El deseo número 13.

Han sonado las doce campanadas. He vuelto a atragantarme con las putas uvas. Un deseo por cada una: fumar menos, salir menos, beber menos, no apuntarme al gimnasio esta vez, quitarme del grupo de WhatsApp de antiguos alumnos de las Escolapias, dejar de soñar con el aumento de sueldo, leerme El Quijote de una vez por todas, arreglarme el empaste, dejar el Prozac, cuidar del cinismo que me permite seguir viviendo en sociedad, aprender a decir no sin poner en riesgo el cinismo que me permite seguir viviendo en sociedad, empezar la tercera temporada de Juego de Tronos. Necesito otra media docena campanadas para terminar la lista, pero son las que son.

La casa está llena de gente. No sé por qué coño he terminado aquí celebrando la Nochevieja. Debería haber dicho que no y ya está. Pero cuido en exceso del cinismo que me permite vivir en sociedad y he vuelto a no saber decir que no.

Ya hemos tirado a la basura tres botellas de Anna de Codorníu: los hijos de puta de los supermercados, si no es en Madrid, guardan las que no venden durante años. Las esconden el día 2 de enero y las sacan otra vez en noviembre. Es imposible encontrar una que no sepa a pis. El anfitrión ha optado por espumoso manchego. ¿De dónde habrá sacado esa mierda de vino? El año empieza mal. En La Mancha no se hacen espumosos, pero ellos aún no lo saben.

¡Santo Cielo, apenas es la una! ¿Hasta qué hora será prudente esperar? El anfitrión va cambiando de cadena en la televisión buscando números musicales. Con toda seguridad esconde un karaoke en algún lugar estratégico para enchufarlo a las tres. Hasta la tres estamos a salvo. Si tengo que volver a cantar Bailar pegados con el pegajoso de Tomás me corto definitivamente las venas. Me aburro. Sonrío ampliamente al aceptar la quinta copa de espumoso manchego. Tengo miedo. Resto de mi lista de deseos el de cuidar del cinismo que me permite vivir en sociedad y añado el que tenía como primer reserva: estudiarme la Champions league para tener tema de conversación con los compañeros de la oficina. Me salgo a la terraza, enciendo un cigarrillo. Resto de mi lista de deseos el de fumar menos y añado el segundo reserva: santificar las fiestas, a ver qué se siente. El de beber menos se

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Señor escapando por la ventana de una fiesta de Nochevieja.

cae por su propio peso al aceptar otra copa de espumoso manchego, pero no tengo nada en la recámara, y estoy pensando que al empaste le van a dar mucho por culo. Hace un  frío negro en la terraza. Voy a fumarme el último del paquete. Escucho los primeros compases de La puerta de Alaclá: no hay duda, son las tres. Observo en la distancia que Tomás me busca con la mirada. Ahora sí que tengo miedo. He vuelto a elegir equivocadamente el atuendo; no debí venir de corbata. Salto por el balcón. Es un primero, no puede ser mortal. La chapa del Seat Toledo está demasiado fría. Ha helado. Ruido de sirenas. Carreras por los pasillos de urgencias. Dejar de salir de los sitios tirándome por la ventana, no conduce a nada; deseo número trece. Sin quitar ninguno.

 

El dibujo es de mi hermana Maripepa. La ilustradora de este blog y un servidor os deseamos a todos un feliz año 2017, si es que se puede.

12 thoughts on “El deseo número 13.

  1. Jajaja… veo que sobre todo has decidido mantener el cinismo para poder vivir ¿en sociedad?… La verdad es que si algo tiene de bueno la Navidad es su previsibilidad, siempre ocurren las mismas cosas, creo que por eso gusta tanto a tanta gente y a otros nos permite sobrellevarla son que los demás se den cuenta de lo que llegamos a aborrecerla. Tanta sonrisa, tantos buenos deseos, tanta comida como si se fuera a acabar el mundo, tanta mala digestión , tanto cava con sabor a pis (por cierto té aconsejo para años venideros que te pases al sorbete de limón, le añades el cava alcsirvete y ya está, por lo menos sabe a algo), tanta música de los 80, tanto programa infumable…. en fin, lo último, aguantar como un jabato, !!!!porque mira que caerte sobre un SEAT Ibiza y acabar en urgencias!!!!, ahora vas a ser la comidilla de amigos pesados y cuñados los próximos 25,años y eso sí que no hay cuerpo que lo aguante.
    PD’.: no te engañes sobre mi guasap de las 3, llevaba durmiendo en un sofá desde la 1., después de que todos se fueran a seguir por ahí la juerga. Creo que empiezo a atisbar lo que debe ser el Nirvana.

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    1. JAJAJAJAJAJAJAJAJA

      En efecto, este es mi deseo más ferviente: cuidar de mi cinismo hasta que el cuerpo aguante. Es que, si no, debe ser muy difícil. Muy difícil aguantar tanta memez…

      Y, digo yo, si ya comemos lubina y solomillo cuando nos sale de los cojones, ¿por qué montamos estos pollos en Nochevieja? Si los niños ya salen hasta las tantas todos los sábados, por el amor de Dios… ¿Pa qué? ¿Pa qué?

      En fin, continuemos en ello, que hoy también hay festín pantagruélico. Y buena cara. Sobre todo ¡buena cara!

      ¡Feliz año nuevo otra vez, Ricardo!

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  2. Jajajaja, qué bueno. Ya se que cuando te invitemos a casa no puedo sacar el karaoke. Me da miedo, vivimos en un tercero.
    Has conseguido que comience el día riendo. Nosotros optamos por una sidra artesanal francesa y no estuvo nada mal.
    Feliz año, sin cinismos, Justo, de corazón.

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  3. Para la próxima Nochevieja , pide comida al chino, y pide licor de lagarto. Y para amenizar la noche la lectura del Quijote.
    Ahh y recuérdame que ponga rejas en el balcón y solicite al Ayuntamiento que prohíba aparcar alrededor de mi casa y ponga castillo de aire.
    Por cierto, ¿como explicaste en urgencias la causa de la caida? Jajajaja que te sento mal el cava manchego. Personalmente no me gusta el cava ni Manchego ni catalán. Solo algún champán francés y sin abusar.

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  4. Sabía yo que estás fiestas caseras con karaoke te encantaban.. me tienes que contar tu cinismo llegó a recibir el año con el tanga rojo. Yo acabé con un par de botellas de champagne francés en una buena charla amistosa, pero en defensa del espumoso manchego me tomé una antes de cenar. Tendré que consumir para vender mis uvas manchegas. Ahora bien reconozco que ayer dejé el cinismo en casa. Conserva el tuyo que lo tienes muy equilibrado con tu estado Zen.

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    1. Haré eso. De acuerdo.

      Vengo yo pensando que la sinceridad, que tan bien vista está, es una cualidad cuanto menos prescindible y que ayuda esta hipocresía tan bien aprendida, a que la convivencia con nuestros semejantes sea más o menos apacible. Por ejemplo: “Esos pantalones rojos, cariño, hacen que tu culo, ya con presencia más que notable, se convierta en una amenaza para quien lo sienta cerca” sería una pésima forma de empezar el año. Mucho mejor algo como “La chaqueta de nuestra boda te queda como el primer día, querido, pero las solapas han quedado algo antiguas. Mejor compremos otra, aunque sea de tu talla”.

      Sé que puede parecer pueril, pero he comprobado que según que verdades es mejor callarlas que ponerlas de manifiesto y, por otra parte ¿qué trabajo cuesta?

      Siendo tú productor de uva manchega, no podría sino decirte “¡Con el gran blanco que harían! No permitas que esos desalmados llenen de burbujas tus caldos exquisitos”. Y no me digas que no es mucho más elegante que ese otro: “¿Mantalán*? ¿Has dicho Mantalán? ¡Hala vete, salmonete!”

      En fin, Pietro, continuemos viviendo como podamos en este valle de lágrimas… sin ofender a nadie al intentar que se vea con nuestros ojos. Y saliendo por la ventana si la cosa se pone más fea de lo que estemos dispuestos a soportar.

      FELIZ AÑO NUEVO

      *Mantalán: Inefable marca de espumoso de Manzanares. Sépase que los catalanes no permitieron nunca que los espumosos manchegos ni de ninguna otra región de España adoptaran el nombre de cava.

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  5. Jajajaja!!! Pues ” acaba” y vamonos.
    ¡¡Pobre hombre!!! No sabía ” cantar pegados ” y acabo cantando “volare” pero…… tampoco se la sabía muy bien porque acabó con la “bilirrubina” ” en el coche de papa”
    Parece un personaje de Vázquez Montalban con mala suerte.
    Yo acabe un poco arto de la navidad y lo que mas me gustaba era el quedarme dormido en el sofá, viendo la tele.
    Pero todo cambió cuando tuve a mis niñas. Me entusiasmaba poner el nacimiento y todo lo que le acompañaba.
    La cara de las niñas y su ilusión……..

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    1. A ver Pepe… Lo sé porque lo he visto: Tu niño Jesús tenía el bigote de Aznar. Sí, con mis propios ojos.

      No me imagino qué es lo que ilusionaba a tus hijas, amén de no asustarse con la evenutalidad del bigote del recién nacido gracias, sin duda, a la inocencia de sus cabecitas vírgenes aún.

      En fin… Navidades. Fiestas, comidas, familias, amigos, amores y paces… Pero ya pasaron. Mi personaje las termina en urgencias y yo casi casi. Año nuevo… ¡A por él!

      Gracias por contárnoslo. Gracias por venir siempre a contárnoslo.

      Y, en efecto, donde dice arto, todos hemos leído hartos. Porque todos tenemos móviles independientes y libres que escriben tomando sus propias decisiones.

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