La sociedad española se ha acostumbrado a que la justicia se cachondee de ella en su puta cara, sin que ello produzca sonrojo ni desdoro a esta forma de estar en el mundo que significa ser español.
Y la justicia se ha acostumbrado a descojonarse en la puta cara de la sociedad española, sin esperar por ello consecuencia alguna de orden disciplinario o meramente reprobatorio.
Tertulianos, catedráticos y columnistas se quejan de continuo de los desmanes que cada semana nos llegan a través de todos los medios de comunicación posibles, pero el Poder Judicial, representado en su Consejo General (órgano recientemente renovado tras más de cinco años de bloqueo malicioso del Partido Popular), en quien reside la competencia para ajustar a Derecho la actuación de jueces y magistrados, ni está, ni se le espera.
Los jueces ahora están enfadaditos, pobres, porque desde el Gobierno les dicen cosas muy feas y esto, claro, supone una afrenta insoportable para quienes ganar una oposición (de las difíciles) piensan les infunde un aura de invulnerabilidad solo comparable con las vestiduras del hombre murciélago (Batman).
Y así tenemos jueces trabajando vivamente para el Partido Popular, inmunes a cualquier acción disciplinaria, juzgando lo injuzgable, fallando lo infallable y elevando a la categoría de prueba de cargo indicios que para cualquier jurista sin contaminar resultarían irrisorios, cuando no meros titulares de medios de comunicación convenientemente aliñados por esas organizaciones vergonzantes que se han convertido en el azote de la izquierda de este país nuestro (Hazte Oír, Manos Limpias, Abogados Cristianos, Vox, Partido Popular… esta clase de chusma).
Se ventila ahora en la Audiencia Provincial de Badajoz el juicio contra David Sánchez Pérez-Castejón, cuya única circunstancia probada es la de ser hermano del presidente del Gobierno. El asunto, pásmense, un presunto enchufe. ¡Un enchufe en España! ¿No es insólito? Un enchufe para un puesto en el departamento de Cultura de la Diputación de Badajoz.
¿Sabe? El acusado buscó piso en Badajoz antes de que se le adjudicara la plaza y no solo es eso, es que un miembro del Tribunal Calificador del proceso selectivo se refirió a él como ‘el hermanísimo’. Como se lo cuento. Culpable ¿alguna duda?
¿De tráfico de influencias? ¿De prevaricación? ¡Pero coño! Si son delitos que se cometen por funcionarios públicos. ¿Los pudo cometer el aspirante a un empleo público por ser hermano del recientemente apestado y decaído secretario general del PSOE, con la colaboración del presidente de la Diputación que, por lo demás, iba con Susana Díaz en aquella lucha por la dirección del partido? Recuerden aquel cuarto trimestre fatídico de 2016 para el PSOE.
Los asuntos de selección de personal en la Administración Pública se ventilan típicamente en la jurisdicción contencioso-administrativa que es la que se encarga de controlar la legalidad de las actuaciones de la Administración. Y a quien se juzga es a quien enchufa, que es quien comete la ilegalidad, ya sea prevaricación, ya tráfico de influencias, y no al enchufado. Centenares (miles) de procedimientos y sentencias avalan esta práctica.
Conducir este asunto por lo penal y encausar al presunto enchufado y no al ‘enchufador’, sin pruebas concluyentes ni indicios que pudieran resultar probados en durante el juicio oral es simplemente una atrocidad. Lo que se conoce en el mundillo como una aberración jurídica, que no trae otra causa que la de ser el acusado hermano del presidente del Gobierno.
A David Sánchez, como a Begoña Gómez, se le ha acusado de todo. De todo. Hasta de vivir en Portugal se le ha acusado. Y, decaídas todas las patrañas que se le montaron (sobre lo de vivir en Elvas no se consiguió sostener que fuera delictivo por más que se intentara) no quedó más que la de mantener un puesto de alta dirección (laboral, no funcionario, con un estatuto que permite fácilmente su revocación) en la Diputación de Badajoz.

Y en esto estamos. Con la acusación particular (Hazte Oír, Manos Limpias, Abogados Cristianos, Vox, Partido Popular, esa chusma) duplicando (de tres a seis años) la petición de condena para un músico que estudió en una de las escuelas más prestigiosas y antiguas del mundo: el Conservatorio Estatal Rimsky-Kosakov de San Petersburgo, ciudad en la que trabajó durante años como director de orquesta, sobre el que el diario El Mundo había escrito (antes de convertirse en carne de cañón) que era “uno de los directores de orquesta españoles más reconocidos en el extranjero”.
Alguien podría pensar que la Diputación de Badajoz había fichado a un portento. Que el Tribunal Calificador había seleccionado al mejor. Pero Hazte Oír, Manos Limpias, Abogados Cristianos, Vox y Partido Popular, esa chusma, opinaron lo contrario. Y ¡oh destino fatal!, encontraron en la justicia la olla perfecta en la que cocinar su caldo.
David Sánchez Pérez-Castejón: culpable. Pedro Sánchez Pérez-Castejón: más todavía.
Y los jueces enfadaditos porque se meten con ellos… ¡cosas!
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Ni más ni menos , ni menos ni más. Miedo y asco en Las Vegas. Y sigo sin entender como no revisamos la vigencia de la «acusación popular» . Sabemos que se mantuvo en 1978 por las lógicas dudas que las contaminaciones de modos y formas de una DICTADURA sobre la policia y el poder judicial pudieran impedir sentencias democráticas y justas y por tanto permitir a , por ejemplo sindicatos [de los de verdad, los que morían en atentados defendiendo los derechos de las clases más humildes], ejercerla [la popular]. En 2026, como.mínimo, se debería derogar o limitar muchísimo. No creo que en la República Federal Alemana o en Dinamarca, o incluso en Francia, exista. Por si acaso, lo repasaré.
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Eto de las acusaciones populares se ha convertido en la fórmula perfecta para hacer de los procesos penales un circo de pública concurrencia, amén de desvirtuar por completo la idea de la justicia o del juicio penal.
Se quedó viejo. Como tantas cosas se quedaron viejas.
La Transición justificó demasiadas cosas que aún están por revisar. Y convendría hacerlo cuanto antes… o sea, antes de que sea demasiado tarde y sean otros quienes las revisen.
O a lo mejor ya es demasiado tarde.
GRACIAS MARC
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Pedro Sánchez Castejón sí, culpable, de frotarse las manos mientras los jueces destrozaban a Podemos. Culpable de volver a convocar elecciones en lugar de darle más poder a Podemos, ojo no es que Pablo Iglesias sea mi persona preferida. Según mi experiencia profesional son tal para cual.
Pues ahora le toca tragar quina. Por cierto también es culpable de dejar pulular por Ferraz a imbéciles, es su mejor calificativo, ni sirven para corruptos ni para espías, al menos M.Rajoy tenía una trituradora de papel en el despacho, como Ávalos, un putero baboso, Koldo, un personaje que parece que le dejaron a medio hacer, Cerdán, un jeta del tamaño del universo, y la última «estrella» Leire, una trepa y una liante de libro. Hay que ser medianamente listo para tener el decente criterio de saber de qué tipo de persona te rodeas. Para ello tengo un amigo gaditano, más que un amigo es un padre, ha sido durante décadas presidente de una federación deportiva autonómica. Ha dedicado medis vida a ganarsela con su empresa de organización de eventos deportivos. Y eso siempre lo ha conseguido porque sabía de qué gente se rodeaba y de qué era capaz cada uno. Parece que Pedro Sánchez no tiene esa facultad.
En cuanto a los jueces… Leamos de nuevo El Nombre de la Rosa y obremos en consecuencia, incluyendo a los juzgadores de los jueces (el poder emana del pueblo).
Feliz semana Pontificia, abrazos.
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PD El UIP que empujó a la profesora… Escuché que le iban a abrir un expediente. Vista la actitud de sus compañeros inmediatamente después de el acto violento (gratuito) el verbo abrir está bien pero para abrir a toda la UIP, incluido sus jefes, en canal. Yo comenzaría por un test de drogas.
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