El fin de la abundancia

La frase la ha acuñado Emmanuel Macron este mismo agosto. Sin tono fatalista. Solo avisando de que se acaba una era: esta, la de la abundancia.

Se acaba también el verano. Parece una coincidencia.

Un tipo que entiende mucho de dinero, el jefe de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Jerome Powell, ha dicho también este agosto que las cosas se van a poner durillas para las familias. Ha dicho, concretamente, que rebajar la inflación requiere “provocar algo de dolor” a familias y empresas.

Eso viene a significar subida de los tipos de interés y bajada de los salarios, porque contener la inflación no parece obedecer a otras medidas que aquellas que hacen sufrir más a los que peor la sobrellevan. Así es la economía por lo que se ve.

La Bolsa del lugar ha caído un punto y medio por la ocurrencia de Powel, pero no tardará en recuperarse. Se sabe que las bolsas del mundo reaccionan a los estímulos de los que mandan en el dinero y generan esos picos hacia arriba y hacia abajo que tan bien ilustran los telediarios sin que casi nadie entienda bien del todo lo que quieren decir.

Otoño caliente.

Este otoño caliente va a empezar en verano. Y no sabemos por cuantas estaciones se prolongará.

No nos lo creíamos.

Una conjura de difícil concreción nos ha convencido de que todo era mentira y de que podíamos agotar nuestros ahorros este verano jugando a que no estaba pasando nada, como si todo fuera normal, como si no se estuvieran gastando los recursos minerales del planeta y la bola del mundo estuviera tan fresca, a pesar de las olas de calor.

El Gobierno de España (después los de Alemania y Francia) ha hecho un tibio intento de rebajar las facturas regulando la temperatura del aire acondicionado de los comercios y el horario de encendido y apagado de los escaparates. Supongo que será para prepararnos para lo que venga en septiembre, que serán (o eso está previsto) medidas de verdadera contención del derroche energético en el que seguimos viviendo ajenos a lo que está pasando.

Los combustibles fósiles se acaban y no son sustituibles. El gas, el petróleo, no es que estén subiendo, es que ya no quedan. Y seguimos tirando a la atmósfera toneladas de cosas que abren agujeros en la capa de ozono. Hay una guerra (quizás hayan oído hablar de eso también en Santa Pola, en el chiringuito dónde la cerveza está cara y caliente y los gin-tonics los sirven con una sola piedra de hielo). Rusia quema gas en la frontera con Finlandia para explicarnos que ese que no le vende a Europa le sobra, sin más.

Cambio de paradigma: ¿ahorro? No creo que sea suficiente. La escasez de los recursos energéticos hará más profunda la desigualdad que ya presidía esta sociedad de la abundancia. Calefacción y aire acondicionado, sí. Pero también luz, datos, contención del déficit, cesta de la compra, hipoteca, control férreo de las emisiones… ¿también salarios? Es el fin de la abundancia.

Y, de todos modos ¿de qué coño de abundancia hablábamos cuando el 1% de la población concentra la riqueza de la humanidad? ¿De la abundancia de quién? ¿De los que, a pesar de vivir en las mejores condiciones que ha conocido la humanidad, tuvieron que apagar los radiadores? ¿O de la de esos no? ‘Pobreza energética’ tuvimos la desvergüenza de llamar a aquello. Tampoco la de los que se vieron arrastrados por la inflación, ni la de esos a los que la subida de los tipos de interés les hará imposible mantener el recibo de la hipoteca o sostener la línea de crédito del negocio flaco que daba de comer a su familia.

El horror: esta escasez, este camino de quedar a dos calles de las puertas del hambre, este ver como se esfuma el nivel de confort al que habíamos llegado (muchos) y se sustituye por un sillón más viejo, un ventilador que chirría al girar y una nevera que ya casi no enfría o un teléfono inteligente que ya no es tan listo, no va a despertar nuestra conciencia de clase dormida desde las últimas dos décadas del último siglo XX. Nadie va a reclamar un reparto más justo de la riqueza, ni de los bienes de producción, ni de los de consumo.

La humanidad se radicaliza. Ve en la extrema derecha la solución de los problemas del mundo, como si no fuera la extrema derecha (en su versión más obscena), precisamente, la que ha traído a los mercados del mundo esta situación de agotamiento esquilmando los recursos y maximizando el beneficio que obtenían por ellos. Y así este mundo que llaman de la libertad, que no es otro que el del ultraliberalismo económico, se abrirá esplendoroso para los que lo puedan pagar y quedará en blanco y negro (mate) para usted y para mí, porque no podremos.

No es una broma: el 25 de septiembre lo vamos a ver en Italia. Hemos estado muy cerca de verlo en Francia. No pasará de esta década.

Se acaba el verano. Este largo verano en el que hemos vivido a merced de los mercados que nos proveían de casi todo y obteniendo de nuestras instituciones mayores y mejores servicios públicos, mayores y más universales derechos individuales. También se termina este otro, el estacional, en el que el calor nos ha estampado de bruces contra una realidad que no quisimos ver el verano pasado, ni los de antes.

Será un largo otoño. Un invierno interminable.

El dibujo es de mi hermana Maripepa


7 respuestas a “El fin de la abundancia

  1. Espero que te equivoques por que si eso es así las vamos a pasar putas, claro los de siempre y esos somos muchos, la cosa no pinta en bastos, o a lo mejor si y los bastos los utilizamos para darnos palos unos a otros, la verdad es que no pinta bien, nos vemos yendo al monte a por leña para calentarnos y guisar todo en un mismo caldero y volvemos a las lámparas de carburo y le dan por culo a Putin con su gas.
    Buen domingo

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    1. Sí que pinta en bastos, sí, aunque aún no hayamos querido escuchar la voz de alarma.

      La guerra no está ayudando nada: acelera la crisis energética brutal, pero la crisis viene ya de la escasez: se gasta.

      Los que lo tienen todo quieren más. No permitirán que se reparta tanto lo poco que quede y nosotros, para compensar, no echaremos en brazos de la ultraderecha pensando que en el orden que proponen está la solución…

      Veremos qué pasa en Italia en septiembre. Veremos que sigue pasando en Europa, pero, amigo… ¡sí que pintan bastos!

      Yo también quiero no tener razón.

      ¡¡GRACIAS!!

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  2. Hace muchos años, mi pequeña cabecita ya le daba vueltas al planteamiento económico de aumentar los beneficios cada año, las ventas, el crecimiento…hasta donde? Nuestro mundo es finito. Tiene una cantidad de recursos y punto. La desmesura de la economía de mercado iba desbocada como si, llegado el momento pudiésemos dar un salto al siguiente planeta o algo así.
    Estamos consumiendo demasiado, y además nos han dicho que no podremos ser felices, de ninguna manera sin todo aquello que tiene en stock de ventas. Hace solo unas pocas décadas, también había gente feliz que no tenía alarma en casa, seguro privado de salud, cinco TV, o fíjate bien lo que te digo, no tenían rumba!!!
    La inflación se combate con reducción de consumo y estoy segura que eso nos vendría bien tanto a nuestros bolsillos (evitando las falsas necesidades que continuamente nos van creando los departamentos de marketing) como para nuestra paz espiritual. Volver a lo básico, reutilizar… poner una manta más en la cama, o aprovechar todo lo que compramos de comida, será bueno para nosotros y para el planeta.
    Al final, de todos modos, el planeta, se deshara de nosotros y seguirá girando como si nada
    Estoy deseando que llegue septiembre!
    Cuidate querido

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    1. A ver, a ver…

      ¿Estás completamente segura de que ha habido en España familias sin Rumba?

      No pensaba yo que estábamos en ese nivel de subdesarrollo, mujer. Creo que exageras.

      Estaría encantado de escuchar a alguien más decir que el déficit se contiene conteniendo el consumo, algo tan razonable que nadie se ha atrevido a poner por escrito. Pero las cuentas de resultados no crecerían por encima del 20% anual y eso sería fatal para los inversores.

      Un mundo enloquecido que se ha autofagocitado a base de esquilmar los recursos que, como bien dices, eran finitos. Y se agotan.

      No sé decir cuánto queda, pero sí sé que esto va acabando. Y me temo que lo vamos a ver agonizar tú y yo, ahora que hemos domotizado la casa para que la Rumba se pusiera en marcha a la hora convenida, nos vamos a tener que bajar del coche eléctrico para volver a casa caminando… como antes.

      ¡¡¡Un beso muy fuerte, Petra!!!

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  3. Así es , hablar de sociopatas, psicopatas y dementes controlando el cotarro , ya, para qué?
    Me estaba acordando de un artículo que leí hace tiempo de un paleontologo, arqueólogo, que decía, al final del escrito que la globalizacion ha sido la destrucción del planeta o lo llegará a ser, que nunca se habló de planetizacion que es lo que deberíamos haber hecho …..y me gusto el vocablo y su significado, Planetizacion..

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