Dolor de Andalucía

No son solo las encuestas (que también).

En las calles de Andalucía no está pasando nada, convocadas las elecciones autonómicas, a pesar de que la ultraderecha española ha hecho el desembarco más significativo que se recuerda en período electoral.

La sospecha de que lo que suceda el próximo 19 de junio marcará el futuro de la política española parece dejar indiferente a muchos (¿a todos?), como si ya hubiéramos asumido que el día de mañana está escrito y poco se puede hacer para cambiar nada.

Elvira Lindo, en una brillante columna de El País, escribía el domingo pasado que los derechos no se conquistan para siempre. Lo hacía en el contexto de la que se prepara en Estados Unidos en relación con el derecho al aborto, que el Tribunal Supremo (una manada de jueces y juezas  ultra-conservadores puestos en modo “moral de los pueblos”) está dispuesto a liquidar en aquellos estados en los que está reconocido.

Y la sociedad española se aboca a comprobar hasta qué punto es cierto, subiendo los peldaños de la escalera que empezó a construirse en Castilla y León.

A la derecha, el PP andaluz pelea por gobernar en solitario a sabiendas de que no lo conseguirá y de que, dinamitado Ciudadanos, gobernar únicamente será posible con el soporte explícito de Vox.

Una señora muy de derechas, vestida de faralaes y sobreactuando mucho

Vox lo sabe y envía a la contienda a una actriz del método convencida de que el feminismo es el principio y el fin de todos los males de la humanidad, de que el aborto es una cochinada, el matrimonio igualitario una aberración y la violencia de género un invento de rojas medio putas creado para someter homus dormidus que tratan de dominar. Atención, porque Macarena Olona ha dicho en sede parlamentaria que el éxito profesional de la mujer conduce a la soledad y al ostracismo, prácticamente al suicidio, a la amargura. Y cambiará su apoyo al Gobierno de Andalucía por una vicepresidencia y cuatro consejerías, un pin parental, una ley del olvido y otra más, de violencia intrafamiliar, que consagre la hostia merecida como correctivo pacificador y sostén de la unidad de la familia, que es pilar de la comunidad, pesebre de los cachorros de ser humano que harán grande la patria. Esto sucede, recordemos, cuando pensábamos un arcaísmo aquello de “en la cocina y con la pata quebrá”.

A la izquierda no hay nada. El PSOE parece pelear por un tercer puesto aseado, rozando la insignificancia pero con votos suficientes para que la subvención electoral cubra los gastos de campaña.

La amalgama post Podemos (otrora digna Izquierda Unida) no ha sido capaz de llegar a un acuerdo para comparecer con un solo cartel en los comicios. Aviso para navegantes: no era cualquier ensayo; se estrenaba aquí la estrategia Díaz (Yolanda Díaz, no confundir con Susana) y el resultado ha sido descorazonador. Imposible cuadrar el número de delegados provinciales, asesores, consejerías, presidencias de órganos varios e institutos autonómicos, en una comunidad con ocho provincias a repartir y un enorme presupuesto que gestionar. Imposible.

El debate ideológico, obviamente, no está. Porque las ideologías, en los tiempos que corren, están muy superadas ya por el gran cuerpo electoral que componemos la ciudadanía.

Así que, trasladando el drama (en su acepción teatral) andaluz al panorama nacional, repetimos el esquema: una vicepresidencia o dos y cinco ministerios, un pin parental, una ley del olvido y otra de violencia intrafamiliar que consagre la hostia merecida como pilar de la comunidad, pesebre de los cachorros de ser humano que harán grande la patria. Además moriremos con dolor cuando Dios quiera, soportaremos a nuestros cónyuges hasta que la muerte nos separe (algo tendría que aliviar esa muerte), pagaremos por nuestros servicios médicos o educativos, nos ocuparemos cada uno de nuestros mayores podamos o no, fortificaremos nuestras fronteras y LGTBI serán las siglas de Ley, Grandeza, Tauromaquia, Bravura y justa Indignación, siendo que gays, lesbianas, bisexuales o intersexuales, se replegarán a sus armarios para salvar la integridad.

Porque los derechos no se alcanzan para siempre, porque leyes cambian leyes, porque en esta sociedad de la opulencia en la que nos producimos, hemos llegado a hilar tan fino que ya no discutimos sobre la necesidad de igualar el permiso de paternidad con el de maternidad, sino sobre el si dolor menstrual debe ser motivo o no de baja médica retribuida.

Y eso tenía que terminar mal.

¡Dios salve a la democracia!

(Por mucho que me tema que esta, ni Dios la salva.)

El dibujo es de mi hermana Maripepa.


4 respuestas a “Dolor de Andalucía

  1. De acuerdo en todo espero que esta premonicion tuya no se cumpla, por que estoy seguro que muchos, muchos vamos a perder parte de lo que con el trabajo de muchas mujeres y hombres se han conseguido, ya damos por echo que las mentes no estan bien y conseguiremos que santiago llegue montado en su caballo blanco espada en alto cortando cabezas, malos tiempos se nos avecinan, sera cuestion de ir mentalizandonos por que pinta mal la cosa, las proximas generaciones lo van a tener muy complicado.

    como dices que de esta no nos salva ni Dios, por lo menos que nos pille confesados.

    Buen domingo fresquito.

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    1. ¿No te parece increíble que hayamos asumido, tal cual, que Vox gobernará en España con el PP y estemos tan campantes?

      Tengo la impresión de que, tal como dices, a las generaciones que nos siguen les va a ir solo regular. Vienen a romperlo todo, y así lo cuentan sin ruborizarse. Y lo van a conseguir.

      Los nuevos revolucionarios son muy torpes: piensan que cualquier cosa que suceda será mejor que lo que hay. No se imaginan lo que en realidad está viniendo a suceder…

      Abrazo enorme, amigo

      GRACIAS

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  2. Dolor de Andalucía y de cualquiera al que le quede un chispazo de izquierda o un resto de rebeldía no triturada por la pandemia. Es imposible no notar esa sensación próxima al vómito que asciende desde el píloro escuchando a esa cunera babear tal retahíla de despropósitos sacados de un añoso manual de la Sección Femenina… Tufo a rancio que, de no cambiar las tornas, puede transformarse en una nube tóxica en expansión.

    A lo que se ha llegado. A lo que hemos llegado…

    Una guerra civil perdida, décadas de represión, de grises, de incienso y palos a las ideas… ¿para terminar así…? No me entra en la cabeza, compañero. Me niego a creer que podemos arribar a un punto sin retorno porque eso confirmaría que no hemos aprendido nada.

    Te leo y me acojonas. Pero, optimismo adelante y pese al runrún en el cerebro, me resisto. Todavía creo en la gente.

    Salud.

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    1. Sección Femenina, ranciedumbre, incienso, represión, grises…

      Tremendo terminar así.

      Seguramente han sido demasiados errores. Tantos que solo miramos ya hacia atrás. Y mirar al futuro no está en las agendas.

      El futuro ya no es nuestro. Pensábamos que sí, pero nos lo han quitado. Entro unos y otros (para qué echarle la culpa solo a una parte) se lo han llevado de la calle y lo han metido en cajas de oro en los despachos enmoquetados y en las salas de juntas, los salones de plenos, las comisiones interministeriales.

      Viene el lobo. Ahora sí que viene el lobo. Esos que en tu tierra bajan por las laderas y en las ciudades suben por los ascensores a los rascacielos.

      Creamos en la gente (me cuesta un poco), removamos lo que quede. A lo mejor no está todo arrasado.

      FORTÍSIMO ABRAZO

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