Tener a un jefe de la oposición idiota es algo a lo que los españoles ya nos hemos acostumbrado para mal. Y aquí seguimos. No pasa gran cosa. No importa glosar ahora las gestas del bueno de Feijóo que ya da más penita que risa (a pesar de que da mucha risa).
El flirteo de nuestro actual jefe de la oposición (o del partido que dirige —o no—) con la ultraderecha cómica que representa el partido franquista VOX, da noticia de la falta de asiento ético, o de la falta de moral política, o de la ausencia de principios éticos o políticos en el basamento ideológico del sujeto o de su partido. Baste recordar que garantizar el gobierno de Extremadura pasa por aprobar una ley para la discriminación del no español ante los servicios, ayudas o prestaciones públicas. Cómico. Inconstitucional, inmoral y, sobre todo, cómico.
Ahora, por lo de cómico, aunque no venga al caso, me acuerdo de Ignacio Garriga Vaz de Conceição (el negro de Vox… pffff), de Jorge Buxadé, o de aquél mítico vicepresidente de Castilla y León, Juan García Gallardo, que se tuvo que ir de allí de pura necedad. Casi se me olvida José María Figaredo… en fin.
Pero a lo que íbamos.
La ausencia de proyecto político y el solo armazón discursivo basado en explotar el descontento de grandes sectores de la sociedad con la vida que les ha tocado en suerte, no ha sido solo un pecado de la derecha española. Y el éxito del modelo ha cundido en el mundo. Ha cundido en Europa. Y no ha pasado porque sí. Resulta que da dinero. Resulta que da muchísimo dinero.
Y aquí vino el problema. Y es mundial. Porque magnates de armas o de tecnologías andan viviendo muy bien del cuento de clamar por esa suerte libertad que Milei, sin ir más lejos, representa, carajo, con una motosierra.
Donald Trump se echó en los brazos de Netanyahu para asolar Oriente Medio a cambio de vender las armas que lo arrasarían, después de secuestrar al presidente de un Gobierno (seguramente ilegítimo), asfixiar a uno o dos países, freír a aranceles al mundo y cagarse varias veces en el derecho internacional, en la OTAN y en la ONU. No era por la libertad, creo. Era por el petróleo.
Y puede que este haya sido el detonante del fin de la impunidad de mentirosos, magnates de la tecnología y vendedores de armas y de humos patrios porque, de repente, se han pasado de moda. Tanto, que hasta Giorgia Meloni (mucho más lista de lo que aparentaba) se ha escabullido del abrazo del oso americano y se ha unido a León XIV (o XVI, que no sé bien por qué cardinal van los papas León) y a Pedro Sánchez en la defensa del orden internacional conculcado con la guerra ilegal que se mantiene impunemente contra Irán.

Tanto, que los fastos que le han dedicado la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid a la opositora Corina Machado (esta que le regaló a Trump la estampita y la medalla del Nobel de la Paz con todo merecimiento aunque le sirvió de nada) solo han servido para el solaz del enorme puñado de venezolanos que se congregó ante la Real Casa del Correo de Madrid para vitorear el galardón que la presidenta de la Comunidad le otorgaba. Para eso y para reírse un rato de guardias, bedeles y maceros ataviados de gran gala a las puertas del consistorio de la capital para re-galardonar a la que pudo haber sido vicepresidenta de su país. Cómico.
(Permítame que me descojone porque estos venezolanos residentes en España, muchos protegidos por el estatus de refugiado político y muchos de los cuales se verán beneficiados ahora por la regularización que ofrece a medio millón de ellos el Gobierno progresista, rogaban a gritos a Trump hace unas semanas que secuestrara también a Pedro Sánchez y los librara de él, en la seguridad de que Feijóo y Abascal, juntos, les arreglarían la vida aquí en España).
Se pasaron de frenada.
Cuando un mandatario de rango mundial amenaza con aniquilar una civilización en una noche, las civilizaciones fruncen el ceño y se preguntan ¿tendrá cojones? Y, como la respuesta es, sí, las civilizaciones se apartan un poco del discurso que hasta aquí habían comprado sin reparar mucho en él y comienzan a mirar hacia el lado correcto del pensamiento. O, al menos, a buscarlo.
Se han celebrado en Barcelona ayer y antes de ayer dos actos de una trascendencia que aún no está medida. Uno, la cumbre Global Progressive Mobilisation, en la que este sábado han participado el presidente del Gobierno de España, el presidente de Brasil, la presidenta de México, el gobernador del Estado de Minnesota o la presidenta de Barbados. Unos cinco mil representantes de la izquierda del mundo.
El otro, la IV Reunión en Defensa de la Democracia, con la asistencia de mandatarios de más de 25 países comprometidos con la democracia, el orden internacional, el progreso, el feminismo, el medio ambiente…
Algo se mueve en la izquierda del mundo. Lo sé porque Isabel Díaz Ayuso, en su vasta indigencia intelectual, ha confrontado su foto con María Corina, la foto de la libertad, con la reunión de narco-estados celebrada por Pedro Sánchez en Barcelona. Cómico. Languidecen.
Se pasaron de moda.
El dibujo es de mi hermana Maripepa
Que el líder de la oposición es idiota, lo sabíamos, que se lo va a comer Abascal también lo sabemos, pero que solución tenemos para evitar que chupa sangres vividores del cuento como Santiago Abascal sigan creciendo? no se pero esto pinta muy mal vamos a estar siempre en manos de la minoría, cobrando un canon grandísimo por su apoyo, ¿no podemos dar ideas a los señores y señoras pensantes ( en pensantes no me refiero a la señora Yolanda que si piensa pero para ella) por que no me gusta como caza la perrilla, esperemos terminemos cuanto antes con la locura de Trump y empecemos hacer limpieza en nuestro país, QUE VAMOS MUY MAL.
Buen domingo
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Abascal se ha posicionado muy mal al lado de Trump y eso le va a costar muy caro. A la gente no le gusta la forma en la que Netanyahu, Trump y Putin se quieren hacer con el mundo…. y a Abascal parece que sí.
Es verdad que las minorías hacen pagar un canon muy caro al Estado, pero no está todo el pescado vendido.
La ola inmensa del fascismo está en retirada. Y la izquierda va a empezar a tomar posiciones… en el mundo.
Se invierte la tendencia.
O a lo mejor estoy soñando.
GRACIAS, AMIGO
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