Dinero. Pero mucho

Antonio Miguel Carmona es la prueba viviente de que la coherencia no existe.

Esto no es bueno ni malo. Es solo un dato a tener en cuenta como base para establecimiento de las relaciones sociales presentes y venideras (sobre las pasadas poca influencia tendrá), sabiendo que todo el que puede pagar cuatrocientos mil al año tiene razón. Tiene cuatrocientas mil buenas razones para reírse de ti, de tus correligionarios, de los principios, por sólidos que los creyeras, que marcaron tu hacer en la política o en la vida.

Antonio Miguel Carmona no sabe nada de la cosa energética, o sea que en esto le pasa lo mismo que a mí. Esto, en sí mismo, tampoco es bueno ni malo.

Si a mí me ofrecieran la vicepresidencia del Instituto Tecnológico de Massachusetts, claro, declinaría amablemente la invitación (mayormente por mi mal inglés), pero si a la oferta se acompañara un salario cercano al medio millón de dólares, la verdad, no me lo pensaría un minuto.

La pregunta es ¿por qué coño me iban a ofrecer a mí cargo alguno en tan afamada institución científica? La respuesta es: pues por eso no me lo han ofrecido.

Y ¿a Antonio Miguel Carmona? ¿Por qué?

Mucho dinero, sí

Pues porque la gente que tiene el dinero como leitmotiv poético de su quehacer cotidiano, gusta de descojonarse del personal y disfruta con ello, ya que acopiar pasta y pasta y pasta, por sí solo, no satisface plenamente sus apetitos voraces, hambrientos de éxito, de victoria, de poder.

Y entonces ¿qué? Pues que en plena guerra encarnizada contra el Gobierno (que trata inútilmente de contener los precios de la energía en escalada salvaje en todo el mundo), se apean con la designación de un tontín como vicepresidente (¡vicepresidente!) de una de las grandes productoras, a cuatrocientos mil al año, y explican a su oponente, con pocas palabras, quién la tiene más grande.

El dinero parece que tiene estas cosas. Y a Antonio Miguel Carmona le ha debido parecer muy bien dejar en ridículo a su partido y aceptar. Insisto, cuatrocientas mil buenas razones. Y deben estar cabreados, porque seguro que lo habrían conseguido por menos.

Desde las economías de funcionarios, empleados de banca, reponedores o maestros encofradores, lo de los salarios de cuatrocientos mil o lo de las sociedades offshore se entiende muy mal. Sean legales o ilegales, estén como estén declaradas en la Hacienda Pública, se definan como se definan y en sus diferentes modalidades, sirven para quitarle al César lo que es del César y, modernamente, resulta que el César éramos usted y yo. Porque el dinero del César construía carreteras, mantenía hospitales, pagaba las pensiones o formaba dignamente a nuestros jóvenes.

Es el dinero.

La cultura fiscal instalada en Europa y muy pocas otras partes del mundo, asume que los servicios públicos son imprescindibles y que se mantienen con impuestos. América toda es el contrapunto de esta forma de entender el Estado, donde los impuestos se advierten como una agresión a la ciudadanía que, si se los puede pagar, ya compra los servicios que necesita y, si no puede, ya está acostumbrada a no necesitarlos tanto. Liberalismo, sin más, tosco y zafio liberalismo de este que nos andan vendiendo a estas alturas como sinónimo de libertad (¡qué cosas hay ver!).

Y, sin embargo, resulta falso de toda falsedad, porque la comprensión de algo tan elemental como que hay que contribuir al sostenimiento de los servicios públicos que se vienen definiendo por ser universales, iguales y gratuitos (o casi), solo alcanza a quienes no tenemos la ocasión de defraudarla. Y eso da asco.

Me dan asco Vargas Llosa, Dominique Strauss Kahn, Pep Guardiola, Julio Iglesias, el rey emérito de España, Miguel Bosé, Santiago Calatrava, Corinna Larsen, Ringo Starr, Tony Blair, Elton John, Carlo Ancelotti, Shakira, los legionarios de Cristo… por poner solo a unos cuantos a los que la sociedad les ha dado tanto (¡tanto!) y se han valido de mañas torticeras para no devolvernos nada.

Y ¿Antonio Miguel Carmona? No, ese no me da asco. Un poco de pena, tal vez porque defrauda todo aquello en lo que uno cree; aunque cuatrocientos mil después me malicio que mi pena le debe de importar un huevo. Y un poco de risa, porque lo de las puertas giratorias, a estas alturas, da para mucho reír.

El dibujo es de mi hermana Maripepa


2 respuestas a “Dinero. Pero mucho

  1. Hoy volvemos a coincidir pero yo lo voy a comentar menos sutilmente, yo tengo claro desde hace mucho,mucho tiempo que España esta gobernada por todos aquellos que no votamos grandes electricas, telefonica, la banca y muy facil como compensamos que nos dejen avasallar al currito de apie que somos muchos cobrando lo que les sale DE LOS COJONES y contra esto nada de nada ¿donde estan nuestros defensores me da igual PP que PSOE donde ? claro callados las manos se las tienen atadas las grandes electricas cobran los que les da la gana, telefonica tres cuartos de lo mismo y la banca ni te cuento tienes un saldo bancario de 500 euros y te quitan 120 de comision de mantenimiento ¿ pero que coño es lo que mantienen ? ¿ sus puestos de trabajos y jubilaciones millonarias con 56 años? y los demas tendremos que seguir trabajando de momento hasta los 70 de momento luego nos iran subiendo, una puta verguenza ¿ pasa esto en otros paises? ¿tambien existen las SICAP?( claro que los demas pagamos pero estos pajaros no) no se la verdad, pero el señor carmona es otro igual se aprovecha de la loteria que le ha tocado.

    Pero tranquilos no pasa nada cuando lleguen las proximas eleciones nos ponemos a criticar a todos aquellos listos , sin saber que a los que realmente mandan no los votamos nadie.
    Buen domingo

    Le gusta a 1 persona

    1. A los que realmente mandan no los votamos nadie. No puedo estar más de acuerdo.

      ¿Cómo habremos llegado a consentir que nos chuleen los bancos, los operadores de telefonía, los vendedores de luz, los del gas, los de las televisiones…?

      Pero es como dices. Así es como nos producimos los modernos siervos de la gleba, felices porque hemos conseguido cambiar de coche este año por uno más grande.

      Ellos no. Ellos no son siervos de nadie. Tienen sus mecanismos y sus resortes perfectamente afinados para la evasión, para la extorsión, para la fuga… Porque aquí, en realidad, el que paga impuestos es el que quiere o, mejor dicho, el que no tiene una sociedad offshore para llevarse a la boca.

      Y así vamos. Ellos son los patriotas y ahora, curiosidades de la vida, los garantes de la libertad. Nosotros, lo parias, a pagar sus desmanes.

      GRACIAS, AMIGO

      FUERTE ABRAZO

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s