Estamos en un mundo que ha perdido la vergüenza.
Lo digo en su acepción literal: el sentido del pudor. O, mejor, en dos de las ocho acepciones que recoge el Diccionario de la lengua española: como la turbación del ánimo por la falta cometida (aquí ya a nadie se le turba el ánimo por nada) y como la estimación de la propia honra o dignidad (valores estos por lo que no se cotiza desde la Edad Media).
Se ve que estamos en un tiempo en el que nadie tiene que responder ante sus hijas o ante sus padres de las cosas que hace y las personas nos venimos más arriba cuanto más absurdo es el propósito de nuestros actos.
Los obispos, como no tienen hijas y sus padres (los que los conserven) están tan orgullosos de ellos, pueden hacer lo que les viene en gana, igual que algunos jueces aunque estos sí que tengan hijas. De esta suerte nuestro Argüello, monseñor, ha soltado sin ruborizarse que “cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones” y, por si alguien no lo entendía bien, ha recalcado: “a los hechos me remito”. Su fuente de autoridad, San Agustín.
El pícaro obispo, nuestro Arguello, ha hecho trampas porque la frase de San Agustín en realidad reza «Sin la justicia, ¿qué son los Estados sino grandes bandas de ladrones?» Pero aquí sabía el pillín que se metía en terreno pantanoso: no está la justicia para mucha indirecta, que digamos. Y luego le ha dicho a Bolaños (que, claro, le ha contestado) poco más o menos que “el que se pica, ajos come”.

A nuestro Argüello, monseñor, no le gusta Pedro Sánchez, por lo que sea, y viene haciendo campaña por la derecha desde que se le conoce, también por lo que sea. Pero no pensemos por ello que monseñor, nuestro Argüello, olvida las cosas que verdaderamente importan. De hecho, está completamente comprometido con la causa de la beatificación de Isabel la Católica y, por lo que sea, viviendo con ansiedad el momento de elevar a los altares esa mezcla espirituosa de entre españolidad y santidad.
¿Cree que le da vergüenza?
¡Pero vamos a ver! Si no le da vergüenza a Donald Trump anular una tarjeta roja en un mundial de fútbol, ni a la FIFA (o a quién cojones le toque anular tarjetas rojas) que el presidente infantiloide y megalómano de un estado le mande anularla… ¿qué vergüenza le va a dar a nuestro monseñor elevar a los altares a Isabel la Católica?
Si Isabel Díaz Ayuso (no confundir isabeles: esta es la de Madrid) promueve una ley que iguala a los cigotos con las personas y hace que todo el Partido Popular se pliegue a ella ¿no podrá monseñor, nuestro Argüello, clamar (sin mencionarla) por la justicia y sugerir que agradarían mucho a Nuestro Señor unas elecciones anticipadas?
Si Moreno Bonilla venera de un día para otro las bondades de la “prioridad nacional” sin un asomo de vómito en la tez y permite que el secretario general de su partido (el abominable Miguel Ángel Tellado) ensucie (se cague en) el fabuloso trabajo conjunto de fuerzas estatales, autonómicas y locales (más de 500 efectivos por tierra y aire) en la tragedia de Los Gallardos (Almería) después de 12 muertos, 8 heridos, 23 desaparecidos, casi 1.500 desalojados y 6.600 hectáreas devastadas, aprovechando la catástrofe para denostar a Pedro Sánchez… Si Moreno Bonilla, decía, lo permite sin romperle el alma… ¿no podrá monseñor, nuestro monseñor, abundar en la gloriosa presencia de José María Aznar, “haciendo”, porque puede hacer?
El juez Peinado ha dicho que le retira el pasaporte a la mujer del presidente del Gobierno porque le parece peligroso el antecedente de Benedetto (Bettino) Craxi, que se fugó precisamente a Túnez en 1994. Craxi había dejado de ser primer ministro de Italia en 1987, pero en esto no cayó el juez Peinado. ¿Cree que siquiera se puso colorado?
Es por la cosa de la vergüenza perdida.
Pronto, monseñor Argüello, este monseñor tan nuestro, nos pedirá que roguemos por la salvación de nuestras almas y la sanación de nuestras enfermedades por la intercesión de Isabel la Católica. Sin descojonarse ni nada. Y habrá quién se lo tome en serio y todo porque después de haber limpiado la península Ibérica (que lo de España era mucho pedir para entonces) de moros y judíos, la reina católica necesita dos o tres milagros (más) para llegar a los altares y eso solo se logra con mucha oración. Mucha.
Temo yo ahora que tanto fervor se reparta con don Pelayo, otro gran echador de infieles, pero vayamos por orden que solo Dios sabe a qué dedicó el guerrero su tiempo entre campañas y no están probadas, como en el caso del rey Fernando, sus virtudes heroicas (críticas para la santidad), cuando sí damos por sentada la virtud de la reina Isabel de la que se dijo (valiente cerdada), no sé si con el suficiente rigor histórico, que no se cambiaba de camisa hasta que no llegaba su chico de vuelta a palacio entre batalla y batalla.
Es por la vergüenza perdida.
Una vez que la estimación de la propia dignidad cae en desuso es la sociedad y no el Estado (abundando en la tesis de San Agustín, sin contradecirla) la que se convierte en el espeso lodazal en el que las fuerzas ocultas que gobiernan el mundo y sus brazos armados de populismo fascista quieren convertir el planeta.
Y no se me ocurre de qué forma pelearlo. O si debo esperar a que monseñor Argüello alcance su objetivo y, beata ya Isabel la Católica, emprender una cruzada contra la gilipollez.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Nunca he entendido cómo la gente, sea mucha o poca, puede dejarse llevar, influir, por los alzacuellos. Sobre todo aquellos con autoridad demuestran cada vez que abren la boca lo lejos que están de sus supuestos cometidos. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
No me malinterprete nadie, por supuesto que entiendo a estas autoridades, tienen tantos intereses como cualquiera y los defienden igualmente y utilizarán tan males artes como cualquiera porque son como cualquiera y nada más. A quienes no entiendo es a quienes les siguen y soy consciente de que lleva ocurriendo desde los orígenes de la Humanidad. La ignorancia ha sido siempre el abono perfecto para este cultivo pero hoy día … con lo que sabemos …
Lo mejor es ignorarlos.
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Con lo que sabemos…
Debe ser verdad que la fe mueva montañas, porque de otro modo no se comprende.
Y, con todo, no se comprende que se permita a según quién decir según qué cosas. Esas barbaridades dichas desde el púlpito calan de forma brutal… molesta que las profieran, precisamente, los que viven de las putas paguitas que tanto les molesta que otros reciban.
Simplemente incomprensible. Pero, además, insoportable.
Gracias, amigo. Fuerte abrazo.
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Hablas de vergüenza y metes a la iglesia y a la derecha? No sabes que esas dos son una misma? Y también sabrás que tienen inmunidad para cualquier cosa los castigos que os impongan tanto unos como otros solo son para los ateos y todos aquellos contrarios a su religiones y políticas así que no te extrañes, que nos queda que ver mucho más.
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Eso me temo, sí… que nos queda por ver mucho más.
De todas maneras mi escándalo va en aumento y no pierdo la capacidad de asombro… Oír al Argüello ese haciéndole trampas a San Agustín me ha puesto de buen humor. No he podido evitarlo.
A lo mejor, solo a lo mejor, alguien más se ha dado cuenta y con esto pierde cinco adeptos… de cinco en cinco quién sabe si no volvemos a gobernar y, entre tanto, se disuelve como un azucarillo tanto fascismo y nos encontramos un día con una derecha que no de vergüenza ajena…
—te rogamos, óyenos.
Un abrazo enorme. GRACIAS
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