Agosto en gris

Ha amanecido un día feo, el mar está plomizo. Los niños duermen. Las cañas y todo lo que ponen en el chiringuito está carísimo este año. No es un tópico: usted se queda en el chiringuito mientras los niños se bañan. Le tocan esta quincena. Ha vuelto a fumar.

Nunca aprenderá a hacerse café, pero insiste, así que se lo toma sin muchas ganas frente a la ventana del salón del apartamento alquilado. El mar está a tomar por culo. El anuncio de la inmobiliaria era engañoso: no es primera línea, ni segunda. Y no puede mover el coche. El precio de la gasolina ya le importa un huevo después de tanto gasto, además ha bajado y Sánchez le sigue regalando 20 céntimos por litro, pero cerca de la playa es imposible aparcar. Mil quinientos por dos semanas. Una barbaridad. Pero ¿qué iba a hacer quince días en la ciudad?

Santa Pola. Ya está.

Se adivina la isla de Tabarca desde el apartamento. Le ha prometido a los niños llevarlos un día, pero ¡qué pereza! Imagina los chiringuitos más llenos y más caros, la paella de marisco pasada y la sangría caliente: el hielo se cotiza como los diamantes estos días. Lo hará, lo ha prometido, pero ¡qué pereza!

Esto de los agostos es según le pille a uno...

Con suerte uno puede ser feliz en agosto, pero es con suerte.

Descolocarse en agosto es más fácil de lo que uno se imagina.

Ha puesto la cocina perdida de Cola-Cao. Ayer hizo una tortilla de patata y está todo perdido de huevo. Aún huele a cebolla. Da un poco de asco, es verdad pero ¿quién se pone a recoger a las nueve de la mañana? Tostará pan.

El silencio es desesperante. Por la mañana. Por la noche no hay quién duerma. No despertará a los niños: hay poco que hacer hoy con este día tan gris. El último libro de Vargas Llosa no le está gustando nada. Tiempos recios. Lo compró como por obligación, pero ya no le gustan tanto los escritores tan de derechas. No es que usted se esté volviendo de izquierdas, no lo quiera el Señor, solo que tan de derechas tampoco le apetece. Veremos el tal Feijóo.

Página 42. No hay quién pase de ahí.

¡Madre mía! Es día 21. Nueve por delante.

La decisión ha sido correcta. Los pequeños aún disfrutan en la playa y ya tienen edad para no tener que estar siempre vigilándolos. Lo malo es que no hay nadie con quién charlar más allá de la cosa del calor, el cambio climático y la temperatura del aire acondicionado de los locales comerciales porque Sánchez es un sátrapa. Lo sabe, sí, habrá que ahorrar, pero ¿tiene que ser a costa del sufrimiento humano? 27 grados en la tienda es una temperatura prácticamente incompatible con la vida. O casi.

El 1 de septiembre se incorpora.

No habrá demasiadas cosas que contar en la oficina. Sus compañeras vendrán con historias increíbles de lugares lejanísimos, Tendrá que inventarse algo. Las posibilidades de ascender se esfumaron hace años. Administrativo. Ya está. 1 700. Tampoco está tan mal con la custodia compartida. Lo de la pensión era  un suplicio. Da para el alquiler del apartamento en el barrio periférico y poca cosa más. Lujos y eso no. Y fiestas pocas. Además ¿con quién coño se iba a ir de fiesta?

Las nueve y media.

Ruidos en la habitación de los críos. Ya se han despertado. Siempre juegan un poco en la cama antes de salir a desayunar. Da lo mismo: el Cola-Cao es frío y aún no ha encendido el tostador. Queda poca mantequilla. Habrá que ir otra vez al súper. Otros 150, no hay quien baje de ahí.

Los casi diez días que quedan por delante no serán peores que los 340 que empezarán en después. Del apartamento incómodo de Santa Pola, al apartamento incómodo del barrio, también alquilado. 65 metros cuadrados en los que embutir tres habitaciones (o lo que sean), un cuarto de baño, salón y cocina. La tele de 55’ no cabe en el comedor y, además, los negros se ven verdes. Una semana sí y otra no deberes y Play Station (3, no hay para más). Cenas y desayunos. De la comida se encargan sus padres porque no le da tiempo a comer en casa. Las tardes en invierno son más cortas. Menos mal.

Usted se ha quedado sin fuerzas. Tampoco las quiere para nada, ahora que se acuerda.

Algo ha debido salir mal. Y son 48.

¿Qué hacemos ahora?

El dibujo es de mi hermana Maripepa.


2 respuestas a “Agosto en gris

  1. Esto es real como la vida misma, quien no ha pasado por ello? Sin custodia compartida , con los niño, los suegros. Primos etc unas vacaciones de mucho ajetreo pero que al final tenías ratos entretenidos, la compra en el súper diaria, prepara comida para 8-10 eso si yo hasta ese punto bien , pero después de las cañas y la comida no recojo un plato directamente a la siesta calurosa de ese apartamento en primera línea que tiene sus inconvenientes que son muchos pero está en primera línea.
    Esa experiencia es como la mili deberíamos todos pasar por ella.

    Buen domingo

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    1. Duro agosto. Pero no para todos.

      Y menos mal.

      Nos hemos librado de los timos inmobiliarios, de las custodias compartidas y del tedio de las ciudades veraniegas y el chiringuito en soledad.

      Suerte más que inteligencia, me temo.

      Este rato se complica así de tanto para muchos, sin embargo. Y salir de ahí no tiene que ser nada fácil.

      GRACIAS, AMIGO

      Me gusta

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