Los gallegos han votado a los partidos de verdad. Ese, esa, que por cálculo de probabilidades seguramente votaron al PP, también.
Un pueblo sabio.
El PP jugó magníficamente bien la carta de la incertidumbre evitando mostrar abiertamente las que de verdad tenía (sus encuestas reales, esas que nadie, nunca, jamás, conoce) y logró generar en su electorado la necesidad de acudir a las urnas, no fuera a ser.
Igual ilusión (entendida como sensación ilusoria) se generó entre los votantes del Bloque, que pensaron que la oportunidad estaba cerca. Y fueron también a votar.
En toda la izquierda lo pensamos, en realidad: la estrategia el PP era tan zafia como resultó acertada, y no la supimos leer. Yo, desde luego, no supe.

El pueblo gallego ha votado bien (al menos así lo aseguraría Vargas Llosa), pero no porque haya votado conservadurismo, sino porque ha votado a los partidos sólidos, consolidados, pegados a la tierra, haciendo oídos sordos a los ‘tenores huecos y al coro de los grillos que cantan a la luna’.
Y la izquierda se ha llenado de tenores huecos.
Lástima no haber sido capaces de continuar evolucionando la herencia del mítico ’15 M’, con todo lo bueno que aportó a la izquierda política española. Y lástima que sus actores y el nudo de pensamiento que conformó, se hayan disuelto bajo el debilísimo liderazgo de una mujer que, por magnífica ministra, no ha significado más que la recolección de un par de decenas de miles de votos melancólicos.
Lástima que el PSOE hubiera puesto sus esperanzas en la fuerza del partido local y no en sí mismo, cediendo la hegemonía de la izquierda a un tercero que, por muy bien colocado que estaba y por potente que fuera la mujer que lo lidera (que lo es), no alcanza a generar la sensación de seguridad a un pueblo temeroso del cambio, que quiere para sí el abrigo de una madre amantísima, más que la incertidumbre de un futuro de progreso no bien definido, cuyo horizonte no hemos sabido dibujar con nitidez.
Que el discurso de la socialdemocracia está viejuno, lo sabemos todos. La derecha ya hace mucho que acomodó en su programa electoral los resortes de la sociedad del bienestar, tenga o no intención de consolidarlos. Aquello de ‘mejorar la vida de la gente’ con que tantos se llenan la boca no es diferencial desde hace años: ¿alguna vez escuchó a alguien decir que su destino era empeorarla?
Podemos ya no existe (y fagocitó a Izquierda Unida, que tampoco está). Ni suma ni resta votos, vive en la insignificancia intentando arañar a pescozones un hueco en la relevancia perdida.
Sumar todavía es una quimera que se alimenta de los restos del naufragio del ‘15 M’ liderado por una figura que se desvanece haciendo bueno el principio de Peter (que más o menos explica que, en toda jerarquía, un empleado tiende a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia, en el que -añado- queda estancado).
A la izquierda del PSOE la atomización parece irremediable, y el PSOE continúa empecinado en lograr resultados diferentes haciendo las mismas cosas. Vano afán.
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 23 de febrero de 1837 – Padrón, 15 de julio de 1885) hubiera cumplido el viernes 187 años.
Ya se oyen lejos, muy lejos
las campanas del Pomar;
para mí, ¡ay! desdichado,
nunca más han de tocar.
Ya se oyen lejos, muy lejos.
Cada son es un dolor;
me voy solo, sin amparo…
Tierra mía, ¡adiós!, ¡adiós!
Relataba el dolor de los hombres que, como tantos, dejaban su tierra paupérrima por aquel tiempo del romanticismo, rumbo a una mejor vida en ultramar. ‘Gallegos’ nos llaman a todos en Cuba.
El sentimiento de nación que Rosalía de Castro supo retratar en el siglo XIX se durmió en el XX y no despierta. Demasiados trozos de esta España riquísima y plural, de andaluces, castellanos, catalanes, murcianos, gallegos extremeños o manchegos, aragoneses o vascos, africanos, levantinos, madrileños o cántabros…demasiados trozos de esta España duermen.
Lo político no sabe despertarlo o lo despierta a hostias. Los pueblos no han aprendido a despertadlo sin llegar a lo político.
Y los partidos (entre los pueblos y lo político) siguen hablando de mejor la vida de la gente sin entender qué coño son la gente a la que pregonan querer arreglar la vida.
Si no es desde la izquierda, no será. Y en la izquierda aún no lo hemos sabido hacer.
Esa gallega votó bien. Y nosotros no lo hemos entendido.
El dibujo es de mi Hermana Maripepa.
Galicia es intocable para la izquierda, los gallegos apuestan por el pp ya lo dejo fraga bien escrito y falta mucho tiempo para que la sociedad Gallega pueda valorar que es lo que mas le conviene, la derecha desde los tiempos del franquismo ha sido privilegiada y eso marca mucho.
Galicia no es andalucia que puede tener cambios politicos ,alli no y es una pena no sepan valorar las ventajas de un cambio, o es que estan muy bien atendidos por el gobierno de PP que tambien puede ser.
buen domingo.
Me gustaLe gusta a 2 personas
Tal cual.
Aquellas políticas proteccionistas siempre han dado resultado. Han generado pueblos sumisos y han acallado las verdaderas aspiraciones de la sociedad.
No había que ‘mejorar la vida de la gente’ como tanto se dice ahora, sino conformarla con dádivas piadosas… las personas menos comprometidas las agradecen más y el compromiso social siempre resulta trabajoso.
En fin, como bien dices, Fraga lo dejó todo, como Franco, atado y bien atado.
Y desde la izquierda no lo hemos sabido desatar.
GRACIAS, JUAN CARLOS. Fuerte abrazo.
Me gustaMe gusta
Lo de Galicia se veía venir; que ganara el PP, quiero decir. Otra cosa eran las posibilidades del BNG que pudiera alzarse con la Xunta con el apoyo de los votos psoecialistas, pero resulta que el PSOE pierde votantes y presencia, y eso que el PP no ha podido usar lo del Koldo y la recién conocida hornada de trapacerías adscritas a los despachos de Ferraz.
Cada vez pinta peor la izquierda parlamentaria, o lo que de ella queda.
Salud y abrazos.
Me gustaMe gusta
Yo no lo vi. O no quise verlo.
La izquierda parlamentaria no pasa por buenos momentos desde hace décadas. Y la extraparlamentaria de desvaneció en cuanto entró en el parlamento.
Dudo que ahora exista.
No ayudarán nada estos nuevos escándalos que la prensa y el PP airearán hasta la saciedad.
No se avecinan buenos tiempos. Vascas, Europeas y Catalanas… Mucho que hacer… Y, parece, que no demasiadas ideas.
Fuerte abrazo, amigo.
Gracias, como siempre.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Es lo que hay. Poco que comentar, las gallegas y gallegos hicieron lo que se esperaba de ellos. La verdad, me ofende que cubanos o argentinos me llamen gallego.
Ya lo dije la semana pasada, de los gallegos, en política, no ha salido nada bueno. Por cierto, incluyo a Yolanda Díaz, buena ministra de trabajo pero nefasta en la política de izquierda. Ha roto la izquierda a la izquierda del PSOE, demasiadas peleas, demasiados insultos, demasiados desplantes y demasiado despecho. Se les ha olvidado para que están en política.
Pacma ha quedado por encima de Podemos y Vox por encima de Sumar. No se puede fracasar más claro y más alto.
Al parecer van a hacer lo mismo en las elecciones vascas; eso es aprender de los errores.
No hay como andar peleándose e insultándose para que la gente confíe en tí. Sobre todo los gallegos y los vascos.
He estado toda la semana sin escuchar noticias, aguantar a todo el PP voceando es demasiado para mí.
Por otra parte lo de el tal Koldo y las mascarillas. No entiendo cómo un ministro socialista tenga como persona de confianza personajes de semejante catadura. Ésta gente, de verdad, en qué piensan todo el día. Para más inri Ávalos aún no ha entregado el acta de diputado. Se agarra al escaño como una garrapata. Tengo muy claro a quién deberían dar ese escaño. A un canario que se lo quitó la presidenta de la Cámara la legislatura pasada.
A otra cosa que todo seguirá igual hasta la próxima contaminación de la costa gallega con su correspondiente cagada de la Xunta. El PP tiene bien aprendido que hacer las cosas bien, en Galicia y en España resta votos. Peor si encima eres honrado.
Feliz domingo, abrazos.
Me gustaLe gusta a 2 personas
Una canción que se vuelve eterna, sí.
La escuchamos en bucle desde que Anguita decidió convertirse en la pinza de las dos orillas.
De todos modos, tengo la sensación de que la herida es más profunda. Los hiperliderazgos denotan la falta de discurso político bien armado y sin discurso es muy difícil convencer.
Hay que repasar el ideario y abandonar las consignas que nos hicieron fuertes durante la segunda revolución industrial. La izquierda tiene que encontrar un camino ideológico capaz de diferenciarse, de aglutinar, de ilusionar… y así las peleas entre gallos y gallinas pasarían a un segundo plano.
De otro modo todo seguirá en esta suerte de cuerda floja sobre la que deambulamos.
Gracias, amigo. Un abrazo fuerte.
Me gustaLe gusta a 1 persona
No son los gallegos los que se equivocan . No podemos seguir así . Estamos haciendo algo muy mal. las personas de este país lo saben y nosotros ,por lo visto,no. Creo que necesitamos una GRAN auto crítica. Un abrazo a todos y a pensar.
Me gustaLe gusta a 3 personas
Completamente de acuerdo contigo.
Autocrítica e ideología. Izquierda y pasión por la izquierda. Pensamiento, discurso, ilusión.
Completamente de acuerdo. Y no, los gallegos no se han equivocado, por más que nosotros pensemos que el PP es malo para Galicia… y para el mundo.
Un beso muy grande.
Me gustaMe gusta
“Si no es desde la Izquierda, no será.” Eso me temo, que no será. El presente parece alargarse y el presente no es nada prometedor. Si hubo un tiempo en que el pueblo parecía conquistar tierras de poder, se desvaneció. Los poderes de siempre, los poderosos de siempre las reconquistaron.
El pueblo está dormido, aletargado, anestesiado, drogado, no responde. Como bien dices, sólo se le despierta a hostias. Esa es la lección que debe aprender la Izquierda. Tiene que recuperar el discurso más esencial, el más básico, tiene que hablar a la gente de conquistas, de las batallas que hay que lidiar para conseguir mejorar su vida, de impuestos, de salarios, de derechos, de oportunidades, de trabajo, de vivienda, de sanidad pública, de educación pública, de redistribución de la riqueza, de su presente, del futuro de sus hijos, de la necesidad de conquistar parcelas de poder, mucho poder. Y debe hacerlo armando ruido, gritando verdades, arremetiendo contra los poderosos, a hostias, o no despertará el pueblo.
Ya desde finales del siglo XX tenemos un problemón con la aparición del neoliberalismo y el debilitamiento de la socialdemocracia. Que los conservadores (Thatcher, Reagan …) impulsaran las políticas que les son propias no era de extrañar pero que los socialdemócratas (Mitterrand, Felipe González …) asumieran el modelo fue decisivo.
De aquellos polvos estos lodos.
En lo que va de siglo XXI, en el mundo desarrollado, el mundo de la democracia, las campañas electorales se encarecen escandalosamente, en cada ciclo electoral hay cada vez más dinero, en cada campaña se bate el récord anterior, cada vez es mayor la participación de donantes y candidatos multimillonarios. En EEUU, por ejemplo, contaba hace un tiempo El Confidencial (Eva Catalán – Los Ángeles), una pequeña élite del 0,42% de los más ricos es responsable de la financiación del 70% de la campaña. Más dinero supone más propaganda, más anuncios, más información interesada, más difícil para el votante. Los ricos siempre han apostado, pero ahora lo hacen con más fuerza que nunca, por controlar el poder político.
Esto hay que gritarlo a los cuatro vientos, hay que metérselo en la cabeza al pueblo llano. Hay que despertarlo aunque sea a hostias. Hay que recuperar el discurso más elemental: las personas por encima del capital. La soberanía está en el pueblo. Hay que hablar de las cosas importantes, de aquello que nos afecta, de nuestro día a día, de nuestro trabajo, nuestro sueldo, nuestra casa, nuestra salud, nuestra educación, nuestras necesidades, nuestro bienestar, del ESTADO DEL BIENESTAR. No basta el libre mercado para mejorar nuestras vidas, es imprescindible la intervención estatal, es la única forma de que el pueblo, a través de sus representantes, coja las riendas. Si no, las riendas seguirán en manos de los de siempre y esos no están preocupados por nosotros.
Sin embargo, lo que vivimos a diario es que se habla de otras cosas y la Izquierda cae en ello constantemente, enredándose en asuntos que no nos afectan y dándoles la importancia que no tienen. Les siguen el juego. Torpes.
No sé quién decía: Hay dos tipos de economistas, los que se dedican a hacer más ricos a los ricos y los que se dedican a hacer menos pobres a los pobres. ¿Y qué hacen los primeros cuando los segundos ponen en práctica medidas que funcionan? Pues dejan de hablar de economía para hablar de otras cosas (banderitas, himnos, patrias, orgullos, nacionales, inmigrantes, delincuentes, terroristas …).
La socialdemocracia funcionaba, de ello se beneficiaba el pueblo. El neoliberalismo solo beneficia a los de siempre, pocos.
De las elecciones gallegas, aunque por un momento me generaste una esperanza, no me extrañó absolutamente nada el resultado. Feudo popular.
Conocido el resultado, como te dije, un poquito más envalentonado Feijoo y la tonta de la fruta pero nada más. Seguimos donde estábamos.
El problema está en la Izquierda, ahí estoy con Chelines e insisto en la necesidad de líderes que hablen de las cosas importantes, las más básicas, y no se dejen llevar por el discurso embarrado de esta derecha macarra que no tiene más argumento que el nacionalista ni más método que el desprecio.
Y con Javier estoy en lo de Yolanda Díaz. Para mí que entre Errejón y Diaz, cada uno a su manera, han destrozado lo que se consiguió unir a la izquierda del PSOE. Mucho criticar al Coletas en su momento pero era el único (con todos sus defectos) que podría haber mantenido esa unión y, pruebas dio de ello, disposición al entendimiento con los socialistas. Hubiera venido bien.
Yo, sabiendo que aquí me llueven críticas, lo echo de menos. Es el político que más me ha gustado en los últimos tiempos.
Saludos a todos en este lluvioso domingo. Lo haremos hogareño.
Un recuerdo a la desdicha de ese incendio en Campanar. Hace muuuchos años viví al lado, en Benicalap. Me apena.
Me gustaLe gusta a 2 personas
Hiperliderazgos, amigo. Se desvanecen en cuando el líder se agota.
No nos sirven, y a la vista está.
Nos sirven las ideas. Las ideas fuertes, los ideales, que ya no pueden basarse en el aserto de que el patrón nos explota.
Hay que cambiarle el chip al gran capital, denostar la mundialización, aportar por el capital humano productivo local, hacer del trabajador el centro de la política económica y de las personas el centro del mundo.
Devolver a los pueblos la capacidad de producción que se llevó la competitividad enviando los medios allá donde los salarios eran de mierda. Conseguir que cualquier trabajador sea dueño de su vida y no la ponga en venta por un sobresueldo de miseria para subsistir…
Ideas,
No más hiperliderazgos. Más ideas.
Fuerte abrazo, amigo. Muchísimas gracias.
Me gustaLe gusta a 1 persona