Supongo que es verdad que el PSOE nunca ha apostado firmemente por la regeneración democrática, ni ha actuado con la dureza que se le esperaría contra corruptos y corruptores, puertas giratorias y demás lindezas, más allá de la estrategia del ‘y tú más’ (por cierto, ¡y tanto más!) y de dejar dormir la regulación sobre lobbies o grupos de interés, no se sabe si por miedo a que una sociedad, infinitamente más dura con los desmanes de la izquierda que con los de la derecha (no faltaría más), entendiera mal el hecho de poner negro sobre blanco las capacidades de unos o de otros de influir sobre las decisiones gubernamentales.
La sutil diferencia entre la capacidad de influir de los grupos de interés y el delito tipificado como tráfico de influencias y la falta de regulación expresa sobre el particular, incluso la ausencia de publicidad de eso que se dio en llamar la ‘huella normativa’ (cuyo objetivo principal sería que cualquier ciudadano pueda saber quién, cómo y cuándo influyó en la redacción de una norma antes de que se apruebe), dan pábulo a toda suerte de especulaciones sobre la legitimidad de determinadas reuniones que ahora se exhiben como pecados mortales (y tal vez lo sean) y emborronan el proceder de cualquier cargo público sobre el que se publique cualquier clase de contacto con cualquier clase de persona, mucho antes de establecer si el contacto fue legítimo, sin nada indigno se decidió en él o si las personas con las que se reunió tenían o no la capacidad de influir sobre él o sobre ella.
Llegaremos así hasta el mismísimo Montoro (ahora parece que soy yo el que entona el ‘y tú más, pero no es mi intención) cuyo grupo consultor elaboró al gusto de su muy exclusiva clientela normas que adquirieron la fuerza de la Ley de la mano del ministro. ¡De ley! Un asunto que se ventila bajo secreto de sumario y que sus señorías levantarán, seguro, a conveniencia, a juzgar por el decurso que las actuaciones judiciales vienen tomando desde que José María Aznar se desgañitara gritando aquello de que ‘el que pueda hacer, que haga’. Desde entonces, o desde que el PP controla la Sala Segunda por la puerta de atrás, según sus propias impresiones publicadas.
Los alarmantes casos de corrupción, que sirvieron a Pedro Sánchez para ganar una moción de censura y desalojar del poder al PP de Mariano Rajoy, ahora minan al Gobierno del PSOE, no consiguen sin embargo rebajar la confianza de la ciudadanía en la derecha y sí, drásticamente, en las instituciones gobernadas por la izquierda. Y por eso la derecha exhibe, como único oficio conocido, tanta basura como encuentra y la vocifera y la multiplica, haciendo de la hipérbole su arma política más sangrienta o, quizás, su única arma política.
Y, sin embargo, no viene de aquí.
La derecha se encuentra en la necesidad de desalojar al PSOE del poder desde el mismo momento en el que lo ocupa. Y exige elecciones anticipadas en la primera semana de su ejercicio legítimo. La tozudez de Feijóo mueve a risa: encuentra cada quince días un motivo inapelable para exigirlas, inventa motes y chascarrillos que funcionen bien entre los algoritmos que manejan las redes sociales: hasta comparan a PpuntoS con MpuntoRajoy (lo que al bueno de Rajoy le debe tocar bastante los cojones). Reinventan la Constitución echando a votos en el Congreso el mandato de la convocatoria anticipada de comicios, como si eso legitimara la estulticia de la que hacen gala, sin argumento legal que lo justifique y sin propuesta política que llevarse a la boca. Ello, pasando de puntillas sobre el asunto de la moción de censura (caros serían los votos de Junts y raro verlos junto a los de Vox), único medio realmente a su alcance para conseguir la alternancia de poder.
Y ahora rizamos el rizo de la iniquidad poniendo en juego la confianza de la ciudadanía en la misma limpieza del proceso electoral.
Hasta hoy, solo Trump y Bolsonaro se habían atrevido a caer tan bajo.
Antes de la herida (que sería bien profunda, por cierto) la derecha se pone la venda haciendo cundir la idea del pucherazo. Ya sabe, la ‘ley de nietos’: esa que el PP apoyó y glorificó pero que ahora intuye le sería desfavorable en el conteo electoral imaginando que personas no contaminadas por el vociferío al que PP y Vox nos tiene sometidos, voten libremente (no está escrito en la norma que el nieto o la nieta de las personas represaliadas por el franquismo deban votar al PSOE) y eso les perjudique. Pucherazo, ya ven.

Lo cierto es que el Partido Popular, incluyendo a su exponente teóricamente más centrado (Moreno Bonilla), se ha retratado ya en Extremadura, en Castilla y León, en Aragón, en Andalucía, aceptando las tesis más insólitas de la prioridad nacional o la ley del cigoto, incrustando en las instituciones, para gobernarlas, a lo más granado de las excrecencias del franquismo.
El mundo gira hacia el populismo de derecha inexorablemente. No importa buscar más ejemplos.
Es posible que también en España lo revolucionario sea lo ultraconservador (¡qué paradoja!) y que nuestros votantes más jóvenes abracen lo ‘antisistema’ y lo xenófobo que promueven Vox o Se Acabó la Fiesta y que el Partido Popular acepta e institucionaliza incorporándolo en sus acuerdos y en sus gobiernos.
Es posible que la sociedad juzgue insoportables los casos de corrupción que asoman por las costuras del PSOE.
Incluso es posible que haya quien al escuchar aquello de la ‘prioridad nacional’ se encoja de hombros y diga, ‘pues vale’.
Y, con todo, lo realmente difícil es aceptar que mientras el mundo se hace de derechas, este país nuestro mantenga un gobierno progresista.
Y eso debe ser porque enfrente no hay nada.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Enfrente no hay nada y a este lado casi nada queda ya y entre «nada» y «casi nada» la gente tendrá que elegir. Y si no hay nada a un lado y casi nada al otro, el espacio se llena con discursitos ridículos, apodos hirientes, frasecitas ocurrentes, insultos, acusaciones y ese montón de tonterías que rebosan las pantallas de nuestra rutina. Entre toda esa maraña de estupidez, intencionada o no, se colarán los peores propósitos, los más viles. Nos tocará formar parte de una de esas sociedades que, al menos algunos, tanto aborrecemos.
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Pues… sí.
Así parece que serán las cosas. Y se deberá a nuestros errores y solo a nuestros errores. Porque, verdaderamente, enfrente no hay nada.
Ahora no sé si hay tiempo de reaccionar, esa es la verdad. Pero solo ver que se intenta ya congraciaría con esta izquierda mía.
El tiempo no ha sido un buen consejero en este caso. Las tareas pendientes son demasiado graves.
Sigamos en ello… Tampoco hay otra opción.
GRACIAS, AMIGO. Fuerte abrazo.
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