El hombre del saco

Andaba yo escudriñando los datos y pensando en que si los votantes del insumiso Mélenchon dividieran sus intenciones entre Macron y Le Pen o no sé qué, podría suceder que esta última, de segunda opción, pasara a primera o no, según la fuerza centrípeta (u otras fuerzas) de este sistema político que tiene, eso sí, el detalle de buen gusto de echar a votos la cosa de la Jefatura del Estado.

Después de darle algunas vueltas, repasar informes de sesudos analistas y hacer cosas parecidas a las que hace Antonio Ferreras en Al rojo vivo con el pactómetro, he llegado a la conclusión de que me importa un huevo.

Seguramente este ataque de indiferencia está apoyado por la práctica certeza de que Le Pen, hija de Le Pen, no se sentará en el trono de Luis XVI asumiendo la Presidencia de la República Francesa. Pero lo que en realidad me ha hecho despreocuparme de ese asunto ha sido abrir los ojos a una realidad mayor, más evidente y, seguramente por ello, tendente a pasar desapercibida: la extrema derecha francesa, el Vox gabacho para entendernos, es ya una opción real de gobierno. Tanto, que por unos días hemos andado haciendo cuentas y, para muchos, aún no está todo el pescado vendido, como en realidad así será hasta que las urnas se abran y se recuenten los votos.

4,7 puntos (perdón por recurrir finalmente al dato estadístico) ha sido la diferencia entre la derecha de Macron y la derechísma de Le Pen en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, los dos andando por el veintitantos por ciento del electorado.

Es decir: se acabó el miedo.

¿O seguimos jugando la estrategia del pánico para que, una vez esa fatalidad (de la que con tanto espanto prevenimos) acontezca, el personal se encoja de hombros pensando, simplemente, que no era tan fiero como lo pintaban?

El hombre del saco que ya no asusta a nadie

Un enorme porcentaje de las personas que tienen derecho a voto, no sabe que sus abuelas tenían que pedirle permiso a sus maridos para viajar, para trabajar o para abrirse una cuenta corriente. Es difícil asustar con un coco que no conocieron. Tampoco se acuerdan de quién hizo matar a su abuelo durante la Guerra Civil o, como mucho, piensan que en todas las guerras se asesina a personas que podrían haber sido abuelos de alguien. También ignoran realmente lo que significaba el abuso de poder, la persecución ideológica, la influencia tenebrosa de la Iglesia sobre lo público, la ausencia de servicios universales y gratuitos, la prohibición de la homosexualidad, como si esto pudiera estar prohibido. Es difícil, insisto, asustar a nadie con un hombre del saco, del que tiene la sola noticia de una historia mal contada.

Sin embargo, sí conocen el desempleo, la falta de oportunidades, la enorme dificultad de adquirir una vivienda o la desmesura del precio de los carburantes. Y como los hemos educado como a verdaderos principitos, no comprenden por qué el Estado no viene a resolver sus acuciantes problemas tal y como papá y mamá llevan haciendo desde que el uso de razón les hizo comprender que el tiempo que debe mediar en querer una Play Station 9 y tenerla entre las manos no debe exceder de un día.

Así que las formas clásicas de pensar en política están fuera de la comprensión de una porción muy grande de la ciudadanía, que ignora el verdadero significado de la palabra fascismo y lo confunde con el de libertad, virtud a los estragos que el populismo puede operar en mentes poco entrenadas para comprender conceptos complejos.

 Y el tiempo dará a muchos la razón. Porque como no son maricas, no vivirán en propias carnes la persecución de la libertad de vivir la sexualidad cada uno como le dé la real gana. Y como no están en edad de merecer, no tendrán que viajar a Londres a practicar su interrupción del embarazo. Y como aún mantienen autonomía para lavarse los dientes sin ayuda, no entenderán el alcance de dejar sin presupuesto las partidas destinadas a paliar la dependencia. Como, igualmente, no son negros, no soportarán la xenofobia oficial. Y entonces ¿qué problema habría?

¿Alguna duda sobre que Andalucía seguirá el esquema que ha estrenado Castilla y León?

El miedo ya no está.

Yolanda Díaz no concitará las voces de la izquierda.

Vox va a gobernar en España igual que Le Pen lo hará en Francia. No será mañana, probablemente no. Pero va a ser.

El mundo de las ideas envejece a la vez que el inconformismo se hace de derechas.

Los viejos logros de la socialdemocracia se han amortizado y se dan por ciertos: nadie cree realmente que podrán acabar con la sanidad pública aunque todos intuyan que es su intención, o que lograrán que el tercer sector (ese que se ocupa de la atención a las personas con dificultades) se desvanezca hasta la irrelevancia. Las estructuras políticas clásicas se han desvelado ineficientes para transmitir confianza a la ciudadanía y, frente a ellas, se ha levantado infranqueable el mundo de los mensajes sin contenido que enfebrecen a las masas: ¡patria!, ¡libertad!, ¡los españoles primero!, incontestables por simples. Y no encontramos la manera de contar que la patria no es nada, que nadie oprime a nadie si no es el fascismo, o que no necesitamos pasar primero ahí donde cabemos todos con mayor o menor estrechez.

El mundo del pensamiento se hace viejo. Y el de las soflamas se hace fuerte: ya casi no da miedo por más que nos empeñemos en inventarnos líneas rojas o cordones sanitarios.

La tremenda vuelta atrás parece inevitable y sus consecuencias no pueden medirse. Entonces desempolvaremos los viejos principios porque lo que dará mucho miedo es haberlos dejado envejecer tan mal.

El dibujo es de mi hermana Maripepa


10 respuestas a “El hombre del saco

  1. Coincido en que lo del hombre del saco ya no asusta, por que seria mejor hombre del saco moderno para asustarnos con todo lo que podemos perder como bien dices , eso es lo que tenemos que temer, a este nuevo hombre del saco moderno.
    ¿Que ganará la derecha extrema algun dia? es posible espero que hasta que se acerque el momento nos demos cuenta y rectifiquemos , por que recuperar todo lo conseguido , despues llevara mucho tiempo, confio que en España no ocurra lo del dicho que un tonto jode un pueblo ( este de VOX no es tonto, pero no es bueno y jodera el pueblo) si esto ocurre nos quedara pensar en el poema de Gustavo Adolfo Bécquer » volveran las oscuras golondrinas», si pero hasta que vuelvan nuestros hijos y nietos lo van a pasar jodido , me refiero a todos aquellos que somos muchos que no somos pudientes y no votamos la ultraderecha.

    Buen Domingo

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    1. Las oscuras golondrinas tardarán en colgar sus nidos de nuestros balcones una vez que la derecha, flanqueada por al ultraderecha (o al revés, que esto nunca se sabe) despliegue todo su hacer en esta sociedad que se ha desclasado y que solo está pensando en pagar menos impuestos y escaquear los pocos que tenga que pagar.

      Nuestros jóvenes se han radicalizado ante la falta de soluciones a sus problemas (que nos infinitamente menores que los que nosotros tuvimos), por cierto) y piensan que la ‘patria’ y el control férreo de las fronteras para evitar inmigrantes será lo que se los resuelva.

      Cuando se den cuenta de que no era así y las golondrinas, como bien dices, planeen otra vez por nuestros balcones, tú y yo no estaremos ya para mirar nidos…

      No pinta nada bien. Y no vamos a saber resolverlo. De manera que será… será.

      Un abrazo fuerte.

      GRACIAS

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  2. La desazón de tus palabras la comparto hace mucho tiempo, porque hace tiempo que estamos esparciendo los polvos de los que vienen estos lodos. Porque la ultraderecha solo recoge los réditos de un descontento que la izquierda moderada ha ayudado a generar y en el que la izquierda contestona y revolucionaria ha sucumbido al intentar gestionar.
    No hemos dado soluciones, no hemos «arreglado» el sistema, nos hemos conformado en poner parches que no tapan los enormes agujeros que se estan abriendo en el sistema social europeo. Mantenemos el discurso social pero sucumbimos a los grandes intereses capitalistas y a los miserables pequeños intereses particulares que nos mueven a todos, por muy izquierdosos que nos consideremos.
    Nuestro discurso ya no se aguanta y mucha gente castiga con el látigo de la indiferencia a una izquierda que no demuestra saber afrontar los problemas estructurales que ahogan a una gran parte de nuestra sociedad. Y la única manera de castigar a unos en democracia es no votando o votando a los otros. Aunque su discurso sea carroñero, de mal gusto y tenga consecuencias en las que no se quiera pensar.
    Nos llenamos la boca de sanidad y educación pública y llevamos dos años sin poder tener una cita con el médico de cabecera.
    Hemos desmontado la sanidad pública que ha claudicado ante la prueba de estrés de hacer frente al covid.
    Hemos hecho pagar a los niños una enfermedad que no iba con ellos pero de la que han servido de chivo expiatorio a una sociedad que no ha sabido reaccionar.
    A la amenaza del covid hemos añadido la del miedo colectivo y solo hemos reaccionado quitando libertades y imponiendo obligaciones que cualquier manifiesto izquierdoso habría tachado de dictatorial. Con el agravante de que cualquier intento de objeción al discurso mayoritario se ha tachado de fascista sin entrar al fondo de la discusión.
    Con todo el dolor de mi corazón, si no somos capaces de hacer creible nuestro discurso mas básico, es muy dificil que la gente vea en nosotros la alternativa de futuro. Muchos besos y feliz domingo

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    1. ¿Quién puede decir que no tienes razón?

      Sin embargo ¿quién hace que la sociedad progrese?

      Exigir más a nuestra izquierda, exigirnos más, no se hará permitiendo que sea la extrema derecha quien tome la alternativa.

      No es el discurso del miedo. No es ningún discurso en realidad. Cabalgar el descontento, cabalgar la ira, no puede ser más sencillo. Ahora viene lo otro: avanzar es lo otro.

      El discurso de la socialdemocracia palidece en la era de Internet. Se quedó en la sociedad industrial de principios del siglo XX y finales del XIX, cuando el proletariado existía y las fábricas esclavizaban. Y ya no funciona.

      No hay discurso teórico que soporte la patria y la bandera. Y no evolucionamos hacia uno que soporte la sociedad del conocimiento y las comunicaciones, el acceso a la vivienda o la pobreza energética. Ya no hay discurso y el Estado del Bienestar se ha encogido delante de banderones con pollo que claman ¡Los españoles primero!.

      ¿Hemos defraudado? Sin duda. ¿Hemos conseguido evolucionar el pensamiento político? Claro que no. Estamos estancados delante de problemas nuevos que nos superan, cierto, pero les hacemos frente como podemos sin más compañía que una oposición rastrera que, lejos de colaborar o, como dices, procurar cualquier intento de objeción leal al discurso mayoritario, ha hecho un discurso fascista y partidario, únicamente tendente a destruir.

      No me resigno, Pepa. No te quito ni un poco de la razón que tienes, pero no me resigno a claudicar frente a lo que tenemos delante: es el fascismo. Y sabemos qué es, porque tenemos (yo al menos) edad suficiente para recordarlo.

      Avancemos, mejoremos, riñamos, protestemos, pero avancemos. No quiero que sean ellos. No es bueno para tus hijas. No es bueno para España. No son buenos.

      GRACIAS MIL VECES por tu reflexión, que no dejo de aplaudir… pero ¡avancemos!

      UN BESO ENORME

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  3. Ignoro qué futuro político les espera a quienes vienen detrás pero, centrándonos en esta España nuestra (esa que Vox dice que es suya), se supone que las elecciones generales son el año que viene y el panorama no pinta demasiado bien. Y te lo dice alguien que solo vota in extremis y en contra de sus principios para salvar el culo de una llamémosle izquierda a la que sumergería en una balsa de purines si no fuera porque la tropa que pretende gobernar es un peligro contra los derechos y libertades que tanto ha costado construir.

    Si siempre me ha parecido el PSOE una izquierda aparente, ni te cuento con la charranada que se ha hecho con el Sahara. Y nombro al PSOE porque, para desgracia de la izquierda-izquierda es el único grupo político con aspiraciones de gobierno en los próximos comicios y, aunque jamás se me ocurriría meter en la urna una papeleta con sus siglas, reconozco que es la única fuerza opuesta a la derecha con ciertas posibilidades.

    Corren malos tiempos para quienes creemos en unos valores irrenunciables y anteponemos las personas a los territorios. La peña de patriotas vividores debería ser acicate suficiente para seguir en la brecha, sin recular, con las miras puestas en mantener lo conseguido y con esa premisa deberían actuar los partidos, buscando no perder a esa ciudadanía desencantada y pesimista.

    Ahora que nos hemos quitado las mascarillas, convendría que nos desprendiéramos de la pereza mental postpamdemia y asumiéramos que el mundo sigue girando y hay que seguir su trote.

    Salud.

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    1. Hombre de izquierdas; hombre de izquierdas.

      Es verdad.

      Poca izquierda nos gobierna (a pesar de que Unidas Podemos le ha dado un puntido de zurdez a la cuestión). Poca izquierda, pero izquierda al cabo.

      Aprendí que la política es el arte de lo posible después de haberlo leído y de pasar unos años (felizmente pretéritos) en activo. Y sé que es como dices y, sin embargo, como también dices, los derechos y libertades que tanto ha costado construir, no los ha construido la derecha: el arte de lo posible, al cabo… hasta donde se ha podido.

      Los viejos principios en los que creímos ya no funcionan. Y los nuevos están por escribirse. No los escribirá Vox. Los escribirá la izquierda. Tampoco sabemos a que precio, ni en qué plazo.

      Pero yo querría estar ahí, donde se escriban. Donde la sanidad y la vivienda se conviertan en sagrados mandamientos. Donde la justicia se anteponga a todos los valores. Donde el conocimiento sea la verdad.

      Y haré todo lo que pueda para que sea verdad.

      (No sabría hacer otra cosa, porque claudicar y dejarles a ellos no es una opción: aunque tenga que votar mil veces más con la nariz tapada.)

      MUCHÍSIMAS GRACIAS. MUCHÍSIMAS GRACIAS.

      Fuera mascarillas y fuera máscaras, fuera pereza, fuera pandemia y postpandemia. Y venga el pensamiento.

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    2. Por cierto, perdóname por no citarlo: comparto contigo que la charranada que se ha hecho con el Sahara no tiene nombre. Ni lo entiendo ni, aunque lo entendiera, lo justificaría en modo alguno.

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  4. Perdón, llego tarde, como no te lea temprano luego ya me resulta difícil.
    Estoy totalmente de acuerdo contigo pero no comparto tus argumentos. Eso de la lucha de clases… pero si nos han educado en el individualismo, que clases esperas de eso. Superarse, alcanzar metas. Pero de verdad alguien se ha puesto a analizarlo. Superarse es salir por un sitio muy estrecho y siendo un inútil que no se vale por si mismo y ser capaz de hacer empatizar a los que van a conseguir que sobrevivas. Superarse es aprender a hablar, incluso dos lenguas, sin ir a una escuela de idiomas. Hay gente, mucha, que llevan treinta años aprendiendo inglés y no pasan de good afternoon. Y todo eso con el pañal puesto, de verdad ¿hay algo que lo supere?
    Alcanzar una meta supongo que serà morirse con el seguro de entierro pagado, poco hablamos de el. Te has dado cuenta que nos acribillan con todo tipo de seguros menos ese. También está el de repatriación. La primera vez que lo vi me quedé en shock.
    Tomemos como ejemplo a Amancio Ortega ¿ha conseguido sus metas? Es más viejo que el fuego y sigue acaparando plátanos que nunca se podrá comer, por lo menos tendrá pagado el seguro de entierro y el de repatriación si la parca le pilla en su hermoso yate que matriculó en Malta para ahorrarse una pila de impuestos.
    Yo lo siento por lo que te toca, pero el principal responsable de tus quejas es ese partido que dice que es de izquierdas. Pero se comportaba y se comporta como un partido de derechas. Empezando por la corona a la qué, respaldado con su mayoría absoluta y el 23F le tenía que haber dicho: sabemos lo que has hecho, sabemos lo que hizo tu padre. Te vas a quedar aquí callado y sentado o te montamos un referèndum Monarquia/Republica que te vas por las patas abajo. Todo ello, por supuesto, desmantelando toda la red social de alfereces provisionales y sus herederos. Que siguen mandando, por cierto. Sin embargo nos trajeron la escuela concertada, que se come a la pública, y los contratos basura. No haber llamado asesinos a quienes tenían las manos manchadas de sangre y se sentaban a su lado, por ejemplo, Fraga y todo el régimen anterior. El pragmatismo en política está, muchas veces, reñido con la honradez. Igual que la equidistància. Tú ya sabes.
    Para argumentar sobre el régimen anterior yo lo tengo muy fácil, todos los días y todos es todos, me plantaba en una comisaría de policía, con su gris en la puerta y su Z al hombro, a solicitar permisos policiales, que tenía que autorizar el comisario, para celebrar reuniones de propietarios. Y no hablo de 1950, hablo de 1975. Precisamente el 20 de noviembre de ese año se prohibieron todas.
    Eso si lo entiende todo el mundo.
    Como llego tarde de lo de Francia que decir, escuchando la radio pareciera que había ganado la ultraderecha. Record en abstencion (28%) y esa segunda vuelta que pega una patada a todos aquellos votantes que no querían a ninguno de los dos. La izquierda insumusa se quedó a 800.000 votos de la ultraderecha. Me parece un poco arcaico.
    Y los populares de aquí, yo los llamo ultraderecha, felicitando a Macrón. Ya hay que echarle jeta.
    Como Feijóo diciemdo que espera explicaciones del gobierno sobre «Pegasus» que llame a Rajoy y le pregunte. El Emérito usaba al CNI para controlar a sus amantes y cachondearse un poco de los presidentes fe gobierno, eso sí, a lo campechano. Como no dijeron nada en su momento el marrón se lo va a comer el gobierno de coalición enterito. Así se explica bastante bien la segunda convocatoria de elecciones.
    En fin, a ver como salimos de esta. Por cierto
    El aceite de oliva virgen extra en EEUU, en comparación, está más barato que rn España, marca El Pompeyense, ya puedes imaginar de dónde viene. La gasolina cuesta la mitad que aquí y eso es super caro.
    Feliz semana, abrazos.

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    1. ¡Se me pasó este comentario!

      El rey emérito se lo montó muy bien blindándose en la Constitución para que nadie pudiera tocarlo. En realidad creo que no hizo mucho más que eso, así que amenazarlo con un referéndum habría servido de poco. En su satrapía, supo bien cómo hacerlo. Para eso tenía la experiencia que tenía.

      No creo que el PSOE sea realmente un partido de derechas. Tampoco digo yo que sea de rojos peligrosos, pero la sociedad ha avanzado como nadie pensó que lo haría y no ha sido gracias al PP. No sé si cierta prudencia no ha sido excesiva, seguramente sí, pero no comparto contigo que se haya comportado como un partido de derechas. Otro gallo nos hubiera cantado, creo yo, y no para mejor. Sé que mucha gente lo ve como tú.

      Sí que comparto el asunto de la dificultad que plantea la lucha de clases en este tiempo en que el gran logro del capital ha sido desclasarnos.

      Francia nos da la clave: no ha sucedido, pero todo apunta a que va a sucecer.

      Perdona por haberme saltado el comentario… y sigamos pensando por aquí en alto, por si a alguien le hace entrar en razón.

      ¡Abrazo!

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