El soldado de primera clase Wellington Rodríguez

El soldado de primera clase Wellington Rodríguez es ciudadano norteamericano, así que también se siente ciudadano de primera clase.

Wellington Rodríguez es republicano y casi entiende al cien por cien la lengua de sus oficiales, pero las órdenes las comprende con nitidez. Todas. Cien por cien.

En el examen de ciudadanía le preguntaron por el Día de Acción de Gracias, el Congreso, la Primera Enmienda, por el Himno, por las guerras, por los presidentes y algo de geografía. Acertó 92 de las cien preguntas y realizó una entrevista brillante. No tardó en alistarse en el Ejército. Ni dos años habían pasado y Wellington Rodríguez ya era soldado de primera clase.

Hoy está en Texas. Con órdenes claras repetidas en inglés y en español. Armado con un MK de calibre 5,56×45 equipado con bayoneta y lanzagrandas de 40mm. Está esperando a la columna de migrantes que se acerca a la frontera con México, aunque todavía les quedan 1.200 kilómetros por recorrer.

Son unos 3.000 soldados, pero el presidente Trump ha prometido llevar allá hasta 15.000. Más de los que hay destacados en el conflicto de Afganistán.

Y Wellington tiene la orden de disparar a matar.

Wellington Rodríguez nació en Honduras.

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La historia es caprichosa. Wellington lo sabe. Los Estados Unidos de América se construyeron a base de migrantes de varias naciones europeas (españoles, ingleses, franceses, neerlandeses) que consiguieron hacerse con los territorios que ocupaban los habitantes originarios, indios americanos, a los que recluyeron en reservas y hasta casi exterminaron, excepción hecha de los que trabajan en salones de espectáculo. Lo sabe porque lo estudió para el examen de ciudadanía, aunque en su libro no lo ponía exactamente así. Lo que no sabe es en qué momento los migrantes dejaron de ser bienvenidos, ni por qué no valían los de Honduras, o los de México, o los de Guatemala o Belize. Eso no lo sabe.

La columna de migrantes viene andando. 1.200 kilómetros más y estarán a las puertas de una vida que han imaginado sin miseria. Solo sin miseria. Pero son muchos. No son distintos, porque Wellington Rodríguez tiene su mismo color y habla su misma lengua, pero son muchos. Y, además, son pobres. Algo muy malo puede suceder si otros pueblos deciden imitar a españoles, franceses, ingleses, neerlandeses y recluir en reservas a los republicanos, actuales nativos, para exhibirlos años después en un saloon repitiendo como papagayos aquello de ‘América first, América first, América first’, con un pelucón amarillo.

Estos que llegan no son ciudadanos de primera clase como Wellington Rodríguez, que ya se ha ganado por sus méritos la condición de estadounidense. Son sobras de la sociedad, gentes que no han sabido hacerse a sí mismos para progresar en la vida y vienen a los Estados Unidos a vivir de la sopa boba y quitarle el trabajo a los ciudadanos honrados. A lo mejor todos ellos quieren ser soldado de primera clase. Ellos y ellas, que ahora las cosas no son como antes.

La misión de Wellington es impedirlo. Y sabe que podrá. Porque los Estados Unidos de América no van a soportar semejante invasión.

Luego volverá a New Jersey dónde su novia, hondureña como él, le espera para formar una familia de americanos del norte.

Y no le podrá contar a sus hijos americanos del norte que una vez, allá por el año 2018 o 19, disparó su MK de calibre 5,56 contra sus hermanos americanos del sur para que nunca, nunca, nunca les quitaran el trabajo.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

12 respuestas a “El soldado de primera clase Wellington Rodríguez

  1. Wellington lo sabe, lo que no sabe o si sabe y no puede comprender es que un mico descerebrado pueda haber sido elegido para gobernar un psis tan poderoso como los Estados Unidos de América, tendrá que disparar? Seguro lo manda el todo poderoso y tiene que disparar como bien dices contra los creadores de los Estados Unidos una pena pero lo han votado y lo que realmente parece mentira es que siendo tantos habitantes fundadores de distintos países salga triunfando de unas elecciones, esto es la democracia y tenemos que decir bien coño bien.

    Buen domingo

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    1. Es curioso cómo la democracia va terminando poco a poco con la propia democracia a base de permitir la llegada al poder de semejantes sujetos.

      La ola viene del otro lado ahora. Del de la derecha. Lástima que no sea una derecha bien ideologizada y razonable, sino esa que representan Salvini, Bolsonaro o el propio Trump, sin más pensamiento político que que patrioterismo cínico que sirve para forrarse ellos y sus clubes.

      Esperemos que nadie tenga que disparar en ese enfrentamiento absurdo al que conducen el hambre de los unos y la indignidad de los otros.

      Un abrazo, amigo Juan Carlos. Gracias por tus reflexiones siempre tan atinadas.

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  2. Tengo amistades en El Salvador. Dos familias, el padre de una de ellas no conoce a la hija mas pequeña porque cuando se fue a gringolandia la madre estaba embarazada. Claro la ve y habla con ella por Whasapp pero no es lo mismo que sentir el calor cercano. Este padre vive preso porque en los catorce años que lleva allí nunca ha “echado papeles” , por no saber, por no estar informado, por analfabetismo.. quien sabe.. el caso es que vive preso allí porque claro si sale ya no puede volver y su familia si necesita las remesas, ( de las cuales se paga un impuesto en El Salvador, el Estado se lleva un pellizco de lo que esta gente puede enviar a sus familias), se supone para financiar la policía y las fuerzas armadas que mueren un dia si y otro también, con lo cual el estado se convierte en una mara mas que cobra por protección que no da.
    Trabajar.. por ejemplo en un taller de confección de ropa, si si.. allí también hay talleres de esos.. donde una operaria cobra 200 dolares usa al mes y si ya lleva mas de seis meses tiene acceso a paquetes o descuentos de comida.
    En España un litro de leche semidesnatada en Mercadona cuesta 70 céntimos de euro creo.. En El Salvador, concretamente en Santa Tecla a 20 kms de San Salvador un litro de leche cuesta 90 centavos de dolar.

    Ese trabajo.. si tienes la mala suerte de que esté situado en el territorio de otra mara llegará un momento que te trataran de “vocera/o” lo que aquí es un chivato, si tienes suerte es posible que solo te lleves una paliza y la amenaza de que no vuelvas a aparecer.. o te matan.. con lo cual se deja el trabajo de un día para otro.

    Si una mara por la causa que sea.. incluso que alguno de sus integrantes se encapriche de una chica joven.. y le rechace.. pues ya puede toda la familia lo poco que pueda y cambiar de aires antes de que esa mara los mate a todos.. Se pueden encontrar casas.. pequeñas granjas abandonadas por esa causa donde las maras tienen mas influencia.

    Esa es la vida de esas “malas personas” como los describe el sociópata ese que hay en la Casa Blanca y al que ha dado orden de disparar a: “El soldado de primera clase Wellington Rodríguez” .

    En parte Trump “tiene razón” son “malas personas”, porque en esos países tan pobres el instinto de supervivencia prima por encima de cualquier otro. La pobreza nos hace egoístas, mezquinos y allí si algo sobra es pobreza y la necesidad de sobrevivir.

    Feliz domingo

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    1. Gracias, Javier.

      Aspirar a una vida digna mata.

      Hemos construido un mundo realmente extraño. O nos lo han dado construido, pero es muy raro que nos dejemos hacer, tantos como somos, tanta tropelía.

      Un abrazo, amigo. Tus reflexiones siempre nos aportan cosas interesantes. Gracias por eso.

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  3. “Entre tu pueblo y mi pueblo hay un punto y una raya,
    la raya dice no hay paso el punto vía cerrada… Porque estás cosas no existen si no que fueron creadas para que mi alma y la tuya estén siempre separadas…” Punto y raya. Soledad Bravo. 1972.
    ¿A quienes han interesado siempre las fronteras? Si nos respondiera os a esa pregunta quizás también le encontraríamos explicación a muchas cosas que están pasando.
    Nos han dejado jugar con aquello de” la aldea global”, creer que otro mundos y otros modos eran posibles, pero, al cabo, cuando ha hecho falta, no se ha tenido escrúpulos en que detenten el poder, ellos sí, “malas personas”, Trump, Bolsonaro, Putin,….
    Nada es casual. Vamos donde nos llevan.

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    1. Aquellos cantores…

      Es curioso, sí. Nos han dejado jugar, pensar en alto, diseñar formas más inteligentes de organizar la convivencia, para llegar aquí donde estamos, que es donde siempre. O un poco peor, porque ahora sabemos que otra manera de estar es posible.

      O, mejor dicho, ahora sabemos que hay otras maneras, pero que nunca nos van a dejar ensayarlas.

      Es una barbaridad que esté gobernando el mundo quién lo está gobernando. Es una puta barbaridad. Pero ahí están. Y los seguimos eligiendo democráticamente.

      Sus fronteras les son útiles. Muy útiles. Y nos hacen creer que a nosotros también. ¡Qué cosas! Nos lo creemos hasta defenderlas con la vida (en México como en Ceuta), con la vida de los otros.

      Gracias, José Ricardo. Voy a buscar a Soledad Bravo un ratito, para acordarme de cómo lo sentíamos entonces. Que es como ahora.

      Un abrazo muy fuerte.

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  4. Wellington ha sido llevado al convencimiento de que es un tema de supervivencia: o la caravana o él. Se ha simplificado el problema tanto que el pobre Wellington no tiene otra salida que disparar. Disparar y crear unos hijos en New Jersey que no hablen español y que escondan sus orígenes. Porque está bien ser de origen germánico, pero los latinos son delincuentes que matan. Los blancos sólo roban legalmente y exterminan por agotamiento, sin violencia. Esa la ejercerá Wellington

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    1. Eso es.

      Wellington es un chico muy útil a la sociedad blanca. Mantiene limpias las calles y las fronteras, adora su nueva bandera y cuando juró lealtad al presidente se le saltaron las lágrimas.

      Ya se sabe en primera clase. Ya ha evitado que otros vengan a quitarle el sitio y a molestar a los que le pagan el salario.

      Ha tenido que matar. Pero ese era el precio. Y, seguramente, no se lo contará a nadie.

      Sus hijos tendrán un empleo de mierda. Pero ese es mejor que ningún empleo. Y ahí de donde vienen no habría ningún empleo para ellos. Ningún futuro. Ninguna posibilidad.

      Es así: O la caravana o él.

      Un abrazo muy fuerte, Mitin. Muchísimas gracias por venir.

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    1. Antes al contrario, nos movilizaremos como patrullas ciudadanas fuertemente armadas para impedir la invasión.

      Eso ya está pasando.

      Un beso fuerte, Chelines.

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