Proteger a la justicia, proteger a España

El jefe del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo (al que más pronto que tarde llamaremos ‘el breve’ merced a su brevedad intelectual y a lo poco que esta le debería permitir prolongarse en el tiempo), se ha tropezado en su deriva hacia la radicalidad con un nuevo argumento para mantener secuestrado al Poder Judicial: defenderlo de Sánchez.

Núñez Feijóo, ese español que madruga, se ha autoerigido como el protector de las Españas todas contra la barbarie sanchista que asola territorios, incendia instituciones y golpea la justa conciencia de los ciudadanos regalando billetes de tren y entradas para el teatro a las hordas del rojerío con la sola intención de mantener el poder abusando del dinero que le roba a bancos y eléctricas.

El concepto ‘Gobierno legítimo’ le suena a chino, salvo en los honrosos casos de Galicia y de Madrid, donde sí que los gobiernos son legítimos, no como en Extremadura o en España, que están tomados por peligrosísimos hijos de la maledicencia y el trilerismo.

El concepto de ‘Gobierno legítimo’, decía, le suena a chino mandarín. Él, depositario de las esencias, se ha atribuido el encargo de salvar a España, por encima de las urnas, de la Constitución, de las instituciones y de las más básicas reglas de urbanidad, que no son otras que aquellas que, sin duda, le enseñaron en casa (no se habla con desconocidos, no se hurga en la nariz, no se junta uno con narcotraficantes, no se miente a sabiendas, no se insulta… en fin, esas cosas).

Sobre el secuestro de la Justicia seguro que no le hablaron sus papás, ajenos a la orgullosa posición que el chico alcanzaría en su madurez (que tanto ha debido asombrarlos). Eso lo tiene uno que aprender ya en la Universidad o durante la militancia política, que ahí es donde se aprende que no vale todo.

Pero tres presupuestos generales del Estado aprobados en tiempo y forma son demasiados para mantener la elegancia. En realidad da igual que hayan sido tres o que vayan a ser siete, porque desde el primero brama el PP contra la supuesta ilegitimidad de los votos que los apoyan. Y con eso justifican la inmoralidad de su acción política.

La reforma del Código Penal (exigencia independentista para apoyar los Presupuestos 2023) tocando un delito, la sedición, tipificado en los tiempos del Rege Carolo, cuya vetusta redacción mantiene en libertad a Carles Puigdemont por la imposibilidad de extraditarlo, o el de la malversación, que trata de distinguir al que roba del que no roba (al que se lo lleva muerto del que no, para entendernos), sirve hoy de excusa de mal pagador al jefe de los populares para mantener la desvergüenza mayúscula de mantener conservadora una institución que desde hace cuatro años (¡CUATRO AÑOS!)  debió ser progresista. Porque los jueces y las juezas, lo mismo que los fontaneros o las auxiliares de enfermería, tienen ideología, independientemente de que ello afecte o no a su independencia, como muy bien sabe el Partido Popular.

Y ahora a vueltas con el Tribunal Constitucional.

Las infames argucias conservadoras para mantenerlo a la derecha de la voluntad popular empiezan a hacer aguas y esto desespera a Cuca Gamarra (¡Cuca! ¿De veras?) que intuye que pronto la composición del tribunal de garantías se pueda volver en contra de sus intereses bastardos (bastardos, porque tratan de hurtar sus decisiones al sentir ciudadano que, como es sabido, en democracia, se manifiesta en las urnas y se concreta en el Parlamento: no le quepa duda sobre este principio esencial de la convivencia).

Y si es verdad que el Gobierno está utilizando cauces poco habituales para introducir reformas, por ejemplo, en el funcionamiento del Consejo General del Poder Judicial, que faciliten el desbloqueo de las instituciones sobre las que tiene ascendente (nombra a dos vocales del Tribunal Constitucional) ¿no será igualmente verdad que una posición digna del conservadurismo y de quienes lo representan facilitaría el normal devenir de la sagrada alternancia de los poderes del Estado? ¿O no tienen que alternarse sino cuando es hacia la derecha?

Respecto del perfil de los personajes que el Gobierno de Sánchez propone para los puestos que le corresponden, baste recordar de dónde venía Carlos Lesmes (alto cargo del Gobierno del PP en el Ministerio de Justicia, bajo las órdenes de todos los ministros del ramo nombrados por José María Aznar, a saber, Margarita Mariscal de Gante, Ángel Acebes y José María Michavila), por no alargarme con los currículums de Enrique Arnaldo u otros tantos que, con más pena que gloria nutren las filas conservadoras de los órganos judiciales. Así que el ejercicio de cinismo por el escándalo que interpretan no es más que otra bufonada, a la que se une la desaparecida Inés Arrimadas tachando la cosa de ‘autogolpe de Estado’. Autogolpe de Estado, nada menos. Lo próximo de lo que acusen al Gobierno legítimo de España será de magnicidio, o de exterminio, porque creo que ya se le han acabado los superlativos. ¡Autogolpe de Estado!

Si Feijóo de verdad quiere salvarnos de Sánchez, hace lo que debe, para eso es el jefe del principal partido de la oposición.

Si para protegernos del Mal la estrategia es la indecencia con la que se produce, yo digo lo que mi madre: ‘virgencita ¡que me quede como estoy!’

Sin paliativos.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.


5 respuestas a “Proteger a la justicia, proteger a España

  1. En esta vida, que ya empieza a ser larga, me he sentido muchas cosas, algunas, para ser sincero no me han gustado mucho, supongo que como todos. Ahora me hacen sentir una cosa nueva:»ilegítimo social».
    En democracia, en esta democracia, me he sentido, las más de las veces, ninguneado, engañado, o, más bien, parte del decorado, pero siempre me ha gustado engañarme con aquello de que mi voto, siempre he creido honesto con mi conciencia, podía servir para algo….vaya he tenido esa esperanza, vana quizás, pero esperanza al fin.
    Ahora resulta que soy tan ilegítimo como al gobierno que vote porque, a lo que se ve, de aquel voto esperanzado provienen estos «lodos», bolivarianos, comunistas y filoetarras….
    No salgo de mi desconsuelo. No soy un verdadero demócrata y con este historial ellos jamás me darán, solo ellos pueden hacerlo, mi carnet de verdadero «patriota demócrata» y no podré caminar » prietas las filas, cara al mañana que nos promete: patria, justicia y paz».
    ¡que triste futuro el mío!. Menos mal que esta aquí la santísima trinidad, Abascal, Feijoo y Arrimadas, la AFA(no confundir, en estas fechas, con la Federacion de futbol argentino), para llevarnos , como Fernando VII, por la senda de la Constitución justo antes de acabar con ella.

    Un abrazo

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    1. En este aplicativo no existe el icono de descojonarse de risa, así que solo puedo decirlo por escrito: me descojono.

      Yo que no había buscado hasta ahora mi carné de patriota, leyéndote me doy cuenta de la muchísima falta que me hace y empiezo a añorarlo con desesperación, porque ¿cómo caminar junto con nuestras escuadras, prietas las filas, recias, marciales…?

      Mucho me temo que con lo que llevo escrito jamás podre acercarme a la AFA (principio y fin del patriotismo, alfa y omega del bienhacer) a solicitar en forma credenciales de españolidad, con sus pólizas y otros timbres. Así que me doy por eternamente ligado al rojerío exterminable, a la espera de la justa redención que todos obtendremos en el valle de Josafat, dónde ni Constitución ni hostias…

      Destino fatal.

      GRACIAS, AMIGO. Un rato de risa… impagable.

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  2. No nos estamos dando cuenta, y lo pasamos por alto que España tiene una solucion y ademas nos la ponen en bandeja, coño si tenemos al matrimonio libertador ( auque nos esten realmente casados por que ya se fue o lo echaron) de feijoo y Ayuso que tanto monta monta tanto ( en esta ocasion no, monta bastante mas Ayuso) y seguimos dejandolos a un lado , seguro que al final nos pesará, pobrecitos con lo buenos que son.

    Buen domingo

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    1. Jajajajajajajajajaja

      Montar, lo que se dice montar, parece que la que monta es Ayuso, que se ha llevado por delante a Feijóo (o a su imagen de moderación al menos) y se llevará por delante la cordura (si alguna vez la hubo) del partido al completo.

      Se ve que en este matrimonio pasa como en tantos otros de aquellos de la antigüedad en los que el varón tomaba las decisiones importantes y dejaba a la mujer los asuntos cotidianos, y al cabo de los años caía en la cuenta de que no había tenido que intervenir jamás en las cosas de la familia, porque nunca una decisión fue lo suficientemente trascendente como para que tuviera que tomarla él.

      Cuando Feijóo caiga en la cuenta de que todas las decisiones las tiene tomadas ya Isabel, se va a deprimir tanto que va a tener que recluirse en la parroquia de algún concello de su Galicia natal, como ordinario del lugar.

      ¡Fuerte abrazo! Se ve que la lluvia te inspira…

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  3. Emiliano García Page dixit: «Lo primero que me molestaría es que nos tomen por tontos, esto es un momento grave para la política española. Soy muy contrario a la decisión del Gobierno, insisto, muy contrario a lo pactado con los independentistas. Ver que un código penal se pacta, entiendo lo que está pasando, lo entiende el 95% de los españoles, hasta Junqueras lo entiende, no es serio, básicamente es lo que parece.»

    La corrupción política también es corrupción, aunque no esté tipificada en el código penal. Existe más corrupción en la democracia que la que cabe en un sumario penal. Hay más corrupción política, por ejemplo, en el llamado “derecho a decidir” que la que pueda haber en un caso de financiación ilegal de un partido político, porque afecta mucho más a lo que puede considerarse justicia social y sobre todo a la comprensión racional de la situación. Hay más corrupción en las urnas de los separatistas que en las porras de los policías. De otra manera, hay más corrupción en la deformada idea de Nación política que manejan los «progresistas» (sanchistas y otros, Feijóo también) que en el escándalo de los EREs de Andalucía. Como no saben lo que es la Nación política, han dejado de defenderla y eso es gravísimo. Por ejemplo, las consultas o procesos secesionistas (como el vasco o el catalán) son corrupciones de la sociedad política porque equivalen a la mutilación de una parte formal del organismo político establecido. Una parte no puede decidir por el todo. La sedición es una corrupción política que tiene el nombre de traición. Nación política subsume a las naciones étnicas, es la Patria. Las naciones étnicas no desaparecen con ella, sino que son reabsorbidas según la fórmula de la Revolución francesa: «ya no somos bretones, galos o francos, somos franceses». Y lo que estamos viviendo ahora es una refluencia del Antiguo Régimen porque, a ver si se enteran algunos, exigir derechos exclusivos en función de la lengua, la etnia, la cultura o el rh negativo está más cerca de la derecha histórica que de la izquierda «progresista». Señor Sánchez y compañía, sigan ustedes sus planes y programas disolventes de la Nación española, pero no tengan el morro de hablar en nombre de la izquierda, porque instaurar la desigualdad territorial amparándose en la ideología del “hecho diferencial” es derecha primaria. No saben lo que es la Nación política y no saben que la razón nacional no se puede decir de forma subjetiva, no es de libre elección. Habrá que recordarles que restos de derecha primaria aún quedan en España, se encuentran en los partidos nacional-fragmentarios. Y habrá que recordarles que la soberanía nacional, como núcleo del poder político, es un hallazgo de las izquierdas.

    La democracia no es algo que está flotando en el aire, sino que está siempre afectando a un pueblo histórico, no a un pueblo metafísico. Esta comunidad política vive necesariamente en un territorio delimitado, que es su base, como capa basal que viene heredada de otras épocas políticas anteriores. Esta capa basal es la patria, donde está la tierra, donde están enterrados nuestros antepasados, donde están las riquezas, los campos, las minas, el agua… Cuando la pretendida democracia de los vascos o catalanes busca una capa basal sobre la que asentarse, entonces el conflicto es inmediato porque el territorio basal español es de todos los españoles. Que tal cosa se persiga hoy en nombre de la democracia es una corrupción: «¡Déjeme de democracia: usted me está robando!»
    En fin.
    UN SALUDO A TODOS LOS QUE PIENSAN POR AQUÍ.

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