La cosa es que unas vacaciones ya no son vacaciones si no has estado en Petra montando en camello.
Que no digo yo que esté mal; uno que quisiera: ¡Petra!

En cualquier caso hay que tener mucho cuidado con las experiencias. Uno, sin comerlo ni beberlo, puede terminar en un Spa dejando que cien litros de agua helada caigan de golpe sobre su cabeza al salir de la sauna. Insisto, que no digo yo que esté mal.
Pero ¿dónde queda aquel placer íntimo del relax de Santa Pola?
Lo sé. Las playas están a rebosar de niños y niñas con juguetes de agua imposibles y el riesgo de atropello es difícil de evitar. Y hay que bajar temprano si se quiere pasar la mañana a menos de ochocientos metros de la orilla, es verdad. Por no hablar del aparcamiento.
Seguramente uno de los mayores placeres de nuestro tiempo es abrir una caja de experiencias sorpresa que te regalaron tus bienintencionados hijos con el fin de que abandonaras tu vida aburrida de sesentón. El problema es la sorpresa. Puede ser un Spa de cabello. Y cabe la posibilidad de que no esté usted dispuesto a pasar por ahí. No pasa nada, se disimula: ¡justo lo que quería!. Y siempre se puede cambiar en el centro comercial de turno por un fin de semana en un hotel boutique en El Escorial con menú degustación incluido en una gastrotaberna de última generación.
Puede que no entienda nada de lo que se está metiendo entre pecho y espalda, pero son experiencias. También es posible que quiera asesinar al camarero ataviado de colores pastel predominando el beige clarito, cuando espete con cara de suficiencia que quién no ha probado en su vida los escamoles a la mantequilla. Sí, son larvas de hormigas güicheras recolectadas bajo la arena del desierto y cocinadas con chile serrano y epazote después de un lavado concienzudo. Y mantequilla.
La pregunta subsiguiente es inevitable: ¿lo maridaremos —los camareros bien entrenados de gastrotabernas de última generación siempre maridan las cosas en primera persona del plural— con un Chardonnnay con un poco de barrica o con un Sauvignon blanc? La acidez del Sauvignon —añade el camarero a modo de consejo— contrasta bien con los herbales del epazote.
Sí. La experiencia del menú degustación en El Escorial también puede ser un error. Ya lo digo: hay que ser muy cuidadoso con las experiencias. ¿Qué cojones será el epazote? Y, de otro lado ¿a quién mierda le importa?
Santa Pola ofrece al visitante una variedad interesantísima de chiringuitos playeros con el tinto de verano a dos con treinta. Si usted tiene el día intrépido, una tabarquera puede acercarlo en menos de media hora al islote de Tabarca, preñado de historias de genoveses que lo hermanaron con Calaforte, una pequeña localidad de la isla de San Pietro en la región de Cerdeña, también preñada de historias de genoveses. ¿Ve? Eso también es cultura. Y los chiringuitos de Tabarca no se parecen en nada a montar en camello y no hay que lavarse tanto las manos al sentarse a la mesa como después de bajarse de uno para evitar ácaros y protozoos. Es muy difícil que salgas con sarna de un chiringuito de Tabarca o del propio Santa Pola.
Y casi imposible que un camarero te ofrezca escamoles a la mantequilla con el riesgo volver a quedar en evidencia delante de la churri que volverá a sospechar que no eres un hombre de mundo. Un espeto de sardinas (mi prima Paca los prepara cojonudos en su Neptuno de Mojácar) o una mismo de chopitos hará también las delicias del veraneante con infinitos menores peligros.
Esa historia de genoveses que repoblaron la isla tras ser liberados por Carlos III de su cautiverio en Tabarka (de Túnez, no confundir: por eso la de enfrente de Santa Pola se llama en realidad Nueva Tabarca) es también muy adecuada para contarla a la vuelta en la oficina aderezada con unas fotos de la Virgen del Esclavo, patrona de Calaforte que, por su hermandad, cuenta con su propia imagen en la iglesia parroquial. Efectivamente el asunto no le importa a nadie, pero tampoco crea que son de especial interés sus historias en Bora Bora y el reportaje fotográfico se multiplica por mil para desesperación de un público cautivo (estos sí que sí que) por razón del cargo que ocupa. La Polinesia Francesa está sobrevalorada.
La molicie. Este verano, si aún está a tiempo, evite los noticieros en televisión (se ahorrará el espectáculo dantesco de escuchar a Isabel Díaz Ayuso), prohíba a sus seres queridos que le regalen experiencias por el día de su santo. Es verdad que las figuritas de Lladró quedaron en desuso desde que las televisiones planas no permiten adornos encima, pero no se juegue por ello las vacaciones. Entréguese a la molicie sin complejos. ¿No son acaso las fiestas de su pueblo? En Madrid, San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma; el Ayuntamiento de Picón esta misma mañana obsequiaba a sus vecinos con un par de huevos fritos en la plaza pública. En San Roque de Melide empezaron ayer con Panorama… ¿Ve? Y luego, a la molicie. Percebes y molicie, tortilla de camarones y molicie.
Son vacaciones. Mire a ver si puede cogerse junto el mes al que tradicionalmente se tiene derecho. No las parta en trocitos para llenarlas de actividades imposibles… Lárguese un mes completo a un sitio barato donde lo más arriesgado que pueda encontrarse sea una orquesta popular en la plaza del pueblo con una vocalista embutida como un lomo en un traje rojo que se arranque con un ‘Benidorm Benidorm, Benidorm te amo’ y gintonics a cinco cincuenta.
Sin complejos… la molicie.
Ya visitaremos Petra cuando estemos muertos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Totalmente de acuerdo. Yo ,de todas formas, prefiero Carbonaras . 12 km de playas semi naturales,semi vacías, con pequeños chiringuitos SIN paellas. La cerveza , con tapa incluida , 2€ . Sin semáforos ni rotondas!! Iré al Neptuno a tomar las sardinitas de tu prima . Mis descendientes ,afortunadamente , saben que “las experiencias” las consigues con el DNI. Y que jamás se ofrecen en un sobre del corte inglés. No nos dejemos engañar. Nuestras ciudades vacías, tampoco son un mal plan. Salir a un apartamento sin aire acondicionado ,ni ventilación cruzada . Un dormitorio y sofá cama , para 6 personas ,con playas atestadas ….. Eso es un castigo Divino!!! Ir de vacaciones . Es una decisión muy seria . Un besazo.
Enviado desde mi iPad.
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¡Carboneras! Sin camellos, sin gastrobares… Vacacione. Levantarse tarde sin un autobús esperándote para una excursión programada. Sin atracar en un puerto del Rin durante días porque se quedó sin agua.
Me uno a Carboneras. Cabo de Gata, cala de San José, playa de los muertos…. ¿vamos?
¡Vacaciones! Sin un vale para disfrutar de El Corte Inglés.
No sé si no nos están engañando ya con todo…
BESO ENORME, CHELINES
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