Mearse en el respetable como estrategia

La decisión del Partido Popular de mearse sobre el respetable y luego pedirles el voto se diría, así a priori, algo arriesgada.

Luego no importa, porque la peña parece haberle cogido el gusto a votar a quién se mea en ella, pero así de primeras, asusta un poco.

Enrique Arnaldo no era una opción. Concepción Espejel no era una opción. Arnaldo y Espejel juntos ya sí, porque representan la expresión de lo que la decisión significa: proclamo que hay que despolitizar la justicia y después hago lo que me sale de los cojones, con luz y taquígrafos, para que quede claro a qué se referían con ‘despolitizar’ que, por resumir, quiere decir sacar a la izquierda de la justicia. Y para que quede claro quién la tiene más larga.

¡Sí señor! Pablo Casado, el pobre, la tiene más larga. Por eso puede burlarse de todos y permitirse el lujo de rellenar los huecos del Tribunal Constitucional con personajes de la opereta nacional. La institución le importa un huevo, pero esto lo sabíamos ya desde hacía mil días. España le importa el otro, pero también ya sabíamos esto. A Pablo Casado, el pobre, le importa Pablo Casado. Quiere ser (y así se hace llamar ya por sus afines) el presidente Casado y, para conseguirlo, tiene que demostrar tener el coeficiente intelectual de Donald Trump y la vaciedad ideológica de Isabel Díaz Ayuso, juntas. ¡Qué bravucón!, piensa él que dirán al escuchar divertidos sus propuestas para, nada menos, el Tribunal Constitucional. Él no piensa que dirán ¡qué imbécil!, piensa que dirán ¡qué atrevido! Y presentará estas gestas (de cantar) como currículum vitae en los próximos comicios.

Y se guarda las bazas para la gran partida: el Consejo General del Poder Judicial. Andarán preparando su campanada con juristas de la talla de Toni Cantó (que ya ha puesto en órbita el español en el mundo desde su despacho de Madrid y se ha quedado como ocioso).

Pablo Casado, el pobre, la tiene más larga que nadie. Y fuerza al grupo Socialista en el Congreso a votar una lista de nombres infames. ¡Qué mocetón! Ruedas de molino.

Fuerza al grupo Socialista a imponer la disciplina de voto, aquí no hay libertad que valga. Este es el sapo, porque el bien a proteger resulta ser mayor.

La derecha, ellos sí, nos sigue dando lecciones de libertad: los ingenuos de la izquierda empecinados como bobos en pensar que la dignidad de las instituciones merece la pena conservarse intacta, por si de ella dependiera, al paso, la dignidad de la ciudadanía a la que representan. ¡Qué antiguos!

Así que la derecha nos sigue dando lecciones de libertad. En España y en el mundo.

Ejemplos sobran.

Véase para confirmar este extremo la imagen de los niños amontonados en la frontera entre Bielorrusia y Polonia que estos días copan los medios de comunicación. La derecha es libertad. O casi. Y así lo demuestra Andrzej Duda, al frente del Gobierno ultraconservador polaco, recibiendo como carne de miseria a kurdos, sirios, o iraquíes en la frontera de Europa, gestionando la crisis migratoria generada por el también demócrata de toda la vida Aleksandr Lukashenko, libertario donde los haya y presidente de Bielorrusia.

Ejemplos sobran. Solo traía este a colación por asegurar que en la memoria de los lectores de estas líneas se guardan la atrocidad y la desvergüenza, por no ironizar con aquel Donald Trump que invitaba a los norteamericanos a meterse lejía en las venas para evitar el covid’19 o aquella Díaz Ayuso que definía la libertad con dejar los bares abiertos durante los peores momentos de la pandemia mundial, por más muertos que costara y contestaba con un “ Ay, da igual, paso” en la Asamblea de su comunidad autónoma a la incómoda pregunta de Unidas Podemos sobre la cifra escandalosa de fallecimientos en las residencias de ancianos y la caducidad de 100.000 dosis de vacunas.

Pablo Casado, el pobre, tiene mucho que hacer el imbécil para llegar a demostrar el nivel que parece exigir el electorado en este tiempo líquido. No digo que le falten capacidades, que parece que las tiene: demostrarlo abiertamente es el reto y por eso acudo en su ayuda, ávido también yo de mi libertad coartada y les pido que se unan a mi grito:

Pablo: la respuesta a tus oraciones tiene un nombre, ¡es Toni Cantó!

El dibujo es de mi hermana Mapripepa.


10 respuestas a “Mearse en el respetable como estrategia

  1. Corto y al pié. Hay muchos tipos de imbéciles. Los peores… los que permiten que corchos cerebrales como esos tengan acceso al poder (y al dinero).
    Luego hay hijos de la m… que les montan espectáculos para alimentar la imbecilidad colectiva.
    Insultarles solo sirve para engrandecerlos más.
    Casado debería estar limpiando baños de bares después de un sábado noche con un cepillo de dientes.
    Feliz domingo, un abrazo.

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    1. La imbecilidad colectiva promete llevarnos de la mano a lugares que aún ni sospechamos, me parece.

      Saben cultivarla, saben explotarla, han sabido hacer de ella el seguro de su éxito.

      Toca andar por un camino muy incierto. Y no tenemos el equipo necesario…

      Muchas gracias, amigo,

      Un abrzao enorme.

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  2. El tenerla mas larga no siempre funciona bien, por que contra mas larga mas falcida, mas corta mas rigida, por eso le puede salir mal, ah no que hablamos del chico de PP a ese señor le vale aunque este flacida sus votantes se lo perdonan todo, y menos bromas con toni cantó que a las marchas que lleva pasando de oca en oca llegara el momento de tiro por que me toca.

    buen domingo

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    1. A este señor le vale cualquier cosa, me temo.

      Dura o blanda, esa forma de hacer no-politica le está saliendo magníficamente bien a su partido. Y, puestos de moda estos personajes de opereta…. ¿por qué no Toni Cantó? Hasta que le toque el viaje a Vox cuando lo que le ofrezcan no sea suficiente…

      Gracias, Juan Carlos.

      Un abrazo muy fuerte.

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  3. También hay imbéciles que «aman» a los que asaltan un Congreso democrático y continúan siendo una opción conservadora para el futuro más inmediato.
    La capacidad de absorber la imbecilidad no tiene límite a lo que se ve en determinadas sociedades, pero también es selectiva. A un buen número de conciudadanos del tuiteado, les pareció que lo de tomar lejía debía ser una metáfora, pero no así asaltar un Congreso.
    Quiero decir con esto que hay tipos, y ya que lo has mencionado me vale el «president Casado», que ponen un número importante de imbecilidades en el mercado, lo malo es que quienes le escuchan elegirán de entre todas ellas la que más les acomode. Bueno, eso sí, con el sabio consejo del campeón del mundo de lanzamiento de hueso de aceituna y con la impronta y la verborrea de IDA.
    En fin, un futuro, porque lo será si no lo evitan unas políticas firmes en lo formal y pedagógicas en el fondo, francamente prometedor ¿no?

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    1. Cuanto más mayor me hago menos comprendo mi entorno. Esto debe ser algo similar a la sordera, porque no sé escuchar a según quién sin descojonarme de risa, para después comprobar que concita el aplauso colectivo.

      Debo ser sordo de solemnidad (como mi madre) y entiendo en mi hipoacusia cosas que nadie ha dicho. Me levanto alborotado de mi asiento para gritar `fuera, fuera’, cuando el público enfebrecido grita ‘viva, viva’ y esto tiene que ser una patología.

      ¿Se puede aplaudir esta actitud faltona frente a todo, sin aportar nada, sin una sola idea fuerza, sin capacidad ninguna que permita avanzar?

      Pues sí, se puede.

      Muchísimas gracias, José Ricardo. Si tú asaltas el Congreso y sigues siendo aclamado… será que asaltarlo vale para algo. Y si la solución para resolver tus problemas es sumarte a esa vía… entonces será que, ni tú ni yo nos hemos enterado de nada.

      ¡Fuerte abrazo, amigo!

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