Supongo que hay un momento en el que el estupor llega al límite y todo lo que lo supera deja de ocupar espacios para el asombro y se archiva sin más trámite en la neocorteza cerebral (el lugar dónde se archivan los recuerdos) sin pasar el filtro del hipocampo, que es donde se distribuye la información que llega a nuestro cerebro y se decide cuál de ella pasará formar parte del elenco de nuestra experiencia.
Un hipocampo agotado por la sobreinformación al que lo sometemos vía TikTok deja de analizar opciones y sobrecarga la corteza prefrontal, que es la zona donde se analizan las reglas lógicas para la toma de decisiones, hurtándole a la amígdala (que procesa el miedo a perder) casi todo el trabajo y dejando campar a sus anchas a la dopamina que segrega el núcleo accumbens para lanzarse sobre cualquier tipo de aventura sobre la que se presuponga un premio.
Compréndase que el análisis anterior no se hace con pretensión científica, pero véase de qué sencilla manera puede alcanzarse la idiocia y puede uno decidir celebrar su cumpleaños instalando una jaula de artes marciales extremas en los jardines de Versalles. Basta con empaparse uno de TrumpTok (que no se ahora cómo se llama la red de propiedad del mandatario norteamericano en la que publica sus excesos).
El dato es incorrecto. Lo sé. En Versalles lo que ha firmado Trump es un memorando, el Memorando, en el que para sorpresa de nadie se compromete a revertir su relación con Irán al estatus quo del que ya disfrutaba hace apenas dos meses, ciento treinta mil millones de dólares* y siete mil* muertos después. Y Trump ya tenía ochenta años y un día*. Se sabe a ciencia cierta que el régimen de los ayatolás ha firmado otro papel.
El cuadrilátero se montó en los jardines de la Casa Blanca, a cuyos alrededores habían acudido más de ochenta mil* intelectuales movidos por la pasión de los deportes de contacto. También hubo aviones en formación delta, fanfarrias e himnos, sangre suficiente y mucha testosterona, aunque se comenta que el presidente apareció como cansadito después de una dura jornada de negociaciones que le habrían de conducir a ningún lado. Pero los cuatro mil y pico* invitados que vivieron en directo la velada de hostias estaban predispuestos a perdonárselo todo y a volverse a creer que Trump había ganado, otra vez, la guerra de Irán.
El Memorando de Versalles se grabó con un móvil. El despliegue de tecnología, pantallas gigantes y cámaras de alta definición para hacer llegar la imagen de la velada de lucha sin reglas a los ochenta mil visitantes fue algo mayor.
Se ve que, a pesar de la pompa versallesca, la cosa de las relaciones internacionales (la diplomacia y eso) se ha quedado algo antigua y va perdiendo valor vencida por los efectos de la dopamina (recuerde, ese neurotransmisor que segrega el núcleo accumbens) que, lejos de ser la molécula del placer como algunos afirman, se ocupa de la búsqueda de recompensas actuando como localizador de recursos para obtenerlas.

Y volvemos al cerebro. A la amígdala, esa que procesa el miedo a perder que se ve que no le funcionó a Zapatero cuando decidió guardarse unos regalitos de por ahí en la caja fuerte de su despacho, ha dejado de funcionarle a la humanidad toda, oh fatalidad, atufada por la dopamina que una corteza prefrontal adormecida ha permitido que se enseñoree del cerebro humano.
Y así se satura también la capacidad para el sobresalto y se acopian los mensajes de Vicente Vallés sin que el centro que procesa las reglas lógicas mediante el análisis racional de la información, haya movido una molécula de sus recursos.
Le pongo un ejemplo:
— Trump ha celebrado su cumpleaños montando una jaula de cuatro millones* de dólares para lucha extrema.
— Ah, pues no sabía nada.
Y ya está.
¿Ve? Algunas partes del cerebro de la humanidad han dejado de hacer su función y otras han ocupado su lugar obviando las recomendaciones del hipotálamo que, lejos de asegurar que todos los sistemas del cuerpo funcionen armónicamente, se ha rendido a los placeres de la recompensa y destila bilis a los estímulos que recibe de la izquierda y endorfinas y encefalinas ante todos aquellos que revienen con ese gustillo antiguo del privilegio.
— ¿De toda la humanidad?
— De casi toda
Claro que… si el premio es la patria… ¿quién podría hurtarse?
*Todos los datos numéricos son correctos
El dibujo es de mi hermana Maripepa
Lo de Trump no me extraña nada , lo que es cierto que esa cosa del cerebro algo tiene o de alguna manera se puede manipular porque viendo lo visto el cerebro de mcuas personas ( y eso es lo lamentable) no funciona correctamente algo tiene que tener para de alguna manera como por arte de hipnotismo tanta gente ve como normal todas estas tropelías y disparates que estamos viendo, lo digo muchas veces, ayer me halle en un comentario que me dejo totalmente convencido de lo que digo del virus de la ignorancia, inoculado de alguna manera, un trabajador muy buena gente comentaba muy preocupado que esto se nos va de las manos , que antes ibas al medico y te encontrabas personas de distintas edades y todas eran atendidas, pero hoy en dia vas al medico y te puedes morir, por que tienes delante a negros, rumanos, moros, chinos etc. La prioridad nacional la han instalado en el cerebro de la gente, como lo han hecho? de verdad que algo hay porque en este caso puedo asegurar que el que lo decía es muy buena persona, colaboradora, servicial y amigo de todo el mundo, pero como lo han echo? hay esta la cuestión.
Lo de zapatero ha sido un despiste sin importancia de unos regalillos de unas baratijas.
Me gustaMe gusta