores de toda esta gente mayor que no llegan a las nuevas tecnologias.
    en los casos como la señora de los cincuenta euros ( que al final la señora le demostro ser mas inteligente que el) tiene que tener un superior que le ponga las pilas, y si no se le retira de cara al publico.
    justo yo ya no tengo padres,me queda mi suegra pero no tengo ningun cuñado en banca, mala suerte.

    buen domingo.

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    1. Romper una lanza por los empleados de banca. ¡Me uno!

      Tienes razón en que estos a los que conocemos se esfuerzan por prestar un servicio digno a sus clientes. Más aun los que trabajan en pueblos pequeños, que conocen bien a cada uno y saben que su ayuda le es imprescindible. Es verdad: esos molan.

      Lo fatal viene cuando la cosa se despersonaliza y en las grandes sucursales urbanas te encuentras con sujetos desconocidos que solo atienden a las normas.

      Las normas son las que no están pensadas para las personas sino para los beneficios. La aplicación de la tecnología es lo que no hemos sabido poner al servicio de la gente, sino de los intereses de las grandes corporaciones.

      Y lo de Casado/Cospedal… Es que me daba muchísima pereza… Son tan previsibles como aburridos. Y ¡tan de derechas…!

      Un abrazo, Juan Carlos. ¡Gracias!

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  2. Nuestro mundo sigue con o sin nosotros. Da igual si con cada avance tecnológico, organizativo…. Dejamos a media población fuera. Lo que importa es el avance, un avance cada vez más lejos de muchos y sólo accesible a los más Jóvenes, ricos y listos….. Pero no se vosotros yo cada vez creo que somos más los que nos quedamos fuera, a los cada vez nos cuesta más seguir el ritmo… Será que quieren extinguirnos?

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    1. Los que no somos, ni jóvenes, ni ricos, ni listos, somos tantos más que dentro de nada los sabios de los negocios caerán en la cuenta de que si nos dejan fuera nadie les va a seguir haciendo ricos.

      Al menos en ello confío…

      No creo que quieran extinguirnos ¿quién compraría sus minutos o gastaría sus kilovatios/hora o consumiría sus kilos de gas…?

      Lo que quieren es que consumamos sin protestar y a los precios que nos dicen, sin que tengamos, ni siquiera, el derecho a entender la factura de la luz (supongo que si la entendiéramos estaríamos tan cabreados por lo que pagamos que llamaríamos a la desobediencia civil).

      Nos dejan fuera de sus organizaciones. Nos quieren extinguir como sujetos de derechos, pero nos adoran como consumidores sumisos de todo lo que nos venden. Y, claro ¿se puede sobrevivir sin un smartphone?

      Ya se ha llegado al estándar deseado: cada ser humano del primer mundo cambia de móvil cada año. Y valen 500 pavos… ¿qué mas necesitan? Nuestras opiniones no y mucho menos nuestras quejas. Mientras no se hagan virales no son un problema.

      ¡Un beso muy Grande, Inma! A seguir buceando en los CRM’s… Y que sea lo que Dios quiera. ¡¡GRACIAS!!

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  3. No, si tiene sentido. Al principio y al fin, esto es dinero. ¿Que importa tu madre o la mía? Al fin ¿cuál es su poder adquisitivo? ¿Qué importan sus 50€?.no es que las tecnologías no son para ellas, es que está vida, está sociedad, está política, no son para ellas.
    Lo que no somos capaces de ver, lo que no quieren que veamos, es que una sociedad es para todos, no será para nadie…., pero mientras la rueda gire, o los asnos continuemos persiguiendo la zanahoria….

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    1. Al final no alcanzo a inteligir si estas decisiones las toma alguien o simplemente suceden y la exclusión se produce por la mera no inclusión de las personas en los planes de negocio de las compañías.

      De esta forma tú eres más importante cuantas más empresas busquen algo de ti e infinitamente menos cuando ninguna necesita tu dinero. Y aquí se ventila todo el problema: o eres el target de alguien o no eres nadie.

      Que cosa tan brutal estamos consintiendo, mientras somos alguien, que construyan a nuestro alrededor.

      Qué mala pinta tiene… todo.

      Un abrazo, Ricardo. ¡GRACIAS!

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  4. Tristemente es la realidad, dentro de unos años habrá muchos más puestos suprimidos ya que todo se hará on line. No solo las personas mayores se quedan obsoletas con el tema de las nuevas tecnologías, como no estes un poco al día no consigues seguir el ritmo y necesitas hacer un máster para pedir una simple cita para realizar algún trámite! Cada vez lo ponen más complicado…
    A ver si subo a veros esta semana. Un abrazo Justo

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    1. Sí. Además eso…

      El empleo también sufre, aunque también eso tiene que ver con la competitividad: La tecnología, en lugar de servir para tener mejores condiciones laborales, la hacen servir para evitar costes salariales.

      Es curioso que siempre perdamos los mismos…

      Un beso fuerte, Elena. Ya sabes que será un placer verte por ahí. ¡Gracias por venir!

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  5. Como te gusta ponerme el dedo en la yaga!
    Y sin menospreciar a todos los habitantes no digitales de este planeta (es decir todos aquellos nacidos antes de 1990 aproximadamente), que nos va a costar lidiar con la imposición de las nuevas tecnologias, si queremos como sino, de nuevo el sector bancario, al que sabes que conozco profundamente, vuelve a ser la diana de coraginas de todo el mundo, y explico,
    La mayor parte de las plantillas de los bancos, No Somos digitales.
    El sector bancario, con una reducción de entorno al 40/50% de puestos de trabajo, debido a la digitalización, competitividad, ventas minuto y resultado, etc. y la criminalización a la que hemos sido sometidos, debido a la mala gestión, (ó buena para sus bolsillos) de una actividad que ha dejado de ser productiva, nos puede ocurrir que en algun momento, se nos pueda observar mala cara. Un mal dia lo tiene cualquiera. Sobre todo cuando no has vendido lo que te han mandado. Cuando no estas en la media de los ratios de productividad, cuando no te ha dado tiempo a realizar el numero minimo de llamadas agendadas, etc, etc, etc. Pues si, a veces puedes topar con alguien que no tenga su gran dia. Os aseguro, que me comprenderiais, si conocieseis las penurias, que pasan los compañeros, entre la espada y la pared. Siempre los malos.
    Queda poca gente que duerma sin orfidal. Queda poca gente que no tenga miedo a ser trasladado y arrancado de su entorno social y familiar a causa de un nuevo ERE. Queda poca gente, que no tenga “miedo” de perder su puesto de trabajo despues de varias decadas entregadas a las grandes corporaciones, con una edad, en la que comenzar de nuevo no es tan fácil.
    Vaya si nos estan haciendo daño las tecnologias.
    A algunos, más que a otros.
    Por cierto, mañana marcho a Mallorca de vacaciones…. por si andas por alli
    Besos

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    1. Los empleados de banca, los fontaneros, las empleadas de farmacia, los auxiliares de clínica, las aparejadoras, los fresadores… todos menos los registradores de la propiedad tienen derecho a tener un mal día. Ya se comprende.

      La presión a la que se somete a los empleados de banca la conozco bien (te sugiero la atenta lectura de mi última novela, aunque no debería, para estos días en Mallorca) y sé que es agónica. No es a eso a lo que dirigía las críticas de esta entrada, aunque el empleado que mal atendió a la señora de 90 años tenga papel protagonista.

      Es al pésimo uso que estamos permitiendo que la sociedad haga de las tecnologías a lo que me refiero. Ese uso que hace que sobren tantos empleados en la banca o incluso que su modelo de negocio avance hacia uno que se liquida en la red.

      La brecha digital tiene ese otro componente… la liquidación de los puestos de trabajo que servían para atender las necesidades ordinarias de las personas, que ya se ventilan en Internet para quienes tienen pleno acceso a este tipo de relaciones… que son tan pocos.

      Un mundo nuevo que ahora, con la robótica, con la biónica, veremos crecer hasta cotas que no somos capaces de imaginar… y nunca en beneficio de las clases trabajadoras, ni de las clases desfavorecidas… Ni siquiera de las clases más pudientes que tienen acceso a este tipo de relaciones no-humanas. No es en beneficio de las personas, en suma. sino de las cuentas de resultados. Aunque detrás de ellas, como siempre, haya personas.

      Un beso muy grande, Petra. Disfruta de la isla. Y llévate ‘El plan de pensiones’, que va precisamente de eso.

      Y GRACIAS POR VENIR

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  6. Creo que llevas razón, a veces el fin no justifica los medios, el fin ganar mucho dinero no justifica el dejar de atender. Es verdad, que tenemos que distinguir, entre empresas y ciudadanos. En tu caso los ciudadanos existe un alto indice de personas que sus conocimientos en todas estas cuestiones es alto, también es verdad que muchos hablan de no saben pero luego los ves con su móvil ultima generación, whatsapp, instagram, facebook, twitter etc. y luego se quejan de usar el cajero automático.

    Ya sabes que en unos años el sacar dinero se va a reducir a los cajeros solo. Cada vez mas las empresas usan el medio telefónica, web, etc.. para atender a sus clientes o futuros clientes. Se pierde esa atención personalizada, casi humana a veces del trabajador-cliente.

    Y eso que te atienda un humano, cada vez mas la operadora virtual, que es quien te atiende. A mi me pone muy nervioso, mi compañía de teléfono si llamas para cualquier cosa lo primero te leen tus derechos como si fuese un delincuente, luego me dice el saldo, y casi tengo que adivinar por intuición que tecla tengo que pulsar para hablar con un operador, si me equivoco me dice otra vez el saldo, horrible.

    Creo que en el punto medio, esta la virtud, muchos queremos hacerlos de una manera electrónica, y otros mas presencial, las dos tienen sus ventajas y sus desventajas, a veces es mejor usar una que otra, por rapidez y otras por humanizar el trato.

    Esto parece un guiño a tu personaje de “El plan de pensiones”.

    Un saludo.

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    1. Fíjate: creo que ahí está la clave de gran parte de lo que sucede. Al final todo dios tiene en sus manos el smartphone de última generación y, además, lo cambió hace tres semanas porque el otro se le había quedado viejo…

      El móvil y otro sin fin de dispositivos que va comprando a plazos a base de “permanencias”

      Con eso el mercado se tranquiliza. O, mejor dicho, se sacia. Ya tiene el volumen de negocio que necesita, a pesar de que el usuario sea prácticamente lego en el manejo de las herramientas que incorpora y que necesitaría para pasar del cajero automático o de la cola de la ventanilla.

      Es curioso. No sabe para lo que sirve en realidad, pero tiene uno de los más potentes.

      Así que, saciado el mercado (ya capturó su cuota) la atención a las necesidades de ese mismo individuo queda tan en un segundo plano que las grandes corporaciones se atreven a prestarla a través de esas centralitas virtuales INSOPORTABLES, a las que nos someten cuando tenemos el más mínimo problema.

      ¡QUÉ ATREVIMIENTO! Y qué sensación de impotencia al no poder mandarlos a tomar por culo… por que la máquina te dirá con su voz metálica “no tenemos ninguna solución para CULO. Inténtelo de nuevo pasados unos minutos”.

      Y la brecha crece. Y cada vez más prisioneros de esos servicios ‘on line’ que apenas sabemos usar. Y los grupos que no tienen acceso a ellos, cada vez más lejos, cada vez más fuera.

      Un verdadero lío para afrontar la tercera década del siglo XXI. Ya veremos.

      Un abrazo, Antonio. Otra vez de acuerdo… Hablaremos de Casado que, a lo mejor, también coincidimos… GRACIAS.

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