Pasión

Pero… ¡pasión!

Con todas las cosas malas que ha tenido, la pandemia provocada por el SARS-CoV-2 nos hizo comprender cosas que ignorábamos de nosotros mismos.

Nos hizo, por ejemplo, vivir ajenos a la temporada de Liga, a las euro-competiciones (que ni sé cómo se llaman ni a quién enfrentan), a las largas tardes de domingo enganchados a Tablero deportivo. Algo grande comprender que la vida sin fútbol podía continuar incluso dignamente, y que cosas más importantes nos faltarían y que, igualmente, podríamos prescindir de ellas sin que la cosa fuera a mayores.

Pero hoy es domingo de Resurrección y anteayer La2 retransmitió íntegro el Vía Crucis desde Roma, presidido por su santidad el papa. La2, no Radio María, ni la cadena esa por la que siguen dejando ejercer el pseudo-periodismo al varias veces condenado Jiménez Losantos, La2, la pública.

Así que la ficción de que la vida era posible sin fútbol o sin procesiones ha tocado a su fin.

Los telediarios de casi todas las televisiones han estado tan plagados de cristos ajusticiados y madres dolorosísimas que ha resultado difícil encender el televisor y evitar el oropel de vírgenes llorosas vestidas de riquísimas telas bajo palios de oro y brillantes, mecidas por costaleros descalzos, o el espectáculo bochornoso de espaldas ensangrentadas por los latigazos de las madejas que los disciplinantes voluntariamente se autoinfligen para purgar sus pecados.

En directo desde el Gólgota

Espectáculo en streaming, puro directo: tres señales simultáneas en Telemadrid, por poner un ejemplo, compitiendo con el misterio de la Santísima Trinidad. Tan intenso todo que optar entre la sanguinolenta visión de tanta fatiga o el pestilente asunto de los dos niñatos ricos que se hicieron todavía más ricos a base de trapichear con las mascarillas podridas de Almeida ha sido de verdadera pasión. Unos minutos, eso sí, para tratar de mantener vivo el relato cruel, el de verdad cruel, de la guerra en Ucrania, donde la sangre de las personas corre por las bombas, no por la tradición.

Y el jueves daban Ben-Hur en La1 (y La vida de Bryan para desempalagar en la Paramount).

Como mis sentimientos (los sentimientos no religiosos) no están protegidos por la ley, me trago ramadanes, pascuas judías, procesiones cristianas, vía-crucis enteritos con estaciones “extra” y La túnica sagrada por enésima vez, sin que nadie escuche ni tenga por qué hacerlo, las razones que me mueven a abominar de tanto (y tan rancio) fervor y tanto cinismo como por aquí se mastica. El primer plenilunio de la primavera nos trae al calendario la pascua cristiana: resumen en una semana de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, que nos pone (de oficio) muy tristes primero (como si no sospecháramos que fuera a resucitar), muy contentos después (una vez resucitado) y algo pensativos al final (cuando nos acordamos de que el año pasado sucedió lo mismo y que, por ende, no había para tanto, que es algo parecido a la semana de la marmota, por citar otra peli).

Siempre me he preguntado (casi siempre en voz baja) si las personas que creen en estos cuentitos no piensan que una presunta virgen-madre que hubiera dado a luz en la misérrima cuadra de un pueblecito de Cisjordania enclavado en los montes de Judea, no sentiría cierto pudor al saberse vitoreada entre oros y riquezas, bajo una lluvia infinita de delicados pétalos de rosas, por las calles de un pueblo ataviado con sus mejores galas. Piénsese que una buena mujer de este calado hoy sería una refugiada en la Franja de Gaza, o habría muerto lapidada si algún sumo sacerdote hubiera puesto en duda el más que cuestionable asunto del pájaro anunciador de preñamientos-milagro.

Pero, cuestiones morales al margen, fervores aparte (que mucha envidia me dan quienes los profesan pues algún motivo encuentran para henchir su corazón, que yo no hallo) ¿no podría celebrarse esto de un modo más discreto, más espiritual, menos turístico o sin ruido, de tal suerte que quienes no hallamos regocijo en ello, sino un pelín de hastío, no nos lo tuviéramos que comer con cera (de los velones) y patatas?

No comer carne los viernes, o nada durante las horas de sol, matar un cordero lechal en según qué circunstancias o celebrar el Sabbat o el Yom Kipur, parece tan respetable como guardar ordenada cola frente a la taquilla del estadio o pagar religiosamente la cuota de la comunidad de vecinos. A nadie ofende, más allá del daño que pueda causar en las cabecitas inocentes de los niños.

 Al cabo, de lo único que se trata es de no hacer participar por obligación a nadie de aquello que nada le aporta, respetar lo público, no gastar el dinero de Defensa en que recios legionarios paseen cristos por los sitios proclamándose cada uno el genuino novio de la muerte a voz en cuello, no llenar los medios de comunicación públicos de manifestaciones religiosas, recordar que España es un estado aconfesional…

 Santificar las fiestas sí, claro, pero casi mejor en privado. Y solo quien quiera, si pudiera ser.

 ¿O en algún lado está escrito que para granjearse la Gloria sea preciso hacer alarde público, notable y con estrépito, de toda esa fe?

El dibujo es de mi hermana Maripepa


8 respuestas a “Pasión

  1. A mi lo de que no tengamos fútbol, no me preocupa, no colaboro en el enriquecimiento de unos señores que por darle patadas a un balón les caen los millones a sacos, y hasta se pegan palizas por defender su equipo eso es poco listos.
    Con las procesiones me pasa lo mismo lo el bien pero salvo las obligatorias (por el momento que nos ocupa) pero en su favor tengo que decir que nadie se hace multimillonario, salvo algunas joyas que llevan las imágenes , pero siguen con ellas no se van de marcha por lo menos las imágenes, luego si lo Pilla algún curilla espabilado eso es otra cosa Ben-Hur, Hércules , Alejandro Magno, Espartaco este domingo, y no me eiras que la que nos soplo ayer la Paramont estuvo mal CASI 300, esa sí que si , no entiendo que alguien pueda ver eso más de 5 minutos y no cambie de canal.
    Bueno hablando de procesiones, me voy a preparar para la hoy a las 12,30 el encuentro de la virgen con su hijo resucitado.

    Buen domingo

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    1. El cargo lo impone…

      La programación de las televisiones en estos días no tiene demasiados secretos: volver a repetir Ben-Hur por enésima vez y andando.

      Y las joyas de las vírgenes… no sé yo si no se les podría dar mejor destino que lucir sobre la imagen de escayola de una señora que, cuando existiera, no le alcanzaría ni para pagarse un parto por Asepeyo.

      En fin, nada contento ando yo con esto de la pascua cristiana. Es el tiempo que nos toca y listo, pero me encantaría que no me la hicieran pasar a mí.

      Buen domingo, amigo. ¡A cumplir!

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  2. Acabo de abrir La Presidenta, de Alicia Giménez Bartlett. Una ficción que da vueltas sobre la corrupción en Valencia y Rita Barberá. Por cierto … hace un par de días falleció el abogado que filtró los papeles de Bárcenas. En todo esto de la corrupción peperina hay un alto grado de sospechosa mortandad.
    No veo televisión, su programación me trae al pairo, tampoco me gusta el fútbol, soy ateo requeteconvencido, hay poco que decirte.
    Si conozco y mucho el mundo de la semana santa gaditana, he pasado muchas allí haciendo fotos. Tengo un amigo que es capataz y hermano mayor de una cofradía. Yo creo que soy cofrade en dos o tres de Sevilla, cosas suyas. Ahora está prohibido, al menos en Cádiz, hacer alardes con los pasos o gritos como ¡al cielo con ella!.
    Curiosamente las cofradías siempre han sido refugio de «mariquitas» así lo dicen allí. Son junto con las mujeres quienes visten las imágenes (titulares) de madera no de escayola y los adornan con flores.
    El jueves escuché a un humorista sevillano, agnóstico y devoto de la semana santa y de la madrugá ¿? decir que los enemigos de las cofradías son el alcalde y el cura, tiene razón.
    Escuchando al alcalde de éste sufrido Madrid haciendo declaraciones negando su contrastada corrupción, delante de un paso a punto de salir… dan ganas de vomitar. He dicho escuchar, verle debe ser para vomitar sangre.
    No es oro todo lo que reluce. Los respiraderos son dorados pero los varales de los pasos de palio suelen ser de plata.
    Al menos sé que las cofradias donde interviene mi amigo funcionan como ONGs que se dedican a repartir alimentos, ayudar a pagar servicios y hacer trámites administrativos. Un día al año con cierta soberbia y trescientos sesenta y cuatro de utilidad.
    Y resucitamos, algunos gracias a la sanidad pública y sus maravillosos profesionales, no lo olvidemos.
    Feliz domingo, abrazos.

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    1. En realidad no me ofende en absoluto que cada uno haga con su fe lo que le venga en gana (algo de pudor me da ver a los que se autolesionan a mayor gloria de Dios, por lo ocioso, mayormente). Lo del cinismo reinante ya molesta un poco, pero muy poco, a decir verdad, porque del bueno de Almeida (visto, oído o intuído), se puede esparar poco más.

      Lo que me jode infinitamente son la ingente cantidad de recursos públicos que se destinan a la cosa, que ni siquiera la recuperación en ingresos turísticos lo justifican, el hecho de ignorar una y otra vez la aconfesionalidad del Estado.

      Y lo que me remata, la insolente perturbación del orden público, la molestia constante a la que nos someten a quienes nada tenemos que ver con el insólito espectáculo. La manera displicente de ignorar nuestro derecho a no tropezar con un muñeco enorme (madera o escayola, esto es poco relevante) flanqueado de cientos de enfervorecidos penitentes, al llegar a casa o encender la tele.

      En fin, ya pasó. Cofrades y cofradías… a otra cosa. Mortales de andar por casa: cuidado con no resbalar por las aceras enceradas. Los demás a seguir en el lío.

      Se terminó el simulacro de sufrimiento máximo.

      Enorme abrazo.

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  3. Me contaba un señor fallecido (niño de la guerra, hijo de rojo fusilado y roja encarcelada) que, intentando ayudar a su madre, marchó a la Legión allá por el año cuarenta y nueve. Él, ateo hasta la muerte, me relataba su experiencia en Málaga con ese Cristo al que veló horas y más horas hasta caer desmayado por culpa, decía, «del pestazo de las velas encendidas y el tufo a pinte y perfume de las señoronas«… Y qué poco ha cambiado la vida, en cuanto a la religión verdadera (jajaja), desde la aventura de aquel buen hombre que se apuntó a lo del Millán Astray para que no se siguiera señalando a su madre. Mucho Estado Aconfesional pero las cofradías, las saetas, los del kukluxklan, el cabildo municipal y los de las trompetas y tambores paralizando lo cotidiano. Y aún podemos agradecer que no nos cierren los bares y los garitos de marcha como se hacía antaño por aquello de hacer luto anual por el crucificado. Que nos quejamos de vicio, don Justo. Que somos unos amorales condenados a acompañar a Belcebú cuando hagamos el mutis final en este Valle de Lágrimas donde algunos se llevan un milloncejo, tirando por lo bajo, de comisión por unas mascarillas aunque el juez no ha conseguido encontrar en el banco sino calderilla.

    Venga, a terminar bien este Domingo de Resurrección y a vivir a tope el Lunes de Pascua, que me han dicho que es festivo en algunos sitios. Qué cosas.

    Salud.

    P.S.- También yo estoy con La Presidenta, como Javier, aunque a quien le tengo ás apego es a Petra Delicado.

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    1. ¡Qué flaca es la memoria! ¡Y cuánta razón tienes!

      Me has hecho recordar aquel nada lejano tiempo en el que bares, pubs, discotecas y clubes de putas carraban a cal y canto para no distraer a la feligresía de la verdadera regla. Pero claro ¡todos éramos feligresía! Y te exponías a que el párroco local no te expediera el certificado de buen hijo de Dios que te pedían para entrar a trabajar en un banco.

      Toda la razón. Algo se ha movido. Nos quejamos de vicio.

      Claro que, alejado de discotecas por la edad y de los clubes de putas por la convicción, pienso ahora que igual aquellas restricciones no me estarían molestando tanto a estas alturas, si bien es cierto que la ausencia de plataformas multimedia hacía más presente la fe las 15 horas diarias que duraba la programación en el VHF y el UHF.

      Tal cual: condenados a ser corte de Belcebú por descreidos y por desmemoriados. No como estos chicos de las mascarillas que, a buen seguro, habrán destinado a obras pías alguna parte de su mordida y, con la otra, habrán pagado la cuota de la cofradía, esa que les guarda sitio preferente en la carrera de la precesión.

      Y eso… ¡no habrá de puntuar!

      Un abrazo muy grande.

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